jueves, 14 de agosto de 2008

Por el Turia a la Albufera

“¿Es que alguien ha pronunciado el nombre de Valencia? / Amigos míos: deteneos conmigo y / hablemos de ella / pues su recuerdo es como el frescor del agua / en las entrañas ardientes / porque en ella el sol juguetea / con el río y la Albufera”.
al-Rusafi
En la mañana de hoy, nos hemos dado un baño espectacular por algunos de los iconos de la cultura Valenciana, hemos buceado por algunos de los lugares más típicos de nuestra querida Valencia, desde su río, que la hace capital, hasta su más preciada y peculiar característica geográfica como es La Albufera, desde los naranjos de l´horta hasta los arrozales de Valencia, de la frondosa vegetación de la ribera del río, al bosque de la dehesa del Saler, de la más moderna de las ciudades a la más tradicional pedanía/alquería de la marjal, desde las playas llenas de turistas dorando su cuerpo al sol mediterráneo, a los labradores hundidos hasta las rodillas en el lodo del cual crecerá la cosecha, y por todos estos lugares, nos topamos con una innumerable variedad de aves vigilando nuestro paso desde el cielo, o en ocasiones con su vuelo rasante, como el de las gaviotas al seguir las barcas de pesca; o como el majestuoso y pausado vuelo de las magnificas garzas reales, llenando el cielo al desplegar sus alas, patos que alzaban su vuelo alborotado a nuestro paso silencioso por los caminos entre inmensos arrozales. Nuestras pupilas se han llenado hoy de bellas estampas valencianas dignas del mejor Sorolla, imágenes que a buen seguro guardaremos durante mucho tiempo en nuestras mentes.
Pero como siempre, vamos por partes.
La primera ruta que teníamos prevista por la Albufera era una ruta perimetral, más tarde decidimos que no estaría de más hacer un homenaje a nuestra antigua ruta de la Malvarrosa y buscar una aproximación hacia el Saler y por consiguiente a la Albufera, la dificultad estribaba en los más de 80 kilómetros de recorrido que saldrían de tal aventura. Teníamos localizado un carril bici desde la ciudad de las artes y las ciencias que llegaba hasta el Saler, y una vez allí, por dentro del parque natural, existen infinidad de caminos para recorrer esta excepcional zona natural de incalculable valor tanto medioambiental como paisajístico, que es el autentico pulmón de Valencia. La distancia a recorrer nos aconsejaba una media de entre 18-20km/h., el hecho de circular por terreno llano nos tendría que facilitar la labor, pero aún así los kilómetros había que pedalearlos todos.
A las 08.30 de la mañana con puntualidad meridiana nos ponemos hoy en marcha por el camino de antaño tantas veces recorrido y que nos va mostrando poco a poco los cambios en la fisonomía de las ciudades. Un nuevo edificio aquí, un parque allá, en fin, las bicicletas a estas alturas comienzan a preguntarse donde narices las estamos metiendo que aún no han tenido que comerse ningún bache o rodera; pensamos que de un momento a otro se van a declarar en huelga.



Cruzamos el río en Quart por el pont de Catxó para internarnos en las huertas de Paterna, poco después llegamos al parque de bomberos de Campanar para comprobar como una obra en la carretera nos impide el paso y nos hace volver atrás para bajar hasta el viejo azud del Turia, tras cruzarlo llegamos al parque de Cabecera y desde ahí seguimos el viejo cauce hasta la Ciudad de las Artes y de las Ciencias donde saldremos del río para buscar el carril bici que nos llevará hasta la orilla de la playa de Pinedo.
Es este tramo el peor de la ruta, ya que discurre paralelo a la autopista de el Saler, el ruido del tránsito y la velocidad a la que pasan junto a nosotros nos hace temer que algún vehículo se pueda salir de la carretera, por si esto no fuera suficiente a nuestra izquierda surge una acequia con unas ¿aguas? de un color indeterminado, lo que para nada es indefinido es el tufo que desprende, si en algún momento no es de la acequia es de la depuradora junto al plan sur, pues inexorablemente nos vamos acercando a ella siempre paralelos a la CV 500. Cruzamos la vía del tren por una elevada pasarela que se nos asemeja a un puerto de 1ª por sus pronunciadas pendientes y nos adentramos en la zona del ZAL del puerto de Valencia próxima al polígono industrial de Nazaret, la estampa es desoladora, una zona de aspecto feo, sucio y triste que recuerda una zona industrial de épocas pasadas que contrasta de forma brutal con los edificios modernistas y limpios que acabamos de dejar atrás.
Nosotros, que sin ser unos grandes defensores de la edificación y de construcciones por doquier, no podemos por menos que reivindicar lo “bello”, nuevo, limpio y ordenado frente a este caos post industrial que da ganas de llorar. Lo mejor de esta zona, la pequeña parroquia de la Concepción que emerge como un oasis en medio de este arruinado paisaje.
Estamos cerca del club náutico de Valencia y por ende de la depuradora, ganas tenemos de cruzar al otro lado del cauce para llegar a la playa y cambiar de aires. Estos nos reciben con el frescor de la brisa marina y un penetrante olor a salitre. A estas horas ya comienza a haber un gran número de personas que vienen a disfrutar de un fantástico día de playa. Y aquí comienza el espectáculo, primero con las gaviotas detrás de las barcas, centenares de ellas revoloteando a ver que pueden pescar. Luego las dunas que van reteniendo a una flora cada vez más creciente para albergar la fauna que a buen seguro hay en la zona, hemos podido ver a nuestro paso conejos y algunas culebras que serpenteaban el camino.


El carril bici está casi inutilizado en algunos tramos por la cantidad de arena que en él se acumula arrastrada por el viento marino o bien por las plantas que crecen cerca y lo invaden, la falta de mantenimiento es obvia, cuestión que nos obliga a dejarlo y transitar por el paseo, esto por no hablar de la ambulancia de la cruz roja o de los quads de la policía local que aparcan sus vehículos como no, en el carril bici, que la gente aparque en el carril bici nos parece mal, pero que tanto las autoridades como los profesionales de la cruz roja, que se supone deberían fomentar el uso de este carril lo hagan es otra cosa, pero en fin, así están las cosas.

Nos acercamos a la zona polideportiva de el Saler y a partir de ahí, ya entramos en la Dehesa. Los árboles y el Llentiscle comienza a formar un estrecho pasadizo por el que nos adentramos en esta zona, también existen anchas pistas por las que circular, pero estas las tomaremos al regreso para hacerlo más cómodo y rápido, ahora queremos impregnarnos de vegetación, de olores a tierra húmeda y de sombras bajo pinos y arbustos impenetrables. Hemos pasado junto al itinerario de los sentidos y sin seguir exactamente el mismo recorrido ya hemos alucinado en colores. En ocasiones las ruedas se quedarán frenadas en las duna de arena, otras veces rodaremos por un camino hecho de traviesas de viejas vías de tren, curvearemos por angostos pasillos vegetales que nos harán perder de vista al compañero que llevamos delante si dejamos más de tres metros de distancia, sencillamente impresionante.


Llegaremos a las urbanizaciones terroristas….digo; terroríficas; verdaderas aberraciones urbanísticas acometidas tiempos a sobre este paraje natural (ver este enlace):
(http://www.albufera.com/portal/modules.php?name=Content&pa=showpage&pid=6).
Después de pasar las edificaciones nos dirigimos hacia la gola de Pujol, que es la principal desembocadura de la Albufera al mar.


Nos acercamos a ver el Estany de la Dehesa. Un breve descanso para admirar la belleza del lugar que destila paz por cada uno de sus rincones y volvemos unos metros atrás para adentrarnos junto a la gola y recorrer el itinerario histórico de el Pujol. Continuaremos por el itinerario botánico y nos incorporaremos esta vez sí a la pista o camí vell de la dehesa que nos llevará a la carretera del Perellonet, justo antes de llegar al campo de golf y al parador nacional. Otro enlace interesante con los diversos recorridos por la zona:
http://www.albufera.info/servicios/descargas/itinerarisdevesa.pdf
Con suma precaución circularemos metidos en el arcén (bastante amplio y con buen firme) por espacio de unos 2 kilómetros, cruzaremos la gola del Perellonet y llegaremos hasta la rotonda, viramos a la derecha para meternos de lleno en los extensos arrozales de la marjal. Rodaremos por este laberinto de caminos entre las aguas comprobando que en ocasiones estamos según el GPS por debajo del nivel del mar. ( a -2 mts). Las aves aquí son las dueñas del paisaje, con el permiso del arroz que, lento, va creciendo para ir tapando la inmensa superficie de agua sobre la que se asienta y enraíza. Es todo un espectáculo observar como se suceden de manera interminable los campos de arroz cubriendo el paisaje de verde hasta el horizonte. También lo es ver como levantan el vuelo las garzas, con sus largas patas andan sobre las aguas buscando cangrejos que atrapan con su largo pico para luego desplegar de ese pequeño cuerpo unas descomunales alas con una elegancia y majestuosidad dignas de la realeza a la que pertenece su especie. Nos acercamos a una hermosa masía que se eleva fundida entre arrozales y cuyas alegorías en típica cerámica valenciana a modo de placas de calle nos llaman la atención (¿será por que somos maniseros y llevamos la cerámica en la sangre? ; va a ser que sí), pero entre todas, una de ellas lo dice todo “ Valencià i home de bé”, así de simple, casi ná.

Llegaremos hasta la pedanía de el Palmar para dejarlo momentáneamente atrás y dirigirnos hacia la orilla de la albufera propiamente dicha. Para llegar hasta aquí habremos marcado otro récord de distancia “en línea recta” desde la base, 26,88 kilómetros, pero este no será el único récord que marquemos hoy.
La inmensa superficie de la Albufera sirve de corredor al viento de levante que sin obstáculos que lo frenen, mantiene una constancia considerable rizando la superficie del lago, al otro lado las montañas se nos muestran desafiantes por ver si somos capaces de distinguirlas. En este primer intento nos han vencido, estamos más despistados que una cabra en un garaje. Volveremos sobre nuestra marca hasta El Palmar, donde un buen bocata y unas buenas birritas nos servirán de avituallamiento mientras descansamos las piernas alrededor de una buena conversación con los amigos. Ya estamos listos para la vuelta.

Esta vez cogeremos la carretera que va hacia el Saler para ahorrar unos kilómetros y así no tener que regresar hasta el Perellonet, por lo que animados por el poco tráfico que hay nos lanzamos a una loca carrera por acabar cuanto antes este terreno del que no somos muy amigos.
Una vez en al carretera de el Saler cogeremos el primer camino que entre nuevamente hacia la dehesa y de esta manera, volver a nuestro terreno. Estamos en el camino del lago, una vez en él no tenemos más que seguir el track en dirección inversa para no perdernos. Aunque en honor a la verdad, esta vez volveremos por las pistas forestales y no por dentro del monte, pero iremos paralelos al track de ida. Es en este terreno donde encontramos los restos de las últimas lluvias, que otra semana más nos dan una tregua para nuestra salida semanal, sin haber dejado grandes charcos nos dejan algunos espejos de agua, suficiente para reflejar un pedacito de la belleza sutil y deliciosa de este paraje que tan gratamente nos ha sorprendido.

Volvemos pensando en la próxima vez que vengamos aquí pues estamos dispuestos a repetir la experiencia, sobre todo por que al rodar sin mochilas no hemos cogido la cámara, cuestión que tal vez haya sido lo mejor, por que de no ser así el horario previsto se hubiese disparado, pero Salva amenaza con volver y a la otra será con la digital. A estas alturas ya no nos importa tener que pasar por el tramo feo y maloliente de antes, las sensaciones tan intensamente vividas nos han compensado sobremanera y nos han dado un puntito extra para poder superar este escollo, después de todo ha merecido la pena hasta el pasar por allí. Seguimos rodando a buen ritmo, como en toda la jornada ya que la media prevista teníamos que mantenerla para no demorar en demasía el regreso. Los kilómetros acumulados en nuestras piernas en las innumerables montañas subidas en todas nuestras rutas nos permiten tener la potencia necesaria para rodar en terreno llano a buen ritmo. De todas formas la dilatada distancia de la ruta, unido a la altísima velocidad hace que en algunos momentos necesitemos un respiro. Ya vamos echando cuentas para comprobar que nos vamos a meter entre pecho y espalda nada menos que 88 kilómetros a una media final de 19,8km/h. no esta mal amigos.
Las pequeñas subidas que otrora nos parecían el “Tourmalet” casi no nos obligan ahora ni a cambiar de desarrollo, evidentemente no podemos más que dibujar una sonrisa en nuestros labios y disfrutar del momento. Llegamos a la base con las pertinentes felicitaciones después de más de 6 horas de intenso pedaleo y la satisfacción de otras tantas de intensísimo deleite. En definitiva, la dehesa de el Saler es uno de esos lugares que hay que conocer sí o sí, parece mentira que tan solo a 10 kilómetros de la capital tengamos este rincón de singular belleza tan desconocido para la mayoría de nosotros.
Para muchos amantes de la bicicleta de montaña este paraje carece de aliciente en la medida que carece de montaña, craso error, alguna rampa o subida tan solo sería el remate del tomate, pero lo realmente bello está en su interior, en la infinidad de recovecos esperando a ser descubiertos por nosotros, para disfrutarlos cada uno a nuestra manera. Os animamos a descubrir un autentico privilegio natural de los Valencianos, a respetarlo, a mimarlo y a cuidarlo con esmero para disfrute de los valencianos y de todos aquellos que se acerquen a nuestras tierras por muchos años más.




Nota: Todas las fotos que aparecen en esta crónica han sido tomadas de Google Earth.

martes, 29 de julio de 2008

Travesía por la Calderona. Del Pla de Lluc a Tristany (Adenda Primavera 2008)

"Otro de esos días en la Sierra,

en el transcurso de los cuales

tengo la impresión de disolverme y de ser absorbido,

para después palpitando,

ser enviado no se bien hacia dónde."

John Muir


Perfecto. Ese sería el titular de nuestra adenda a la anterior travesía en la Sierra Calderona.


Lo podríamos dejar así y ya está, como titular y resumen está bien pero entonces nos perderíamos los detalles, y como no queremos eso pues allá vamos.
La climatología adversa de las últimas semanas nos da tregua un sábado más, después de chafarnos el único fin de semana que no queríamos perdernos (el de Fredes) nos sigue respetando, al menos hasta llegar a la base, como la semana pasada (que vino la tormenta persiguiéndonos desde Riba Roja y nos dio tiempo justo de entrar en casa), hoy no nos ha amenazado lluvia pero se iba complicando el cielo a marchas forzadas. Las intensas lluvias caídas en Manises esta noche no deben de haber sido tan intensas en la Calderona, pues los caminos estaban magníficos para rodar, ni un gramo de barro y apenas 4 charcos en todo el camino, eso si, la montaña rezumaba agua por los 4 costados y la vegetación empapada del agua caída en los últimos días se mostraba rabiosamente exuberante, avasallándonos con su abrumador despliegue de color y mostrándonos una gama de verdes tan amplia e intensa que empequeñecía todo lo que habíamos visto hasta el momento en otras rutas.



La limpieza del aire pues, no distorsionaba la pureza de los colores, que competían por mostrarse más intensos que los mismos aromas que, la humedad multiplica en esta primavera que va cumpliendo su etapa con una disciplina ya hace tiempo olvidada. Nos acompaña por un buen rato el rumor del agua corriente abajo por los barrancos, alejándose de nosotros mientras canta en la rompiente de las rocas y saltos que la precipitan montaña abajo.

Nosotros proseguimos nuestra subida entre las sombras que nos ofrece el camino metido en lo más profundo del valle y rodeado de arboles, tan grande es la variedad de especies que cuesta enumerarlos. Conforme ganamos altura hacemos alguna parada para admirar el paisaje, la limpieza del aire nos permite ver con toda claridad las montañas más lejanas, allá por la serra de Aitana entre otras.




No queríamos hacer hoy muchas paradas fotográficas pues la ruta ya la tenemos documentada, pero la claridad y limpieza del día nos obliga a cada momento a ir parando. No nos arrepentimos en absoluto pues merece la pena cada parada. El contraste de la montaña abrazándose con el cielo nos deja una estampa de postal que oportunamente capturamos para el recuerdo. Es tan nítida la separación entre el verde y el azul que más que un abrazo parece un choque perfectamente definido, una línea trazada a cuchillo y rellenada con abundancia de color, intenso en el caso del verde de la vegetación, mezclado con el rojo de la montaña, refulgente en el caso del azul celeste, hoy no se difumina a blanco llevado por la bruma, hoy permanece intenso, vivo, inmenso.


Ante este despliegue de poderío de los elementos parece que el camino es lo de menos, la dureza de la ruta y el desgaste a que nos está sometiendo la subida es tremendo, hasta Tristán serán tan solo 12 km. pero de constante subida, tan solo un par de rampas muy duras, pero la constancia del desnivel pasa factura, tanto física como mentalmente. Nos adelantan algunos bikers que veremos ya en Tristán, ellos por lo visto no se paran a admirar el paisaje, y es que llegar hoy hasta aquí y no deleitarse en la naturaleza que nos envuelve es un delito contra el buen gusto, pero como hay gente para todo, pues ya se sabe. Al llegar a destino tomaremos un pequeño camino junto a la Masía, a la izquierda que nos llevara tras unos 400m a lo alto de la montaña y nos dejará unas impresionantes vistas de las últimas montañas de la Calderona fundiéndose con el valle del Turia y volviendo a remontar en la comarca de los Serranos.

Lastima no poder disfrutar mucho más de estas vistas pero el viento aquí en lo alto es algo fresquito y la sudada que llevamos nos desaconseja quedarnos mucho rato, hacemos unas fotos y buscamos un buen lugar para almorzar. Estamos en la parte de las montañas fronterizas entre Valencia y Castellón, en el término municipal de Segorbe, a poco que ganemos altura también veremos la serra de Espadan, es por ello que la visita de la Calderona nos proporciona siempre espectaculares vistas panorámicas.




Ya solo nos queda la bajada. Esta será técnica por el estado del terreno, nos encontraremos con alguna rodera que nos templará los nervios y nos dejará con el pensamiento: "me la pego, me la pego". Curvas casi imposibles de 180º unidas a la velocidad de la bajada nos darán ese punto de emoción solo estropeado por el roce constante de los frenos y el consiguiente disgusto, tanto por el ruido como por ir frenado todo el rato, amén de la perdida de seguridad que nos produce.

Una jornada tan intensa con nuestro amigo Stendhal nos ha llevado a trabar una relación tan estrecha que ya lo tuteamos así que a partir de ahora será "Joe", nos despedimos por hoy emplazandolo a quedar en la siguiente ruta.
Hacíamos referencia a la ubicación del Mas de Tristan en Segorbe, realmente muy cerca de Gátova, e aquí un enlace interesante para saber por donde nos movemos; podemos buscar un municipio y ver sobre Google Earth demilitado su término municipal, un juguetito que sin duda nos ayudará a orientarnos y de paso nos proporcionará unos buenos momentos de juego.
http://www.aitorgaston.com/tm.php


De Manises a la Ermita del Castillo (Chiva)

"Las montañas ayudan a los hombres
a despertar los sueños en ellos dormidos"
Gaston Rébuffat

Pues seguimos con nuestra manía de descubrir rutas nuevas. Esta nos lleva en el la mañana de hoy desde nuestra base en Manises hasta Chiva, nada menos que 38 kilómetros de ida que con la vuelta, se convertirían en los nada despreciables 76. Admitamos que en el regreso hicimos un pequeño cambio de planes y recortamos al final solo 4 del total de la ruta. La semana pasada en lo alto de la Serra Perenxisa, hablábamos que las principales cumbres más cercanas ya las teníamos todas coronadas, entonces caímos en la cuenta de que nos faltaba el alto de la Virgen del Castillo en Chiva. Nos quedaba pues la inquietud de que tal vez fuese demasiado recorrido como para afrontarlo desde la base, de ser así lo haríamos desde otro punto con el remolque, pero una vez analizada detenidamente la ruta y a pesar de que los kilómetros no iban a ser moco de pavo, nos decidimos a hincarle el diente “con un par” desde Manises, debido a que las subidas, exceptuando la principal no iban a ser muchas. Seguimos siendo hoy tres los jinetes una semana más al salir al filo de las 09.00. El tiempo amenaza con regarnos el camino si nos retrasamos mucho, pero a estas horas las nubes no son una amenaza, eso si, nos tapan el sol que a esta hora siempre se agradece, el viento casi huracanado de ayer ha pasado de largo y no nos molestará demasiado en todo el día. Otra vez en dirección a la Muntayeta, pasamos la baseta blanca y seguimos recto para enlazar con el camino de Cheste allá por el camino del tiro al blanco, continuamos hacia los toboganes donde nos encontramos con un gran charco de agua debido a la rotura de una tubería, hacemos el último tobogán recordando los viejos tiempos cuando nos parecía lo más de lo más; hoy nos ha parecido un pequeño juguete. De aquí a la carretera de Cheste sin incidentes, una vez allí nos desviamos a la izquierda iniciando la parte nueva de la ruta, un poco más adelante cruzamos la carretera y comenzamos un zig zag que se nos hace interminable entre los campos de secano y con algunas viñas muy bien cuidadas que nos dejan alguna pincelada digna de recordar y así lo hacemos con unas instantáneas a la para que aprovechamos para aliviar nuestros resecos gaznates.


Un poco más adelante nos encontraremos con el obstáculo de la jornada; un camino que estaba en los mapas, que nos muestra claro el GPS y por el cual fue trazada la ruta y que sobre el terreno no aparece. Hacemos una búsqueda por los caminos cercanos y nada... así que nos disponemos a cruzar la viña por la parte más externa y pegados al margen con sumo cuidado para no estropear nada, sentimos tener que hacer esto pero no tenemos más alternativas ya que el camino a continuar está detrás de este campo. Conseguido. Continuamos en dirección a Cheste aunque estamos más cerca de Chiva. Pasamos junto a un almacén donde una enorme montaña de algarrobas nos recibe ya de lejos con su olor dulzón, nuestro fotógrafo no vacila ante lo inusual de la panorámica.

La rodeamos para entrar por un caminito a la izquierda que nos lleva a las puertas de un campo de naranjos; otra vez el mismo problema de antes, aquí el camino entra por dentro del campo, las puertas están abiertas (más bien parece que hace años que no se pueden cerrar) y la cerca está más rota que entera, otra vez nos cruzamos el campo para llegar a la carretera que nos sacará del pueblo en dirección a Chiva, poco después cruzaremos el Barranco Grande y al poco la Vía del tren por un paso a nivel sin barrera, motivo más que de sobra para echar mano de la prudencia pues a parte de estar en juego nuestra seguridad estamos poniendo a prueba a todo el colectivo biker (ya se sabe que lo que un biker hace mal " lo hacen todos los bikers", esta prudencia y modo de comportamiento cívico lo pedimos en todo momento, nosotros por nuestra parte tratamos siempre de cumplirlo). Poco después descendemos para cruzar el barranco de la cueva morica, y al salir de él estamos junto al cementerio de Chiva, que nos conduce hacia el interior del pueblo pasando junto a la iglesia de San Juan Bautista del siglo XVIII y por la fuente de los chorros con su gran balsa.


Desde aquí cruzaremos todo el pueblo para encaminarnos hacia la antigua N-III, la cruzaremos visualizando justo enfrente nuestro destino. Por fin comienza la subida. Vamos rodando entre chalets casi hasta arriba, la pendiente no es demasiado dura pero los kilómetros acumulados en las piernas a estas alturas de la jornada no perdonan y la rampa se va endureciendo a cada metro que pasa, hemos ido por el trazado más largo para intentar suavizar la subida, lo podíamos haber hecho por el vía crucis, que lo hace más corto pero más empinado, pero hemos dejado este tramo para la bajada.

La llegada arriba se hace acompañada de unas vistas excelentes. Nos cuesta un poco ubicarnos pues las últimas curvas nos han hecho perder la orientación. Esta vuelve enseguida y rápidamente reconocemos frente a nosotros La Rodana junto a sus hermanas pequeñas, La Muntanyeta, San Miquel y la Montieleta y por detrás de ellas, como colofón toda la Serra Calderona; a nuestra derecha la última cumbre superada, Cumbres de Calicanto, por detrás de ella la Serra Gallinera. Y Valencia y el mar en el valle formado por estas dos cadenas montañosas.




Sentados en la puerta de la ermita para protegernos del viento nos preparamos para almorzar con el sedante espectáculo que supone admirar nuestras queridas montañas, este placentero momento solo se ve roto por el constante ruido procedente de la autovía de Madrid que pasa muy cerca del pueblo. Rememoramos la victoria del Valencia en la copa del Rey (antes ya les hice el pasillo) mientras se acerca la hora del café. Una vez terminado nos ponemos a hacer fotos como locos junto al Vértice Geodésico que marca la cota de los 367 metros de altitud y no nos deja indiferentes la barbarie y vandalismo de que hacen gala algunos energúmenos, la zona está llena de cristales rotos y también de lo que parecen restos plásticos de algún componente pirotécnico, así como el deterioro de las placas informativas junto a la ermita. Entre exabruptos e intentos de comprender lo incomprensible (por más que intentamos ponernos en el lugar de esta gentuza para saber por qué hacen lo que hacen no podemos entenderlo, nos gustan tanto los espacios naturales y los lugares interesantes que nos pone de mal humor ver la dejadez y la mala educación de demasiada gente), nos ponemos manos a la obra de plantar nuestra bandera ecológica.

Ya nos disponemos a bajar y preparamos el vídeo. La bajada es corta pero intensa y alcanzamos los 50km/h., el camino que termina justo en la carretera nos hace frenar mucho antes de lo que normalmente lo hacemos pues un camión de gran tonelaje que acaba de pasar nos despierta la neurona de la prudencia un segundo antes de lo habitual. En el camino de vuelta estamos determinados a recortar distancia, así que nos disponemos a hacer lo que no nos gusta hacer; ir por carretera. Pero maticemos: las carreteras por las que vamos a transitar las conocemos y casi no tienen tráfico, lo peor será cruzar Chiva y luego Cheste por la circunvalación, pero con cuidado y sentido común y como no, prudencia, no habrá problema. Por otra parte tenemos de nuestro lado la hora, son más de la una y el tráfico por esas carreteras casi vecinales es todavía más escaso. Así que cuando nos venimos a dar cuenta hemos dejado Cheste atrás y circulamos por la carretera de Loriguilla con un poco de viento casi favorable que nos hace rodar a casi 50km/h. Uf, si tuviéramos ahora una flaca... nos desviamos casi en el km 4 hacia la izquierda para entrar en el camino de los toboganes (Cheste- Riba Roja) y entrar así nuevamente en territorio conocido. Ahora llegaremos hasta Riba Roja y pasaremos por Masía de Traver para ir junto al río y deleitarnos con el baño de primavera con que nos recibe la inmensa arboleda teñida de un verde rabioso.


Algunas fotos después continuamos camino junto al Turia por la zona abierta del parque, los árboles, semanas atrás desnudos se visten ahora de color, verde, claro. Distintos tonos según el tipo de árbol, distintos tamaños de hoja, distintas formas y distintas texturas para decirnos de forma inequívoca que la primavera a llegado a cada rincón del nuevo parque y, que tal como preveíamos esto es una autentica maravilla, si algún pero hay que ponerle al esto es que las cañas que arrasaron están volviendo a crecer con una fuerza y rapidez tal que nos tememos que vuelvan a invadir los caminos, veremos que soluciones se ponen a esto.



Una vez pasada La Presa y el merendero donde nace la acequia de Moncada hemos subido hacia arriba en lugar de cruzar el puente. La subida bajo el by-pass que tantos problemas nos presentaba en el pasado han quedado allí definitivamente, incluso en días como hoy que el firme está un poco deteriorado por el paso de motos y caballos, la subida no ha podido con nosotros. Ya enfilamos los últimos tramos de la jornada pensando en los momentos vividos y sacando como es habitual los mejores momentos de cada ruta, los malos nos durarán unos pocos días, pero con el tiempo solo serán un recuerdo en el blog, porque como dice Salva, incluso las peores dan ganas de volver a pedalearlas.