domingo, 16 de diciembre de 2007

Anexo Crónica La Rodana (08/12/2007)

Este anexo surge de la necesidad de dejar constancia de los cambios que hemos encontrando en nuestra ruta de hoy, ruta por otra parte de las más entrañables por no decir la que más, de este grupo de bikers que formamos Roda i Pedal.
Véanse las crónicas anteriores relacionadas con este, para nosotros, mágico entorno.

La Reina. Hacía tiempo que no la visitábamos y nos tenía tantas ganas como nosotros a ella.
Hay muchos calificativos para esta montaña: grande, salvaje, pura, exigente, pero solo la definiremos con un posesivo: nuestra. Nuestra Reina.
Por muchas cumbres que hayamos superado, hasta hoy no ha habido nada igual. No tiene parangón con su dureza. Nos examina con minuciosidad y durante cada centímetro de ascenso nos somete a un duro examen. Es tan intransigente como inflexible ante nuestro sufrimiento y el agotamiento al que nos somete desde el principio. Nos exige más en cada pedalada, sabiendo que si no nos mata nos hará más fuertes. Y eso es lo que somos, cada vez más fuertes tal y como han comprobado las cada vez más numerosas cumbres conquistadas.
El ya muy trillado camino de la Rodana nos deparaba hoy, después de varias semanas sin transitarlo, cambios significativos. La puesta en marcha de las actuaciones sobre el parque natural del Turia es lo que más ha llamado nuestra atención.
Se ha abierto ante nosotros una zona junto al río que hasta ahora era completamente inaccesible y la singularidad del paisaje, junto con la admiración que cada vez con mayor ímpetu sentimos por nuestro Turia, hacen que nos animemos a constatar lo que parece el inicio de un proyecto que a la vez que temido también ansiábamos.
El día comenzaba con la puesta en marcha del GPS para registrar el ansiado “track rodanero”, ya que de esta ruta por nosotros tantas veces transitada y aunque parezca increíble, todavía no lo teníamos.
A pocos kilómetros de la base y en concreto, a la altura del merendero de la presa hacíamos nuestra primera parada fotográfica.

El contraluz de los árboles, ya despojados de sus abrigos de hojas intentaba con sus desnudas ramas arañar el cielo brumoso, era una bonita estampa digna de desafiar el paso del tiempo en forma de foto. El sol, perezoso en estas primeras horas del día, se hacía de rogar ocultándose tras las nubes sin prisa por ganar altura. Esto daba a la estampa una melancólica y tenue luz matinal, casi invernal en estos últimos albores del otoño.
En esta zona ribereña es común el avistamiento de aves, hoy se dejaba ver una inmaculadamente blanca ave zancuda que al vernos alzo su vuelo majestuoso para posarse un par de centenares de metros río abajo.

Seguimos el pedaleo pasando ahora por el camino que un par de meses atrás ya fue intervenido por las actuaciones del proyecto del parque natural del Turia pero que hasta hoy, que hemos visto el resto, no habíamos interpretado como tal.
Pues bien, en esta zona es donde se ha presentado frente a nosotros la esquiva e imponente garza real, asustadiza y difícil de ver, ha emprendido el vuelo nada más divisarnos. Hemos la tenido la suerte de que una vez puesta distancia de por medio, ha tenido a bien posarse en lo alto de una torrecilla y regalarnos su imagen para que pudiéramos fotografiarla, cuestión que hasta hoy no habíamos tenido la oportunidad.

Magnifica visión es ver esta impresionante y grandiosa ave elevando el vuelo con su apabullante envergadura. Tras esto y luego de sortear el canal Jucar-Turia es cuando comienza la zona “nueva” de hoy.
La estrecha senda que durante tanto tiempo nos había hechizado con su claustrofóbica belleza ha dejado de existir tal y como la conocíamos, las máquinas han ensanchado el camino y aún estamos intentando asumir el cambio, cuando avistamos que la tan deteriorada subidita que íbamos a iniciar está más arreglada, pero lo realmente sorprendente es que la senda, prácticamente intransitable que nacía junto a la torre, ha sido también ensanchada por las máquinas y convertida en un camino, esta zona, antes cubierta de cañaveral ha sido arrasada y despejada para dejar paso a una senda que hoy nos ha deparado una inmensa alegría por lo insólito del cambio. Recorremos este camino admirando a cada pedalada todo cuanto nos rodea. Vemos aquí un río que nos parece nuevo, surcando un cauce invisible hasta el día hoy. Un cauce que aunque ha perdido en parte su intimidad, se nos muestra en todo su esplendor.

Un poco más adelante admiramos un inmenso sauce en la otra orilla que nos deja extasiados por su grandiosidad y belleza, allí asomado en su altura al otro lado del río, cuestión que no deja impasible a nuestra cámara que lo guarda en su memoria. Comprobamos unos metros adelante la presencia de un puente sobre el río que se adentra en el bosque de la Vallesa y nos quedamos con las ganas de transitarlo, pero en caso de que después no haya otro puente, nos veríamos obligados a volver o bien a circular por carretera para llegar a nuestro objetivo, así que lo dejamos para otro día y continuamos con nuestra ruta.
A partir de aquí todo es conocido aunque al llegar a Les Rodanes haremos un alto para contemplar el centro de interpretación de Les Rodanes y la Bassa Barreta, un paraje tan precioso como recóndito y que hasta hoy desconocíamos en detalle.







Ya hemos subido la primera rampa de Les Rodanes, tan dura como siempre, y ahora nos espera la segunda rampa antes de pasar los pilares que denominamos cariñosamente, “pilares de Hercules” porque parecen dar acceso a “nuestra” Rodana Gran. Llegados a este punto toca decir aquello de “chicos, aço va en serio”, pero no porque nos aceche ningún animal de cuatro patas, sino porque la escarpada subida que iniciamos al poco de traspasar sus lindes, nos anuncia lo único que vamos a encontrar en adelante hasta llegar a su cumbre, una tremenda subida. Toca pues ajustarnos los machos, respirar hondo y prepararnos para sacar lo mejor de nuestras entrenadas piernas a cada golpe de pedal, falta nos va a hacer.


A partir de aquí no contaremos nada nuevo, nada que no conozcamos de esta subida, tan solo ratificar el sentimiento de admiración que profesamos por esta montaña. Hoy ha sido en parte algo especial, ya que hemos repuesto nuestras mermadas fuerzas, tras recuperar el resuello, a pié de vértice, trasladando el peso que transportábamos en nuestras mochilas a nuestros famélicos estómagos, al tiempo de llenábamos nuestras retinas con la visión de algunas de las montañas en lontananza cuyas cumbres ya han sucumbido a la fuerza de nuestros pedales.

Hasta hoy nos hemos topado con cumbres más altas, más grandes, más largas, más míticas, pero.... no más duras. Esta montaña no solo ocupa el centro geográfico de nuestras rutas, sino también el de nuestros corazones.
No albergamos duda alguna de que en nuestras salidas recorreremos parajes nuevos y desconocidos mucho más bellos e impresionantes, pero si de algo estamos seguros es que por más cumbres que alcancemos, la culminación de La Rodana será siempre una victoria y como tal, inalcanzable.

Siempre nos permitirá coronarla pero jamás vencerla y por lo tanto, el reto de coronarla una y otra vez nos acompañará siempre y por esa sencilla razón, siempre volveremos. Hasta la próxima, vieja amiga.


martes, 11 de diciembre de 2007

Ruta Balsas de riego - Molinos de Alcublas (01/12/2007)

Esto se está convirtiendo en una costumbre, agradable, por supuesto. Seguimos conquistando más y más cumbres, dejando nuestra bandera en cada cima, llenando de muescas los sillines y, como no, coleccionando vértices geodésicos. Hoy apuntamos otro, el del alto de los molinos de Alcublas. Este singular paraje, de increíble belleza y bastante desconocido a pesar de su proximidad, nos ha deparado una jornada de pedaleo tremendamente intensa y divertida.
Como siempre, en la base ultimamos los preparativos y partimos con el remolque cargado hacia Lliria, en donde tomaremos la carretera dirección Alcublas hasta llegar a las balsas de riego. Dejamos atrás el “camí del canal” y junto a la masia Casa Carlos tomaremos el primer camino a la derecha para ir aparcando en cuanto podamos y hacer el desmonte rápidamente por las ganas de empezar.

Comenzamos a pedalear en una pendiente suave pero que nos acompañará inflexible hasta arriba de la montaña y, tras coronarla llanearemos hasta el pie del alto de los molinos a 906m. de altitud, pero no adelantemos acontecimientos.
Comenzamos a un ritmo suave ya que con las ganas de partir hemos olvidado los estiramientos y ahora necesitamos ir calentando la musculatura poco a poco, pues como decíamos, la pendiente es persistente y no afloja. Les voy poniendo en antecedentes de lo que nos espera y les muestro ante nosotros la cumbre del mirador, primera parada oficial de la ruta; digo oficial, pues las paradas fotográficas a lo largo del camino se harán, una semana más, imprescindibles para el pleno disfrute de la ruta.

El camino, empieza a serpentear mientras ganamos altura y con ella, los paisajes lejanos comienzan a mostrarse. La visibilidad, un sábado más es extraordinariamente clara y nos permite apreciar distancias increíbles, nada menos que 125km. en línea recta. Más cerca, las ondulaciones de las montañas por las que transitamos también nos alegran la vista, y un poco más allá, la plenitud de la Serra Calderona nos muestra todas sus cumbres, instaladas en estas primeras horas de la mañana en un azul oscuro, que, en contraste con el azul celeste contra en que se recortan, les otorga una estampa de pétrea y bella intemporalidad.

Conforme el sol va ganando altura en el cielo, comienza a arrancar el color de los pinos que pronto cubrirá las montañas de un intenso verde. Nosotros también notamos que junto con la dureza de la subida, ese sol nos va arrancando las primeras gotas de sudor que nos van empapando, y pronto, la chaqueta empieza a molestar, así que los más valientes ya están despojándose de ella y tirando de cuesta en manga corta.
Entramos ahora en un terreno rompe piernas de rampa, descansillo y ligera bajada que luego habrá que remontar para volver a empezar a subir. Ya estamos a una buena altura y llega el desvío de Torres, lo ignoraremos y continuaremos hacia la izquierda, momento en el que nos encontramos con los primeros cazadores de los muchos que veremos en el día de hoy; ellos, al igual que nosotros, también disfrutan del monte y como nosotros, también un grupo de motoristas nos ha adelantado justo cuando iniciábamos la marcha; afortunadamente no nos han destrozado mucho el camino. Nos estamos enfrentando ya a la primera de las rampas realmente duras que encontraremos; corta pero intensa nos hace poner todo el desarrollo. El camino, muy deteriorado, se encargará de poner la dificultad extra para dificultarnos el avance que se hace lento, tortuoso, difícil. Terminamos la rampa exhaustos y decidimos parar para recuperar el aliento, aunque la excusa será disfrutar de las vistas y hacer fotos.
Seguimos adelante con la mirada puesta en el camino que se insinúa recortándose en la montaña y dejándonos ver los fuertes desniveles que a no mucho tardar tendremos que afrontar. Llegamos hasta allí para comprobar que la dureza de las rampas es más visual que física, pues, tan pronto como empezamos a subir, esta disminuye y, comprobamos con alivio que el avance es más fluido de lo temíamos, por lo que con alegría en las piernas las abordamos.
Ya llegamos al desvío que tomaremos a la izquierda y nos llevará al alto del mirador, donde una buena rampa custodia el acceso; esta la superaremos no sin esfuerzo para llegar a un altiplano a unos 600m. de altitud, donde la grandeza de las vistas se convierte en todo un espectáculo.

Frente a nosotros, tachonando el paisaje, vemos con absoluta claridad todas y cada una de nuestras cumbres; en un cuadro absolutamente magnifico tenemos, distribuidas en dos líneas, unas tras otra aunque por la perspectiva todas agrupadas, las cumbres más renombradas y queridas por Roda i Pedal. Seguro que será una de las fotos de cabecera de nuestro álbum.

Buscamos a lo lejos todo cuanto podemos observar y en lontananza surgido de la bruma distinguimos El Montgó, pero para nuestra sorpresa a su derecha y por encima de la Serra Gallinera observamos otra cumbre mítica de la Comunitat Valenciana, la Serra de Aitana con su cima del mismo nombre sobresaliendo por encima de todo allá por los 1545m. de altitud.
Asombroso.

No nos cansamos de admirar y fotografiar todo cuanto se nos presenta ante nuestros ojos ávidos de belleza y, tras un prolongado deleite paisajístico en el que el síndrome de Stendahl vuelve a rondarnos, emprendemos de nuevo la marcha, para una vez llegado al cruce anterior seguir subiendo por espacio de unos 6km., hasta el alto del pico Pedroso. Realmente no lo coronaremos aunque todo sea dicho, porque el camino no lo corona sino que lo rodea hasta llegar al altiplano sobre el cual se eleva. Esta última rampa, también dura aunque con asfalto que facilita el pedaleo, nos hará coronar esta cordillera para llanear por espacio de 3km., en los cuales a la mitad ya tendremos vistas de nuestro objetivo de hoy.

Llegaremos a un desvío y lo cogeremos a la derecha para entrar en una carreterita asfaltada que bordea la montaña por su base; no será hasta el otro lado cuando al llegar a una granja surge un camino de tierra a la izquierda que, inequívocamente sube hacia la cumbre donde se ubican los molinos de Alcublas.
Llegamos arriba subiendo a muy buen ritmo (y es que no hay nada mejor que picar un poco al “torito” para que de pedales con ganas; luego, si puedes lo sigues….y hoy, aunque solo sea en esta subida, le he podido aguantar el ritmo) para comprobar con asombro que estamos ante un espectacular paraje. Los molinos, restaurados y perfectamente conservados, son el centro de un enclave desde el que las vistas sobre Alcublas son asombrosas. Mesas de obra salpican este alto convirtiéndolo en un buen lugar de esparcimiento si te animas a subir hasta aquí.

Tras unas mil fotos, llega el almuerzo, que al aire libre sabe mucho mejor, este solo interrumpido por el constante zumbido que las molestas motos se empeñan en propagar por la carretera; es incomprensible, pero lamentablemente cierto. Bromeamos sobre nuestra “antisociabilidad”, pues nos molesta el ruido y además no dejamos basura por allí por donde vamos… igual va a ser que sí que somos raros.
Después del sibaritismo que supone tomar un buen café calentito ya toca volver; ahora es casi todo para abajo pues los llanos vienen precedidos de grandes bajadas que nos darán impulso para llanear rápido y afrontar el descenso con un buen empujón que nos dará alas.
Tras esa primera rampa asfaltada y a una velocidad trepidante llega el momento de decir aquello de “¡Mare de Deu dels Desamparats!”; y es que el cambio de firme a esta velocidad te pone los nervios de punta, pues cuando ves que llega la transición no sabes si frenar o tirar para adelante. Hacemos esto último, rezando todo lo que sabemos y que no es otra cosa que el padre nuestro biker y que “reza” así:
“Padre nuestro que estas en los frenos, santificado sea tu nombre,
venga a nosotros tu horquilla, hágase su voluntad, así en las piedras como en los baches.
El pan nuestro de cada día dánosle hoy, perdónanos nuestras caídas así como nosotros
frenamos en cuanto podemos, no nos dejes caer en la dura tierra mas líbranos del mal.”

Con este soniquete en la cabeza vamos trazando curva tras curva en persecución de Salva que, arriba se lanzó a tumba abierta dejándonos a todos esperando a que pasara un coche. Nos lanzamos a por él de pie sobre nuestros pedales, con el sillín de nuestras maquinas entre las piernas, atenazado para dar ese último golpe de timón que ayude a la dirección a seguir en el camino; hemos marcado una máxima de 53km/h. pero Salva no se ve por ningún sitio.
Hoy es Carlos quien se marca un recto pero al menos él tiene el sentido común de hacerlo por un camino que se va no sabemos a donde, afortunadamente nos oye cuando le sacamos de su error y puede rectificar rápidamente sin perder nuestro ritmo. Un par de curvas más abajo y junto a otro desvío nos encontramos con el tránsfuga que nos espera pensando que igual se ha perdido en uno de los cruces; por fortuna no ha sido así.

Ahora todos juntos abordamos los últimos 7km. Me sitúo detrás del grupo para ir grabando la bajada. A pesar de venir ya almorzado voy a comer polvo por un tubo pues los tres jinetes que me preceden están limpiando el camino y tirándome todo a mí; parece que hasta las sombras levantan polvo, pero deseando que esta imagen salga en el video, seguimos el impetuoso descenso.

La cada vez más depurada técnica que estamos perfeccionando en nuestras últimas salidas se hace patente, pues a pesar de lo irregular del terreno y de que es un camino desconocido para nosotros lo estamos librando con gran comodidad y soltura; no obstante, alguna curva saca a relucir las más profundas virtudes de nuestros 18 quilates.
Firmes de determinación seguimos devorando curvas y kilómetros con una facilidad pasmosa, tanto que damos alcance a un coche que con su lento avanzar por estos caminos nos obliga a detenernos para dejar distancia y poder seguir con nuestro impetuoso avance.
Aprovechamos para hacer las últimas fotos y deleitarnos con los paisajes de montaña que nos rodean aquí en el valle en el que nos encontramos.

Volvemos a la carga disfrutando del final de la bajada y por lo tanto de la etapa. Tan corta se nos antoja que ya junto al coche alguno apunto está de seguir el camino. Nuevamente y, después de las felicitaciones, asoma a nuestros labios la sonrisa de la satisfacción por un trabajo bien hecho, y, es que no hay nada como disfrutar de un buen día de pedaleo con los amigos.





domingo, 2 de diciembre de 2007

Ruta Pedralba - Bugarra - Gestalgar (24/11/2007)

Dicen que la paciencia es una virtud, pero la espera hasta hacer esta ruta se estaba tornando tormento, pues desde que quien escribe realizó la rodada en solitario hasta haberla completado todo el grupo, ha pasado un tiempo y las ganas de volver a visitar y mostrar a los compañeros tan idílicos paisajes era grande. Pero con el tiempo y “paciencia” para soportar la espera, todo llega.
Y llegó el día de realizarla, tras haberlo acordado el la fallida salida de la semana pasada, pues por enfermedad del cronista la tan ansiada ruta de Aras se quedó por mi parte a medio realizar, y con más pena que gloria en el tramo realizado. Será la excusa perfecta para volver a ella en fechas más calurosas.
Pero hoy es hoy y aquí estamos descargando las bicis del remolque que hemos aparcado cerca del río, girando a la izquierda antes de llegar al puente de entrada a Pedralba.
Con el fresquito de la mañana nos ponemos en camino en dirección al campo del tiro. Primero nos acompaña una carretera asfaltada que dejaremos a los pocos km. para seguir recto por un camino que se dirige hacia las montañas. Enseguida notamos el desnivel, aunque es casi simbólico, todavía estamos en la zona de cultivos de naranjos y por tanto zona “habitada”. Pero esto cambia pronto; entramos ya en territorio biker tras un recodo del camino que nos deja en medio del monte y con la sensación de soledad que las desnudas laderas que nos rodean nos inspiran con fuerza, aunque hoy, al pedalear el grupo unido, la sensación es menos embargadora. Comenzamos la subida de las primeras rampas de verdad y estas se agarran rápido a nuestras piernas. Acabamos de comenzar la ruta y todo ha sido subir, por lo que no hemos tenido tiempo ni tan siquiera de calentar, pero de eso ya se encargará nuestra amiga la montaña.
Lentamente vamos ganando altura y las vistas tras nosotros se van magnificando con cada pedalada; además, la limpieza atmosférica de la que gozamos nos permite divisar distancias increíbles, justo hasta el mar, oculto tras la delgada línea brumosa que crece en la distancia.
Y como ya viene siento habitual, las primeras paradas fotográficas ya están aquí para inmortalizar estos parajes ondulados por los que transitamos. La frondosidad del monte bajo que cubre las laderas es tan abundante y rica que parece un prado, trayéndonos a la memoria imágenes vistas más propias de las laderas escocesas que de estas latitudes en las que nos encontramos.

Un imperioso deseo de congelar para siempre las bellas estampas que el paisaje nos ofrece a golpe de pedal, nos lleva aún a nuestro pesar, a detenernos a menudo a fin de disparar nuestra cámara y captar un poco de la esencia que la montaña destila a su paso, tal vez por el deseo inconsciente de poder transmitir a nuestros más allegados, parte de esa belleza que nos invade. Estas últimas semanas nuestra cámara se ha convertido en fiel aliada y compañera inseparable de aventuras , guardando en cada “click”, un valioso recuerdo que con el paso de los años nos hará revivir sin duda tan magníficos momentos.

Pero debemos continuar, por lo que seguimos subiendo a ritmo pues las rampas no son duras aunque si largas. Pero estas pendientes tendidas en la distancia no nos asustan pues nos dejan oxigenar con comodidad y no nos asfixian. El terreno, extremadamente pedregoso en tramos, es lo que más nos dificulta el avance, pues las piedras de considerable tamaño y alguna que otra rodera nos hacen esforzarnos por mantener la trazada en la subida.
Pronto llegarán las rampas más duras de todo el recorrido, cortas pero exigentes; se suceden una a la otra y tras superarlas coronaremos este lado de la montaña con unas vistas magnificas de todo cuanto nos rodea. Aquí ya comenzamos a vislumbrar a lo lejos los montes cercanos a Chulilla y esa parte de la serranía. Nueva parada fotográfica y trago de agua antes de emprender un tramo que nos llevará a la parte más alta de la ruta de hoy y con ella al desvío hacia la derecha para emprender la bajada.
Antes de esto pasaremos por un pequeño aljibe perfectamente conservado y que en medio de estos montes se convierte en todo un monumento que nada desmerece con las monumentales montañas que lo rodean.

Ante él se erige la cumbre más alta de la zona, que nos deja entrever el camino que lleva hasta su cima. Pero no será hoy el día que nos aventuremos a coronarla, aunque su sola visión en línea recta y por camino estrecho ya nos habla de su dureza. Lo dejaremos como futurible. Subimos lo que acabamos de bajar para llegar al desvío y con el a la zona más alta de la etapa 401metros de altitud, 350 metros de desnivel en 8 kilómetros, no está mal.
Preparamos el primer video de la jornada en la curva en herradura que inicia el descenso hacia Bugarra. La bajada larga, de casi 8 kilómetros que nos espera, sacara a relucir lo mejor de nuestra técnica, pues la velocidad así nos lo exigirá, aunque para alardes de destreza nos remitiremos a la bajada final, cuando al volver, descendamos la montaña que acabamos de subir.
Nos vamos dejando llevar por la pendiente cada vez más rápido y sorteando piedras, baches y roderas, apurando la frenada en las curvas, con mucha gravilla gruesa en los bordes y que nos indica el final de la trazada, el limite de la verticalidad, pues ir más allá sería una caída segura… o no, para ciertos privilegiados.
Con esa gravilla como marca máxima nos dejamos caer en busca de la siguiente curva, vamos de pie sobre nuestras monturas y apretando el sillín con las piernas para dar ese último golpe de timón que nos mantenga en el camino, ni demasiado lejos ni demasiado cerca del compañero que nos precede. Pero es que, acercarnos a él y esquivar la piedra que sale de debajo de su bici en el último momento es lo que da emoción a las bajadas, así que a sabiendas que tenemos que mantener una distancia de seguridad entre nosotros, esta se reduce y desaparece constantemente si nos dejamos llevar por la inercia de la bajada y la emoción que esta nos produce, hasta que algún pequeño susto nos devuelve a la realidad y con ella a mantener las distancias… por poco tiempo.
Tras una curva a la izquierda entramos en un terreno más bacheado de lo habitual y con una “magnífica” rodera y al poco de avisar del peligro que supone una curva no muy lejana, estamos cerca de sufrir una caída, “Salva-da” in extremis por una pericia (y por que no decirlo, toda la suerte del mundo) poco común a estas velocidades. Tras el susto y comentar la jugada llega la susodicha curva que, con el parón del incidente no nos a presentado peligro, pero que admitimos que si la velocidad hubiera acompañado…

Cruzaremos un puente sobre el formidable barranco en el que nos hemos instalado desde el inicio de la bajada, barranco formidable en la abundancia de su vegetación y que en época de lluvias recoge el agua de las laderas de las montañas. Nueva parada para admirar el paisaje, frondoso en este lado de la montaña y recortándose sobre nosotros las cimas cercanas al frente contra el cielo, que aquí en lo profundo del valle nos empequeñecen ante su imponente majestuosidad.

Casi hemos acabado la bajada y entramos en la zona más llana de este camino que nos llevará a desembocar en la carretera de entrada a Bugarra. Esta tiene un importante desnivel que aprovecharemos para marcar 57.6km/h. de máxima y disfrutar de la sensación de velocidad pura que da el asfalto.
La llegada a la zona de recreo del río Turia es todo un placer para los sentidos. El rumor del agua que abundante y limpia discurre con rapidez entre las piedras formando una corriente salvaje, parece casi impropia del río que conocemos manso y escaso aguas abajo. Toda la zona se halla bien cuidada y ahora en otoño atesora abundantes árboles que pintan las hojas que aún conservan de un amarillo casi furioso.

Al otro lado del río, las montañas se asoman no muy lejos para ver el discurrir del agua. Inmortalizamos el momento y nos dirigimos hacia la cabecera de la zona de recreo, para verla en su totalidad.

Después subiremos una escalera y cruzaremos por un puente de madera en precario estado, que nos obliga a hacer equilibrismo con la BTT cargada al hombro y que añadirá un poco más de pimienta a esta ruta.
Ascendemos por la “trepidante” rampa que ahora se nos torna en un suplicio y por esta carretera asfaltada iremos hasta Gestalgar, dirigiéndonos por la carretera de Chiva hacia el desvío de la Peña Maria.

Después bajaremos hacia el río para ir a la playa fluvial de Gestalgar en la zona de baño del Motor, donde encontraremos unas vistas increíbles del río en la parte de la pasarela que le sirve de embalse a esta pequeña pero magnifica playa, tranquilo en comparación a lo que hemos visto en nuestra anterior parada en Bugarra.

El tiempo apremia y no tenemos tiempo para detenernos más en la contemplación pues aún nos queda mucho por descubrir.
Nos dirigimos ya hacia la Peña Maria, remontando el cauce del río y viendo las cuevas que el la montaña del otro lado se asoman al precipicio sobre el agua. A poco más de un kilómetro el camino se bifurca, lo tomamos a la izquierda y subimos una pequeña cuesta que nos dejara frente a la fuente del Morenillo; una bucólica cascada de agua cae ante nuestros ojos, descolgándose por la pared de musgo y alimentando un pequeño estanque, todo esto encajonado entre dos laderas que parecen beber de la propia fuente para crecer hacia el cielo.

Volveremos sobre nuestros pasos hasta la bifurcación, que ahora seguiremos recto para cruzar sobre el río por un puente a ras de la corriente embravecida aquí por el caudaloso aporte de agua del canal que alimenta la central eléctrica que nos queda a la derecha. Remontaremos la cuesta hacia la izquierda y atravesando un puente, pasaremos por encima de este torrente atronador y seguiremos hasta ver a nuestra izquierda la Peña Maria.

Volveremos a bajar hacia el río para encontrarnos con una estampa de cuento de hadas; primero veremos el río con un agua tan límpida y cristalina que nos costará creer que es nuestro Turia, un remanso de agua tranquila, casi una piscina. La pasarela en la parte izquierda y justo al llegar a ella y ya con una visión directa de la peña, una imponente roca surgida del mismo río y que se eleva grandiosa en una pared vertical recortando allá arriba su silueta contra el cielo azul que hoy nos acompaña.


También vemos la cavidad que surge a mitad de la roca en la parte más cercana a nosotros y que desconocemos si se adentra o no en la montaña formando una cueva o si es solo una pequeña oquedad magnificada por la perspectiva. Cruzamos la pasarela para descubrir la fuente y el pequeño altar erigido en honor a la Virgen de la Peña y también las mesas de piedra a modo de merendero que bajo un inmenso árbol nos servirá hoy de zona de avituallamiento.

Después de almorzar, volvemos a cruzar el río y seguimos el camino por el que veníamos hasta la antigua presa de Gestalgar, no sabemos si abandonada antes de concluirla o derruida por una crecida del río, el caso es que sus muros de piedra son testigos permanentes de tan grandioso paisaje. Un poco más allá el camino toca a su fin para nosotros, pues una escalera que sube por la montaña nos impide proseguir por el angosto cañón que remontando el río llega hasta Chulilla, sin duda una ruta senderista de extraordinaria belleza que tal vez algún día nos animemos a realizar.
Estamos en el punto más lejano de la ruta y toca volver, pero antes de volver sobre nuestros pasos nos queda la guinda de la ruta, una angosta senda encajonada entre el río y la falda de la montaña vertical en la que al venir veíamos las cuevas.

Grabamos este paseo con la esperanza de que lo sinuoso del terreno unido a lo estrecho de la senda nos de un video memorable y en estas estamos cuando las sorpresas siguen saliéndonos al paso en forma de más fuentes que como no podía ser de otra manera nos obligarán a parar para hacer la foto. Esta pequeña senda nos llevará hasta Gestalgar en donde disfrutaremos de un último vistazo a la zona de baños, esta vez con el privilegio de la altura que nos ofrece una perspectiva distinta.
Ahora sí que nos queda repetir el mismo trazado a la inversa y la carreterita asfaltada, casi al final, nos dará un pequeño susto en una de sus trepidantes bajadas, en la que de tanto apurar la frenada nos daremos cuenta de que nos hemos quedado sin espacio para poder realizarla y ya apunto de salirnos de la carretera, daremos ese golpe de freno definitivo que haciendo un buen plano en la goma trasera nos dará esos escasos pero necesarios centímetros para volver a trazar en condiciones de seguridad, si es que aún estamos autorizados a usar esta palabra. Dejamos el asfalto para volver al camino de tierra y una consulta demasiado rápida al “GPS” nos hará recorrer un par de kilómetros extras antes de que la intuición corrija a la memoria. Nos quedan 7 nada despreciables kilómetros de pura y dura subida pero eso sí, sin grandes desniveles y con descansos entre rampas que nos harán llegar arriba sin un excesivo gasto de fuerzas; aunque claro está, hay que subir y sufrir para saborear el premio final.

La subida, más sosegada que la bajada anterior, nos permite ir apreciando un paisaje que antes nos pasó por el lado velozmente y sin detenerse; las laderas de las montañas totalmente cubiertas de vegetación y con unos colores increíbles, mezclando el verde de los romeros con el blanco de sus flores y el violeta, granate y lila de otras flores que inundan el paisaje.

Poco a poco vamos llegando arriba y comenzamos a sentir el cosquilleo de la adrenalina que se empieza a preparar para la bajada que nos espera; es el último premio del día y no queremos renunciar a él. La última parada para saborear las vistas y coger un poco de líquido antes de lanzarnos cuesta abajo. Así que nos ponemos otra vez a grabar mientras cogemos velocidad y comenzamos a trazar con maestría, la velocidad hace que levantemos polvo del camino y la perspectiva desde atrás es la vista de caballos desbocados al galope.

Pronto nos llega el golpe de adrenalina con cada latido y necesitamos mantenerlo por toda la bajada pues nos hace estar alerta y con todos los sentidos en estado de máxima tensión, así que sin asumir verdaderos riesgos pero sí con ese toque de pimienta que es lo que nos da vidilla, nos lanzamos en persecución de los compañeros; estos me obligan a ir cada vez más rápido para no perderlos de vista pues sino no saldrían en el video. Fijándonos en la trazada anterior intentamos mejorarla para ir más rápido, más fino, intentando esquivar el bache que aquí y allá intenta atraparnos. Las curvas se suceden con asombrosa velocidad, veremos quien es más rápido, ellas saliéndonos al paso o nosotros abordándolas, y en esta loca carrera estamos cuando de repente una de ellas puede con nosotros y el susto se apodera otra vez de todo el grupo, ¡¡¡pedazo de recto que acaba de marcarse el colega!!! Por fortuna en esta curva había escapatoria y tras una frenada colosal y un recoloque increíblemente rápido ya está otra vez bajando a tumba abierta.

Este incidente no merma el ánimo que se ha apoderado de nosotros y seguimos en un descenso trepidante que finalmente llega debajo de la montaña, pero contrariamente a lo que creíamos no al final de la bajada pues esta continua por un terreno descendente y mucho más recto, lo que hará que la velocidad ahora sea mayor que antes y con menos peligro.
Ponemos el plato grande rodando con el mayor desarrollo y comenzamos a dar pedales con una alegría y una facilidad tan pasmosa que nos anima a seguir con más perseverancia, incitándonos a ir adelantándonos unos a otros para coger más velocidad y esta no tiene reparos en acudir a nuestras ruedas. Con esta dinámica estamos en los 3 últimos kilómetros que nos llevarán de manera fugaz a terminar una rodada que, con el disfrute vivido desde arriba de la montaña, hubiéramos alargado todavía un poco más, después de todo el esfuerzo realizado y este final de ruta tan trepidante, las piernas parecen cobrar frescura y piden a gritos más caña, ¿será posible? , en fin, llegados al punto de partida y a pie de remolque, damos término a nuestra aventura con el acostumbrado apretón de manos seguido de las felicitaciones por tan magnífico final, una alegría conjunta nos invade, es el virus del biker que aflora cada día con mas fuerza y cuyo antídoto queremos ignorar, en resumen, esto nos ha sabido a poco. Repetiremos.