sábado, 31 de octubre de 2009

Y cayó otra cumbre…. la de los 50

“No busques al amigo para matar las horas, sino búscale con horas para vivir.”
Khalil Gibran

50 años no es nada. Parece el título de un bolero, pero no, es el titulo de esta crónica un tanto especial. ¿Y que tiene de especial? Pues mucho. Nada menos que son los años que carga a sus espaldas el decano del grupo, y eso merece por lo menos, una crónica “ad-hoc”, una de esas crónicas sentimentaloides y sensibleras para ojear de cuando en cuando y recordar a los amigos de fatigas.
Queríamos haberle regalado para el sábado la ruta de la próxima semana (climatología mediante), por los alrededores de la muela de Cortes, pero la segura tardanza en llegar a casa y dado que esa noche había “celebration”, obligaba a un cambio de planes y aplazar otra semana la tan esperada ruta de Cortes. Así que nos lo llevamos, como no podía ser de otra manera, a cumplir con la reina. La Rodana nos esperaba con los brazos abiertos, bueno casi. La última estación se quedó esperándonos y esta vez amenazaba con meter rampa de lo lindo, pero siendo el día que era se portó bastante bien. Las bromas se sucedieron a lo largo de toda la semana, con el cruce de declaraciones e intenciones sobre la carga que estaba a punto de soportar sin posibilidad de vuelta atrás ni arrepentimientos. Las dudas sobre la capacidad de coronar la reina a esas edades se cernía sobre “el viejuno” como pájaro de mal agüero. Tendría que demostrarlo pedaleando, nada de alardes filosóficos y cuentos chinos o intimidar con aquello de “ya os tocará a vosotros”, eso ya nos lo dirá cuando llegue, y para eso falta mucho, muchíiiiiiiisimo.
Iniciamos pues la aproximación a la vieja usanza, es decir, por los caminos que solíamos recorrer antes de que le Parque natural del Turia fuese una realidad como lo es a día de hoy. Por un día, y como si echásemos la vista atrás y rememoráramos, fue el cholo y la chopera de masía de Tráver tan bella como lo fue siempre.
Quizá porque a nuestro alrededor flotaba la sensación de que era una ruta especial, todos los pequeños detalles cobraban un sentido extraordinario; la segunda primavera del año empeñada en perpetuarse de forma casi permanente entre nosotros, y la agradecida vegetación obsequiándonos con un despliegue inmenso de colores y aromas. Los árboles amarilleando las caducas hojas que, antes de morir, danzan y se agitan inquietas, mecidas por la suave brisa, para deleite de nuestros ojos, se agarran día tras día a la punta de los árboles, luchando por respirar un día más, por seguir allí a nuestro siguiente paso. Los ocres oscurecen las verdes hojas en los distintos estadios de coloración por los que pasarán antes de caer. Y luego, cuando ya parece que está todo hecho, el espectáculo se traslada a un suelo sembrado de hojas. El tapiz caduco oculta nuestra rodada sobre el suelo, pero la sinfonía de las crujientes hojas a nuestro paso nos delata y deleita como antaño. El fruss-fruss de las hojas levemente humedecidas por el rocío de la noche que se retuercen bajo las ruedas, liberan un suave y acre aroma de humedad y hojas marchitas que nos anuncian el inminente otoño, aunque este veranillo de san Martín se empecina en no permitirlo.

Es tiempo de búsqueda interior y remembranza de tiempos pasados. No es ahora durante la ruta cuando este recuerdo cobra fuerza, lo será una vez en casa recordando los momentos vividos con los amigos. Pero lo será aún más con el transcurrir del tiempo, cuando nuestras hojas vayan cayendo y, al releer estas líneas, podamos decir aquello de que “yo estuve allí” viviendo en directo las cosas que cuenta este libro electrónico que algún día transformaremos sin duda en papel, a fin de poder acariciar los recuerdos que contiene y que dará fe de que nosotros fuimos los verdaderos actores de esta película; que la amistad que allí forjamos a cada golpe de pedal siempre estará entre nosotros.
Que blandita está quedando la crónica de hoy. Pues sí, y que bonita también. Cada cosa tiene su tiempo y toca rendir homenaje a la amistad y a las canas. Ya habrá tiempo para batallitas la próxima semana, así que sigamos.
Atravesamos Riba Roja para llegar a Porxinos. Los naranjos pintan sus frutos de color, otros están floreciendo y esto crea un tanto de extrañeza
que la benigna climatología acentúa aún más. La bruma se va levantando de entre los naranjos para aportar otro toque mágico a la ruta de hoy. La vaguada entre las montañas respira azahar y rocío. Lo inmortalizamos digitalmente y seguimos avanzando hacia la subida.
Aquí es donde hay que demostrar aquello de si los años pesan. Pues parece que el primer envite lo supera con nota. Seguimos hacia la luz en la segunda subida con la bajada aún fresca en la memoria. Unos jinetes nos pedirán paso para adelantarnos con los caballos al trote, nos alegra ver que cada vez hay más gente disfrutando de la naturaleza y de nuestras rutas de toda la vida, aunque si empiezan a ser demasiado populares tendremos que buscarles alternativas “más tranquilas”. Les seguimos, pero de lejos. Superamos la segunda subida y paramos en la luz para tomar aire antes de afrontar el reto final. Nada más pasar “los pilares de la tierra”, (o “de la verdad”, bikermente hablando) vemos que el camino no está en tan buenas condiciones como la última vez. Aun así, las roderas han dejado una trazada limpia que solo tiene la dificultad del desnivel. Pues sí, desde aquí atrás se le ve que aún puede subir montañas, pues entonces “carabassa” ¿por qué te quejas tanto de las rutas que preparo? Te voy a meter barranco que no veas. Pero eso será otro día que hoy no puedo alcanzarlo.
Ya todos a pie de vértice, celebramos el haber hecho de nuevo cumbre sin que nos doblegue la reina, y almorzamos con el anhelo de las sorpresas que nos tiene preparadas y anunciadas el protagonista del día. Por supuesto este momento de bromas y risas no tiene desperdicio. Nuestro amigo el paticorto está presente en ellas, al igual que su hermana, jeje. Tras el café, la primera celebración y sorpresa con un buen cacharrito, perfectamente conservado en la querida petaca astronómica. Un lingotazo antes de bajar……, hoy este nos quiere meter cuneta…. pensamos.
Recobradas las fuerzas, bajaremos por Horquera en otro descenso épico, rápido y divertido como pocas veces tenemos la oportunidad de hacer esta bajada. Será la forma en que la montaña le rinda su particular homenaje.

Volveremos empapándonos en más otoño. Unas viñas exponen sus doradas y agostadas hojas en contraste con la tierra roja y el verde manto que la montaña despliega tras ellas.
Recorremos un tramo nuevo que enlaza con la variante que nos llevará hasta Loriguilla, evitando con este camino el tramo de asfalto por detrás de la cantera. Solo el susto de la “avería” en la rueda de Carlos que se ha salido del sitio nos quitará por un instante, la placidez de este rodar tranquilos y serenos.

Llegamos a casa sin más novedades pero con un buen montón de recuerdos para plasmar en esta crónica que, al leerla de aquí un tiempo, nos trasportará sin duda como ahora mismo, a pasar las mismas vicisitudes y nos clavará una punzada de nostalgia otoñal. Quizá Carlos con el tiempo, pueda extraer alguna sonrisa a los viejunos de sus compañeros de rodadas y pedaladas cuando nos diga que estaba releyendo batallitas y le pidamos que nos las cuente en nuestro particular R.C. alrededor, como no, de unas refrescantes cervezas.
Felicidades viejuno y que podamos seguir entre nuestras montañas.

Respuesta del “cincuentón” :

Pues muchas gracias amigos míos (heredero incluido). Ha sido verdaderamente emocionante leer ésta, tan especial crónica que me habéis dedicado en este día tan igualmente especial para mi, cuyas palabras y anécdotas plasman a la perfección, tanto lo vivido como lo sentido es esta particular rodada de hoy sábado 31 de octubre de 2009.
“Los cincuenta…..”, ahí es nada; asusta un poco si me paro a pensarlo. Parece que fue ayer cuando iniciamos esta loca andadura biker en común y ya pueden contarse por decenas de miles los kilómetros recorridos en vuestra amable compañía; en cientos, los lugares a los que a lomos de nuestras máquinas de metal hemos tenido el placer de poder llegar y compartir; lugares muchos de ellos recónditos e inaccesibles de los cuales somos plenamente conscientes que no demasiadas almas han tendido el privilegio de poder pisar; paisajes con los que nos hemos deleitado; silencios con los que hemos gozado; en definitiva, miles de imágenes cuyo recuerdo ya atesoramos para siempre en nuestras memorias, y de cuyas inolvidables experiencias hemos y vamos a seguir sin duda compartiendo.
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Solo me resta pues agradeceros de corazón, vuestra amistad incondicional y que hayáis sabido soportar y encajar con elegancia mis cambios de humor, mis excentricidades, mis locuras. Gracias por dejarme compartir pedal con vosotros tres y por ser parte de tan entrañable grupo de afición. Sirva pues este agradecimiento y como es mi estilo, “retaros”, desde éste, mi flamante sillón quincuagenario que hoy estreno, a que vayáis poco a poco arribando a donde yo ya he llegado, con la ilusión y el firme propósito de veros llegar uno tras otro, firme y altivo a lomos de mi futura y flamante “burrica” que como vosotros, todavía está por llegar. Así sea.

Un fuerte y afectuoso abrazo para todo el grupo de este “viejuno” que todavía os piensa dar mucha guerra.

Salvador.