martes, 29 de julio de 2008

Travesía por la Calderona. Del Pla de Lluc a Tristany (Adenda Primavera 2008)

"Otro de esos días en la Sierra,

en el transcurso de los cuales

tengo la impresión de disolverme y de ser absorbido,

para después palpitando,

ser enviado no se bien hacia dónde."

John Muir


Perfecto. Ese sería el titular de nuestra adenda a la anterior travesía en la Sierra Calderona.


Lo podríamos dejar así y ya está, como titular y resumen está bien pero entonces nos perderíamos los detalles, y como no queremos eso pues allá vamos.
La climatología adversa de las últimas semanas nos da tregua un sábado más, después de chafarnos el único fin de semana que no queríamos perdernos (el de Fredes) nos sigue respetando, al menos hasta llegar a la base, como la semana pasada (que vino la tormenta persiguiéndonos desde Riba Roja y nos dio tiempo justo de entrar en casa), hoy no nos ha amenazado lluvia pero se iba complicando el cielo a marchas forzadas. Las intensas lluvias caídas en Manises esta noche no deben de haber sido tan intensas en la Calderona, pues los caminos estaban magníficos para rodar, ni un gramo de barro y apenas 4 charcos en todo el camino, eso si, la montaña rezumaba agua por los 4 costados y la vegetación empapada del agua caída en los últimos días se mostraba rabiosamente exuberante, avasallándonos con su abrumador despliegue de color y mostrándonos una gama de verdes tan amplia e intensa que empequeñecía todo lo que habíamos visto hasta el momento en otras rutas.



La limpieza del aire pues, no distorsionaba la pureza de los colores, que competían por mostrarse más intensos que los mismos aromas que, la humedad multiplica en esta primavera que va cumpliendo su etapa con una disciplina ya hace tiempo olvidada. Nos acompaña por un buen rato el rumor del agua corriente abajo por los barrancos, alejándose de nosotros mientras canta en la rompiente de las rocas y saltos que la precipitan montaña abajo.

Nosotros proseguimos nuestra subida entre las sombras que nos ofrece el camino metido en lo más profundo del valle y rodeado de arboles, tan grande es la variedad de especies que cuesta enumerarlos. Conforme ganamos altura hacemos alguna parada para admirar el paisaje, la limpieza del aire nos permite ver con toda claridad las montañas más lejanas, allá por la serra de Aitana entre otras.




No queríamos hacer hoy muchas paradas fotográficas pues la ruta ya la tenemos documentada, pero la claridad y limpieza del día nos obliga a cada momento a ir parando. No nos arrepentimos en absoluto pues merece la pena cada parada. El contraste de la montaña abrazándose con el cielo nos deja una estampa de postal que oportunamente capturamos para el recuerdo. Es tan nítida la separación entre el verde y el azul que más que un abrazo parece un choque perfectamente definido, una línea trazada a cuchillo y rellenada con abundancia de color, intenso en el caso del verde de la vegetación, mezclado con el rojo de la montaña, refulgente en el caso del azul celeste, hoy no se difumina a blanco llevado por la bruma, hoy permanece intenso, vivo, inmenso.


Ante este despliegue de poderío de los elementos parece que el camino es lo de menos, la dureza de la ruta y el desgaste a que nos está sometiendo la subida es tremendo, hasta Tristán serán tan solo 12 km. pero de constante subida, tan solo un par de rampas muy duras, pero la constancia del desnivel pasa factura, tanto física como mentalmente. Nos adelantan algunos bikers que veremos ya en Tristán, ellos por lo visto no se paran a admirar el paisaje, y es que llegar hoy hasta aquí y no deleitarse en la naturaleza que nos envuelve es un delito contra el buen gusto, pero como hay gente para todo, pues ya se sabe. Al llegar a destino tomaremos un pequeño camino junto a la Masía, a la izquierda que nos llevara tras unos 400m a lo alto de la montaña y nos dejará unas impresionantes vistas de las últimas montañas de la Calderona fundiéndose con el valle del Turia y volviendo a remontar en la comarca de los Serranos.

Lastima no poder disfrutar mucho más de estas vistas pero el viento aquí en lo alto es algo fresquito y la sudada que llevamos nos desaconseja quedarnos mucho rato, hacemos unas fotos y buscamos un buen lugar para almorzar. Estamos en la parte de las montañas fronterizas entre Valencia y Castellón, en el término municipal de Segorbe, a poco que ganemos altura también veremos la serra de Espadan, es por ello que la visita de la Calderona nos proporciona siempre espectaculares vistas panorámicas.




Ya solo nos queda la bajada. Esta será técnica por el estado del terreno, nos encontraremos con alguna rodera que nos templará los nervios y nos dejará con el pensamiento: "me la pego, me la pego". Curvas casi imposibles de 180º unidas a la velocidad de la bajada nos darán ese punto de emoción solo estropeado por el roce constante de los frenos y el consiguiente disgusto, tanto por el ruido como por ir frenado todo el rato, amén de la perdida de seguridad que nos produce.
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Una jornada tan intensa con nuestro amigo Stendhal nos ha llevado a trabar una relación tan estrecha que ya lo tuteamos así que a partir de ahora será "Joe", nos despedimos por hoy emplazandolo a quedar en la siguiente ruta.
Hacíamos referencia a la ubicación del Mas de Tristan en Segorbe, realmente muy cerca de Gátova, e aquí un enlace interesante para saber por donde nos movemos; podemos buscar un municipio y ver sobre Google Earth demilitado su término municipal, un juguetito que sin duda nos ayudará a orientarnos y de paso nos proporcionará unos buenos momentos de juego.
http://www.aitorgaston.com/tm.php