sábado, 31 de octubre de 2009

Y cayó otra cumbre…. la de los 50

“No busques al amigo para matar las horas, sino búscale con horas para vivir.”
Khalil Gibran

50 años no es nada. Parece el título de un bolero, pero no, es el titulo de esta crónica un tanto especial. ¿Y que tiene de especial? Pues mucho. Nada menos que son los años que carga a sus espaldas el decano del grupo, y eso merece por lo menos, una crónica “ad-hoc”, una de esas crónicas sentimentaloides y sensibleras para ojear de cuando en cuando y recordar a los amigos de fatigas.
Queríamos haberle regalado para el sábado la ruta de la próxima semana (climatología mediante), por los alrededores de la muela de Cortes, pero la segura tardanza en llegar a casa y dado que esa noche había “celebration”, obligaba a un cambio de planes y aplazar otra semana la tan esperada ruta de Cortes. Así que nos lo llevamos, como no podía ser de otra manera, a cumplir con la reina. La Rodana nos esperaba con los brazos abiertos, bueno casi. La última estación se quedó esperándonos y esta vez amenazaba con meter rampa de lo lindo, pero siendo el día que era se portó bastante bien. Las bromas se sucedieron a lo largo de toda la semana, con el cruce de declaraciones e intenciones sobre la carga que estaba a punto de soportar sin posibilidad de vuelta atrás ni arrepentimientos. Las dudas sobre la capacidad de coronar la reina a esas edades se cernía sobre “el viejuno” como pájaro de mal agüero. Tendría que demostrarlo pedaleando, nada de alardes filosóficos y cuentos chinos o intimidar con aquello de “ya os tocará a vosotros”, eso ya nos lo dirá cuando llegue, y para eso falta mucho, muchíiiiiiiisimo.
Iniciamos pues la aproximación a la vieja usanza, es decir, por los caminos que solíamos recorrer antes de que le Parque natural del Turia fuese una realidad como lo es a día de hoy. Por un día, y como si echásemos la vista atrás y rememoráramos, fue el cholo y la chopera de masía de Tráver tan bella como lo fue siempre.
Quizá porque a nuestro alrededor flotaba la sensación de que era una ruta especial, todos los pequeños detalles cobraban un sentido extraordinario; la segunda primavera del año empeñada en perpetuarse de forma casi permanente entre nosotros, y la agradecida vegetación obsequiándonos con un despliegue inmenso de colores y aromas. Los árboles amarilleando las caducas hojas que, antes de morir, danzan y se agitan inquietas, mecidas por la suave brisa, para deleite de nuestros ojos, se agarran día tras día a la punta de los árboles, luchando por respirar un día más, por seguir allí a nuestro siguiente paso. Los ocres oscurecen las verdes hojas en los distintos estadios de coloración por los que pasarán antes de caer. Y luego, cuando ya parece que está todo hecho, el espectáculo se traslada a un suelo sembrado de hojas. El tapiz caduco oculta nuestra rodada sobre el suelo, pero la sinfonía de las crujientes hojas a nuestro paso nos delata y deleita como antaño. El fruss-fruss de las hojas levemente humedecidas por el rocío de la noche que se retuercen bajo las ruedas, liberan un suave y acre aroma de humedad y hojas marchitas que nos anuncian el inminente otoño, aunque este veranillo de san Martín se empecina en no permitirlo.

Es tiempo de búsqueda interior y remembranza de tiempos pasados. No es ahora durante la ruta cuando este recuerdo cobra fuerza, lo será una vez en casa recordando los momentos vividos con los amigos. Pero lo será aún más con el transcurrir del tiempo, cuando nuestras hojas vayan cayendo y, al releer estas líneas, podamos decir aquello de que “yo estuve allí” viviendo en directo las cosas que cuenta este libro electrónico que algún día transformaremos sin duda en papel, a fin de poder acariciar los recuerdos que contiene y que dará fe de que nosotros fuimos los verdaderos actores de esta película; que la amistad que allí forjamos a cada golpe de pedal siempre estará entre nosotros.
Que blandita está quedando la crónica de hoy. Pues sí, y que bonita también. Cada cosa tiene su tiempo y toca rendir homenaje a la amistad y a las canas. Ya habrá tiempo para batallitas la próxima semana, así que sigamos.
Atravesamos Riba Roja para llegar a Porxinos. Los naranjos pintan sus frutos de color, otros están floreciendo y esto crea un tanto de extrañeza
que la benigna climatología acentúa aún más. La bruma se va levantando de entre los naranjos para aportar otro toque mágico a la ruta de hoy. La vaguada entre las montañas respira azahar y rocío. Lo inmortalizamos digitalmente y seguimos avanzando hacia la subida.
Aquí es donde hay que demostrar aquello de si los años pesan. Pues parece que el primer envite lo supera con nota. Seguimos hacia la luz en la segunda subida con la bajada aún fresca en la memoria. Unos jinetes nos pedirán paso para adelantarnos con los caballos al trote, nos alegra ver que cada vez hay más gente disfrutando de la naturaleza y de nuestras rutas de toda la vida, aunque si empiezan a ser demasiado populares tendremos que buscarles alternativas “más tranquilas”. Les seguimos, pero de lejos. Superamos la segunda subida y paramos en la luz para tomar aire antes de afrontar el reto final. Nada más pasar “los pilares de la tierra”, (o “de la verdad”, bikermente hablando) vemos que el camino no está en tan buenas condiciones como la última vez. Aun así, las roderas han dejado una trazada limpia que solo tiene la dificultad del desnivel. Pues sí, desde aquí atrás se le ve que aún puede subir montañas, pues entonces “carabassa” ¿por qué te quejas tanto de las rutas que preparo? Te voy a meter barranco que no veas. Pero eso será otro día que hoy no puedo alcanzarlo.
Ya todos a pie de vértice, celebramos el haber hecho de nuevo cumbre sin que nos doblegue la reina, y almorzamos con el anhelo de las sorpresas que nos tiene preparadas y anunciadas el protagonista del día. Por supuesto este momento de bromas y risas no tiene desperdicio. Nuestro amigo el paticorto está presente en ellas, al igual que su hermana, jeje. Tras el café, la primera celebración y sorpresa con un buen cacharrito, perfectamente conservado en la querida petaca astronómica. Un lingotazo antes de bajar……, hoy este nos quiere meter cuneta…. pensamos.
Recobradas las fuerzas, bajaremos por Horquera en otro descenso épico, rápido y divertido como pocas veces tenemos la oportunidad de hacer esta bajada. Será la forma en que la montaña le rinda su particular homenaje.

Volveremos empapándonos en más otoño. Unas viñas exponen sus doradas y agostadas hojas en contraste con la tierra roja y el verde manto que la montaña despliega tras ellas.
Recorremos un tramo nuevo que enlaza con la variante que nos llevará hasta Loriguilla, evitando con este camino el tramo de asfalto por detrás de la cantera. Solo el susto de la “avería” en la rueda de Carlos que se ha salido del sitio nos quitará por un instante, la placidez de este rodar tranquilos y serenos.

Llegamos a casa sin más novedades pero con un buen montón de recuerdos para plasmar en esta crónica que, al leerla de aquí un tiempo, nos trasportará sin duda como ahora mismo, a pasar las mismas vicisitudes y nos clavará una punzada de nostalgia otoñal. Quizá Carlos con el tiempo, pueda extraer alguna sonrisa a los viejunos de sus compañeros de rodadas y pedaladas cuando nos diga que estaba releyendo batallitas y le pidamos que nos las cuente en nuestro particular R.C. alrededor, como no, de unas refrescantes cervezas.
Felicidades viejuno y que podamos seguir entre nuestras montañas.

Respuesta del “cincuentón” :

Pues muchas gracias amigos míos (heredero incluido). Ha sido verdaderamente emocionante leer ésta, tan especial crónica que me habéis dedicado en este día tan igualmente especial para mi, cuyas palabras y anécdotas plasman a la perfección, tanto lo vivido como lo sentido es esta particular rodada de hoy sábado 31 de octubre de 2009.
“Los cincuenta…..”, ahí es nada; asusta un poco si me paro a pensarlo. Parece que fue ayer cuando iniciamos esta loca andadura biker en común y ya pueden contarse por decenas de miles los kilómetros recorridos en vuestra amable compañía; en cientos, los lugares a los que a lomos de nuestras máquinas de metal hemos tenido el placer de poder llegar y compartir; lugares muchos de ellos recónditos e inaccesibles de los cuales somos plenamente conscientes que no demasiadas almas han tendido el privilegio de poder pisar; paisajes con los que nos hemos deleitado; silencios con los que hemos gozado; en definitiva, miles de imágenes cuyo recuerdo ya atesoramos para siempre en nuestras memorias, y de cuyas inolvidables experiencias hemos y vamos a seguir sin duda compartiendo.
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Solo me resta pues agradeceros de corazón, vuestra amistad incondicional y que hayáis sabido soportar y encajar con elegancia mis cambios de humor, mis excentricidades, mis locuras. Gracias por dejarme compartir pedal con vosotros tres y por ser parte de tan entrañable grupo de afición. Sirva pues este agradecimiento y como es mi estilo, “retaros”, desde éste, mi flamante sillón quincuagenario que hoy estreno, a que vayáis poco a poco arribando a donde yo ya he llegado, con la ilusión y el firme propósito de veros llegar uno tras otro, firme y altivo a lomos de mi futura y flamante “burrica” que como vosotros, todavía está por llegar. Así sea.

Un fuerte y afectuoso abrazo para todo el grupo de este “viejuno” que todavía os piensa dar mucha guerra.

Salvador.

sábado, 17 de octubre de 2009

Crónica de L´Oronet-Alt del Pí-Garbí

Cual vigilante atalaya desde este monte elevado conjuras el mal nublado, desde la sierra a la playa. Creu del Cierro.
Como sabeis solemos comenzar las crónicas con una cita que nos parezca, de alguna manera, apropiada para la ruta, en esta ocasión igual que en la ruta que nos llevó a la muntanyeta del Sants de Pedra desde el Saler http://rodaipedal.blogspot.com/2008/12/crnica-ruta-del-saler-la-ermita-dels.html hemos querido utilizar una cita encontrada en el mismo lugar, aunque en esta ocasión tan solo la transcribimos ya que la placa donde estaba no guardaba la estetica del lugar ni la suya propia.

La primera salida completa del grupo en esta nueva temporada, ha culminado con la coronación de tres nuevas cumbres. Y que cumbres. Para los montañeros valencianos las cumbres del Garbí y de L´Oronet siempre han sido un referente, si le unimos culminar también con el Alt del Pí en la misma jornada, todo se magnifica mucho más; así que vamos por partes.

Prevista la ruta desde hacía tiempo, no tuvimos claro que fuéramos a poder salir hasta bien entrada la semana. Una inoportuna avería el sábado pasado, obligaba a una de las máquinas a pasar por quirófano para una operación de urgencia en la maneta del freno trasero. Ya en quirófano, aprovechó para una pequeña cirugía estética y llegó justo a tiempo para la salida en esta corta semana que tenía para recuperarse. Así que el sábado y a la hora normal, nos vemos en la base para cargar el remolque e irnos hacia Serra, lugar previsto donde comenzar y terminar la rodada. La gasolinera antes del pueblo viniendo desde Náquera será el lugar elegido para aparcar. Agilizamos pues los preparativos por la urgencia que poco a poco nos va entrando por comenzar la ruta, y es que ver a multitud de ciclistas pasando a nuestro lado nos acelera el pulso, no sea que lleguemos de los últimos y nos quedemos sin sitio. Todo indica que las condiciones atmosféricas van a ser hoy benévolas con nosotros, ya que una fina capa de nubes cubre de momento al astro rey, cuestión crucial para algunos de nosotros que no nos llevamos demasiado bien con él cuando luce con rabia.


Listos para el abordaje de las cumbres que nos esperan, salimos en dirección a Serra por la carretera y por fortuna, la gran cantidad de ciclistas que transita continuamente esta vía hace que los conductores estén más que habituados a la presencia de ciclistas, por lo que el respeto es mucho mayor que en otras carreteras. Esto evidentemente no quita todo el peligro, pero lo diluye bastante. Por esta razón rodamos a buen ritmo hasta el giro a la izquierda hacia el polideportivo y a pesar de ser 4 ciclistas señalizando la maniobra, los coches, lejos de cedernos el paso nos obligan a parar a la derecha y esperar a que pasen para poder girar, eso si, con respeto. Efectuado el giro, nos encontramos de pronto con una pared por la que tenemos que subir. Metemos todo el desarrollo y para arriba. Cuando vemos el final de la subida, otra calle sale a la izquierda y nos sorprende de nuevo porque continúa subiendo, el track dice que es por allí y allí que vamos, es lo que tiene desconocer el pueblo; seguramente habrá otras calles más llanas para llegar a nuestro destino, pero como siempre vamos huyendo de carreteras y calles transitadas, hoy nos hemos metido por calles de urbanizaciones que a estas horas de un sábado por la mañana están recién puestas y por lo tanto aún despertando. Menos mal que hemos tenido casi un kilómetro en llano para activar los músculos, pues la subida parece no tener fin. El porcentaje de estas rampas es brutal de inicio, pero seguimos subiendo en busca del camino de Serra a Gátova que es el que sube hacia Rebalsadors, nosotros lo dejaremos a la altura de la casa de la Prunera para desviarnos por un camino que baja ligeramente a la derecha, solo será un pequeño respiro para nuestras castigadas piernas nada más dar comienzo a la aventura de hoy. El camino continúa empecinado para arriba sin darnos tregua, y las lluvias de las últimas semanas se dejan notar en el firme. Estas montañas de rodeno quebrado se desmoronan poco a poco ante la erosión de los elementos. El arrastre del agua ladera abajo acrecienta este desgaste y deja los caminos en estado penoso. Piedras, roderas y raíces serán nuestras compañeras de viaje cuesta arriba, cuando no, montones de tierra y grava arrastrada y amontonada a un lado del camino. Nos podemos quejar, pero en este tipo de terreno es esto, o asfalto, por lo que mejor esto aunque ahora nos pese más en las piernas.

Llegamos al desvío a la derecha que sube hasta la cima del denominado Sierro o Cierro o L´Oronet o incluso Monte de la Cruz, ¿nos quejábamos de subida?, pues ahora es cuando empieza realmente la diversión. El terreno descarnado y bacheado será una constante en todo el ascenso. Los pequeños tramos en los que el camino está atravesado por una losa de piedra lisa, serán una autentica delicia pues, el resto del camino es como subir una escalera de peldaños pequeños.

Cuando no hay “peldaños” hay piedras sueltas o tierra, no se que es peor, pero es que no les quedaba otro camino que no fuera éste o firme tipo Ñoño, tú elijes. Enseguida llegamos a un pequeño mirador sobre la cuenca del Palancia y sobre la sierra de Espadan.

Por encima de ella se asoma el Penyagolosa, y el mar se funde con la bruma que acaba por ocultarlo a pocos kilómetros de la costa, los primeros “clics” no se hacen esperar, la nikoleta está como loca por captar nuevas imágenes. Seguimos ascendiendo penosamente con las pulsaciones disparadas, más por el esfuerzo de esquivar baches que por la pendiente en sí; con un firme más cómodo sería bastante más llevadera, pero es lo que hay. La propia montaña nos oculta en todo momento la visión del valle del Turia, solo tendremos esta vista en la cima de la montaña una vez coronada. Ya arriba, nuestro grito de guerra se oirá una vez juntemos nuestras manos y desenfundemos el machete que marcará nuestros sillines con otra muesca; al ritmo que vamos y con lo que aún nos espera hoy, tememos quedarnos sin sitio en las tijas donde seguir marcando nuestras conquistas.


Estamos en lo alto de la montaña donde hay un pequeño refugio abierto con una chimenea. Si te pilla aquí una tormenta, este será un buen lugar donde aguantar el chaparrón. Por encima del refugio se alza la gigantesca cruz que corona la montaña, una enorme cruz de hierro forrada de espejo que refulge iluminada por el sol, de ahí que sea visible desde mucha distancia. A sus 739 metros de altitud las panorámicas son soberbias. Frente a nosotros se alza tan majestuoso como imponente, a la par que desafiante, Rebalsadors, y algo más a su izquierda, en lontananza, se distingue claramente el blanco monasterio de Sant Miquèl allá en Lliria. Instintivamente buscamos nuestras montañas de referencia y como no, todas son perfectamente identificables a pesar de que la visibilidad, sin ser mala, no es todo lo buena que desearíamos. La llegada de más “peregrinos” a este alto nos pilla con el almuerzo tocando a su fin.

Hemos podido almorzar tranquilos contemplando las excelsas panorámicas antes de que el lugar sea tomado a golpe de pedal por un grupo de bikers y algún que otro senderista, y como no, de un vehículo de cuatro ruedas que, con sus perros y todo, nos la volverán a jugar en la rueda trasera de una de las bicis.

Unas cuantas fotos después iniciamos el descenso con la precaución que requiere un camino tan roto y técnico como el que hemos subido. Parece ser que estas precauciones no las tienen en cuenta el otro grupo de bikers, o es que ellos bajan por otro firme que nosotros no vemos, o es que nosotros somos demasiado precavidos. Sea como fuere somos adelantados por todos y cado uno de ellos, a algún percance en forma de “montonera”, con lo fácil que es llevar un pequeño timbre (que solo pesa 12 gramos), o incluso “la bocina” que llevaba uno de ellos, o por que no y más sencillo, pedir paso avisando con una voz cuando te acercas y estaremos encantados en dejarte pasar sin riesgo para nadie, en fin…., la educación vial, que no solo es cosa de los coches, con tanto trasto en la mochila se nos olvida en casa en ocasiones. ¿será que pesa mucho?, creemos sinceramente que no.

Llegamos al camino de antes y giramos a la derecha como si nunca lo hubiéramos dejado. Vamos bordeando la montaña por el Norte. Nos unimos a otro camino que nos sale por la izquierda y avanzamos hacia la carretera por un tramo cubierto de vegetación.
Dejamos el camino y transitamos por asfalto hacia Serra por la CV-310; a los pocos metros, sale otra carretera a la izquierda hacia Barraix. Esta nueva carretera menos transitada, nos lleva por la zona más arbórea de este lado de La Calderona. Tendremos ocasión de observar, tallado en la ladera de la montaña junto a la carretera, otra zona de trincheras de la guerra civil. Pasamos junto a un bar que suele ser punto de reunión de numerosos ciclistas, así lo hemos leído en varias crónicas y así lo pudimos atestiguar cuando pasamos por allí. Poco después, un desvío a la derecha nos indica el camino a nuestro tercer objetivo, el Garbí. A unos 500 metros sale a la derecha otro camino asfaltado que sube al Alt de Pí, esta es la segunda cima prevista para conquistar, por lo que tomamos este camino estrecho y picando hacia arriba. (como no…)
El asfalto hace el rodar cómodo, pero ante tanta placidez, el terreno se empieza a encabritar y los desniveles se disparan de forma exponencial.
Observamos mucha gravilla suelta en medio de la carretera por lo que nos metemos por el paso de rueda de los coches. Algunos baches completan el panorama que tendremos muy presente memorizándolos sobre todo para cuando toque bajar. Carlos como es ya habitual, otra vez a lo suyo que es ir por delante como si no hubiera subidas. Nosotros tres vamos subiendo a ritmo, acompasando la respiración y buscando una cadencia optima para el resto de la subida. Pronto este ritmo se verá dinamitado ante el empuje de las rampas que calculamos cercanas al 16% y para colmo, una larga recta nos deja contemplar toda la crudeza de la subida que nos espera. Es un tramo realmente demoledor, pero por fortuna el firme está en inmejorable estado y no tenemos que preocuparnos más que darle con rabia a los pedales. Avanzamos con paso cansino. Las piernas se tornan de madera ante el esfuerzo y el pulso se dispara por momentos; la respiración no puede aportar tanto oxigeno como demandamos, pero a la salida de una curva divisamos por fin las antenas que coronan la cumbre, cuestión que nos anuncia que pronto estaremos arriba, aun así, los últimos metros se empeñan en no acabarse nunca.
Llegamos arriba cuando Carlos ya se acerca a la curva para ver si llegamos o no. Dejamos las bicis junto a una valla del complejo que alberga las múltiples antenas que hay aquí arriba, e intentamos recuperar el aliento antes de dedicarnos a la contemplación del paisaje. Vamos primero a otear la parte marítima, simplemente porque nos queda más cerca, y le indicamos a Carlos donde está la Marjal dels Moros que visitamos hace apenas unas semanas. También vemos la torre del Grao Vell. Más cerca, la peculiar orografía de la Mola de Segart, llena traspasando su propio relieve el espacio a su alrededor. De igual forma, el camino por el cual regresamos de Sant Esperit se dibuja rojizo entre la rala vegetación de las montañas próximas a la Mola desnudas de árboles y, más cerca aún, el alto del Garbí, que parece urgirnos a llegar hasta él, por lo que no lo haremos esperar mucho, palabra de biker.

La montaña de Cullera se divisa adentrándose en el mar entre la bruma. Nos asomamos después a la vertiente Oeste para contemplar nuestro anterior logro; L´Oronet se levanta altivo sobre Serra y es el primero de los muchos picos y cumbres que se vislumbran desde estos 716 metros de altitud.

Liquidada la visita, con las imágenes en el zurrón y con tiempo más que suficiente para contemplar a gusto todo cuanto nos rodea, emprendemos la bajada que promete emoción. Ponemos el vídeo en marcha y nos recordamos las precauciones a tener en cuenta; allá vamos. Cogemos velocidad rápidamente, no en vano el portentoso desnivel juega ahora a nuestro favor y siempre aflora al pensamiento aquello de la gravedad, por un lado lo de la ley, por el otro lo de la caída, en este caso, amigos de la ley, nos servimos de ella y afinamos los sentidos para huir de la caída. Los metros se suceden a velocidad de vértigo. Las violentas frenadas sacan un lamento casi continuo de las pastillas de frenos que parecen protestar por tener que poner fin a tanta diversión. La trazada se ciñe al surco del paso de rueda de los coches por aquello de intentar no pisar la gravilla que se produce debido al desgaste de la carretera.
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Llegamos en un visto y no visto a la recta que tanto nos hizo sufrir en la subida y nos regodeamos ahora de aquel instante pensando que la venganza se sirve fría, aunque los frenos digan lo contrario, pues, llegados a la curva el apretón irá “in crescendo” porque pensamos que no vamos a poder detener la bici a tiempo; por suerte lo conseguimos todos y seguimos bajando, aún con el pensamiento de ese tramo grabado en la memoria y casi en la retina. Vemos la señal de stop al fondo que significa el final de esta bajada y la llegada a la carretera, por lo que paramos para interesarnos por el estado de ánimo de los compañeros; no son necesarias las palabras cuando nos vemos las caras. Unas sonrisas de inmenso placer asoman a nuestros rostros henchidos de gozo y alegría por la emoción de la rápida bajada ¿No oléis a quemado?... si,,si, pues acercar la mano a los frenos pero cuidadín con tocarlos. Si hubiéramos traído unas chuletas ya teníamos las parrillas. Los discos y las pastillas de freno están casi al rojo vivo. Con la conversación sobre esta bajada, giramos a la derecha para encarar la larga recta que llega hasta el puntal del Garbí. Una bajada por asfalto que será más fuerte de lo que parece a la vista, nos dejará casi en el parking al final de esta recta. La cadena que cierra el paso a los coches nos permite a los ciclistas y caminantes llegar hasta los miradores, la zona de merendero y la pequeña ermita. Recorremos el paraje que abordamos por el camino de la izquierda en bajada para luego subir hacia el merendero. Para quien no haya estado nunca aquí, como es nuestro caso, para casi todos, el paisaje es sorprendente y difícil de imaginar por más que hayas leído e incluso visto en fotos.
Junto a la ermita hay una esquina que deja ver al otro lado del acantilado un mirador suspendido milagrosamente sobre unas rocas. La colocación aleatoria y caprichosa de las rocas no deja indiferente ante su contemplación, pero es difícil expresar la opinión que te merecen. Divisamos a lo lejos, bajo las montañas, el castillo de Sagunto empequeñecido por la distancia y por el alarde de grandiosidad del monumento natural en el que estamos inmersos. Sacamos unas fotos y nos dirigimos hacia el mirador por el camino entre las casas del Garbí. Al otro lado de la cerca de la casa, el camino pronto se hace intransitable encima de la bici por lo que aparcadas junto a un árbol, esperarán nuestra llegada.
Empezamos a subir una pendiente de rocas superpuestas; es como andar por encima de una estructura de bloques derrumbada que tienes que ir pasando de uno a otro. La punta cada vez se hace más estrecha y deja ver a ambos lados caídas vertiginosas.
Las piedras se sustentan unas sobre otras en lo que parece un precario y peligroso equilibrio que parece pueda desmoronarse en cualquier momento. Estamos junto a un abismo de más de un centenar de metros, por lo que el vértigo y la sensación de caída libre está presente en todo momento.
Todas las piedras y todas las panorámicas reclaman nuestra atención para ser fotografiadas. El escenario es majestuosamente alucinante, ahora entendemos a la niña que a nuestra subida, bajaba llorando y diciéndole a su padre que tenía miedo.
De aquí nos acercaremos hasta el vértice geodésico de la jornada. Nuestra afición sigue intacta y ya son un buen puñado de cotas geodésicas las que llevamos recopiladas.
Indecisos sobre donde hacer la parada para comer, apostamos por acercarnos hasta la ermita de Barraix a ver si el sitio acompaña. Deshacemos el camino hasta llegar al cruce de Barraix y giramos a la derecha, a escaso medio kilómetro llegamos a la fuente y junto a ella, el camino que sube a la ermita. Allí no hay ningún sitio cómodo donde sentarnos a comer, así que lo hacemos junto a la fuente, amenizados por la música que nos regala el continuo rumor natural del agua, cayendo sobre la arqueta y corriendo ladera abajo para alimentar un imponente zarzal al otro lado de una valla. En invierno y con frío, este lugar no será muy apropiado debido a la cerrada sombra y la humedad del lugar, pero con el calor de hoy, y más en las horas del mediodía, es un lugar perfecto. Mientras comemos y comentamos lo ciclado, son varios coches los que han subido a recoger agua de la fuente que, a pesar de indicarla como no apta para el consumo por no estar clorada, cosa que también indica, creemos que será de propiedades minero-medicinales y que otro tipo de aclaración sobre las propiedades del agua serían más conveniente para evitar equívocos. Entendemos como no apta para el consumo agua de una acequia de riego o de una alcantarilla, pero en mitad de la montaña si te has quedado sin agua y ves este letrero a veces no sabes que hacer, aunque como ya nos ha pasado en ocasiones, si el sol y la sed aprietan “pelillos a la mar” y a dejar seco el caño. Acabamos de comer y subimos a echar un vistazo a la pequeña ermita. No tiene mucho más que ofrecer de lo que ya vemos desde abajo.
El sitio es bonito por el conjunto que forma con la fuente y la pinada de la que está rodeada, más que por la arquitectura propiamente dicha. Concluida la visita volvemos hasta el cruce y nos metemos por un camino de tierra justo enfrente. Este, en suave bajada todo el rato, discurrirá en paralelo al barranc de L´Ombría hasta que, fundiéndose con el camino del castillo, bajará hacia la font de L´Ombría que ya visitamos en nuestra ruta de Pla de Lluc a Sant Esperit y Castillo de Serra: http://rodaipedal.blogspot.com/2008/12/crnica-pla-de-lluc-monasterio-de-sant.html en esta ocasión no paramos en la fuente y seguimos camino hasta enlazar con la carretera. Llegados a este punto giramos a la derecha para subir unos cuantos metros hasta la font de Sant Antoni que encontramos seca, tan solo unos metros más allá en el recodo de la curva está el paraje de la font del Marianet, que surge de una pared de la montaña junto al barranc dels Tramussos que remonta un tramo junto a la senda del GR-10 y que nos llevaría hasta el alto del Sierro o bien, hasta el alto de Rebalsadors.
Una pequeña caída de agua y una poza en la que encontramos gente bañándose a pesar de la umbría en al que se encuentra, completan este pequeño pero acogedor rincón en las inmediaciones de Serra. Desde aquí hasta el coche ya no hay que dar pedales a no ser para ganar velocidad. Nuevamente grabaremos nuestro descenso para disfrutar de la velocidad de la bajada.
Llegar al coche y empezar a desmenuzar los pormenores de la jornada será todo uno, mientras se ensanchan las sonrisas de felicidad al recordar los momentos acontecidos todos juntos una vez más, solo queda como es habitual, unir nuestras manos al grito de Roda i Pedal como muestra de otra inolvidable rodada.