miércoles, 31 de diciembre de 2014

Crónica fin de año 2014   “ De Roda  i  Pedal   a…  Rodes  i Pedals” ¿¿??

“ Todo pasa, todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo camino, camino sobre la mar…..”

Antonio Machado

Pues sí,  aunque es una de esas cosas que menos me gustan de la vida, parece ser que todo tiene fecha de caducidad.  Por muchas ganas que se tengan y sin importar la ilusión que uno le ponga, al final, por un motivo o por otro todo proyecto llega a su fin,  como decía el cantautor, todo pasa…. , y bla, bla, bla….

Bueno, pues de esta forma es como ha estado a punto de comenzar esta crónica resumen de fin de año por razones que más adelante esbozaré muy resumidamente, pero que afortunadamente, poco a poco lo que hace unos meses parecía el final de una época, parece haberse solucionado como por arte de magia con el paso de los meses. (sería el calor que todo lo altera…). En lo que a mi respecta os diré, que tras mucho reflexionar y tras muchas horas de pedal en solitario durante este  pasado verano-otoño, he llegado a la conclusión que el poder salir a pedalear, charlar, almorzar y echar cuatro risas con los amigos cada sábado es un  lujo a la vez que una terapia la cual no tiene precio, más allá de lo pura y meramente deportivo que sí.., está muy bien eso de mantener el cuerpo en forma, rodar a tu ritmo, salir a tu hora, elegir destino, etc., etc., pero si pedaleas siempre solo, poco a poco todo se torna más frío y carente de chispa y a nada que te pares un poco a pensar entre subida y subida, tarde o temprano todo acaba convirtiéndose en algo falto de sentido y de lo más importante, que no es más que aquello que realmente mantiene además de tu cuerpo “tu cabeza” igualmente en forma, y es ahí es donde se encuentra ese “elixir” mágico que te impulsa a despertar cada sábado con las ganas de encontrarte con los amigos en busca de esas sensaciones que como un adicto al pedal, sábado tras sábado necesitas.

Bien, pues la cosa empezó por motivos derivados del trabajo de Kike, que ya nos mermó el grupo muchas semanas del año por cuestiones de  incompatibilidad de horarios  como viene siendo costumbre estos últimos años;   después tuvimos la mini lesión de Luis, esa molestia en las rodillas que le impedía poder rodar al ritmo habitual haciendo las rutas demasiado encorsetadas y faltas de ritmo para algunos de nosotros, en definitiva, problemillas que desembocaron en una rotura “provisional” llegando incluso a dilapidar esa maravillosa complicidad que teníamos los sábados de compartir pedal, almuerzo y charla,  que aunque no llegó a dinamitar por completo el grupo, si que causó “desperfectos” a los cuales sinceramente,  costaba acostumbrarse.

Resumiendo lo que ha sido este “atípico” año de Roda i Pedal ,   Enero empezó  “casi” con la normalidad habitual, normalidad que fue decayendo semana tras semana hasta volverse prácticamente insoportable (ciclísticamente hablando, claro está...)  a finales de marzo, por algunos de los problemas comentados. La experiencia ciclista nos indica que cuando se empiezan a tener demasiadas divergencias o gustos diferentes a la hora de rodar,  es que algo pasa, y así fue, hasta el punto de que durante unos meses la cosa quedó de esta manera: 

Kike no podía venir casi ningún sábado, por lo que rodó en solitario el día que podía;  mientras tanto Luis, no podía adaptar su ritmo rodador habitual al de Carlos ni al mío, por lo que salió los sábados también en solitario, rodando al ritmo que le permitian sus rodillas, y Carlos con sus “compromisos” habituales de los ”friday night”, fallaba más que una escopeta de feria, aunque en ocasiones cierto es, acompaña a éste viejuno que todavía le da matarile si se descuida, (claro, como no entrena…) y  así fue la cosa durante muchos sábados, rodando solito por las rutas habituales debido entre otras razones, a las incompatibilidades de rodaje al no poder ajustar mi ritmo al de Luis ni Luis poderlo ajustar al mío, en fin, un p…   desastre.

Así han ido las cosas durante casi medio año, aunque como se ha comentado, todos hemos seguido rodando como de costumbre con la esperanza de que en cualquier momento pasara algo que volviera a reunirnos de nuevo y poder rodar cada sábado “en grupo” con la misma ilusión y ganas que siempre hemos mostrado, ilusión que viene siendo la razón de ser del grupo durante estos casi 20 años de pedaleo continuado que algunos de los miembros de Roda i Pedal acumulan ya en sus piernas y felizmente,  así ha sido y todo parece haber vuelto a la normalidad en este final de 2014.

Este es el resumen de como transcurrió el año pedalístico del grupo:

ENERO
Empezamos como ya viene siendo habitual, con viento, aunque no por ello cejamos en nuestro deseo de rodar como cada sábado y en esta ocasión empezamos con una ruta habitual desde hace ya algunos años  la primera semana del año,  Chiva y sus “Reyes Magos” nos recibieron como de costumbre y esta vez, con un invitado muy especial, Javier,  el cual no sin esfuerzo,  coronó la cumbre del calvario en su primera visita a este precioso lugar en compañía del Roda i Pedal  al completo como no podía ser de otra forma.


FEBRERO
La rutina se instaló en nuestros pedales, y rodamos muchas semanas a la misma zona, nuestra querida Bassa Barreta. Tal vez esa rutina no era más que el presagio de algo que se cernía poco a poco sobre el grupo, aunque nadie lo queríamos ver..



MARZO
Más de lo mismo, salvo alguna semana que Kike pudo compaginar horarios y lograba romper por momentos esa monotonía apática y falta de chispa que como un virus ya se había instalado sin remisión en el grupo, y al final llego ese día, ese momento en que la gota colma el vaso y con ello, las “reflexiones” al llegar a la base se hacen patentes. Hablamos como buenos amigos que somos pero poniendo las cartas boca arriba, sin prejuicios, sin falsedades y sin malos rollos; tras darle un par de vueltas la cuestión que se debate, lo cierto es que de esta forma no podemos seguir, por lo que se plantea buscar soluciones que nos acomoden lo máximo posible a todos. Tras el análisis de las carencias, los gustos, las razones, los porqués, los pros y los contras, la solución es meridiana, si queremos salir sábado tras sábado como siempre, de momento no podemos hacerlo en grupo, salvo en contadas ocasiones como son las grandes rutas de finde-biker, cuyos recorridos resultan más fáciles en cuanto lo que es rodar a ritmos acompasados.



ABRIL, MAYO, JUNIO, JULIO,  AGOSTO y SEPTIEMBRE
Cada uno a su bola…, así transcurrieron estos meses donde cada uno salimos cuando y como  nos acomodaba, ajustando los horarios de salida a gusto del consumidor, unos casi al alba, otros en horario “más humano” pero mucho más caluroso, otros entre semana, otros los sábados, aunque eso sí, al final de la ruta seguimos compartiendo las cervecitas habituales en la base y por lo tanto, manteniendo mínimamente el contacto, eso sí, falto de esas  “vivencias” que es lo más preciado de las rodadas.



OCTUBRE
Y por fin se fue el calor sofocante y con él los malos espíritus que parece ser nos acompañaron a lo largo de  estos meses. De nuevo empezamos a rodar todos juntos resueltos los problemas surgidos meses atrás, y como no podía ser de otra forma lo hicimos a lo grande, marcándonos un fide-biker de los que hacen época, ni más ni menos que  en la Serranía de Cuenca.   Lástima que Carlos no nos pudiese acompañar por su “compromisos” habituales, o tal vez porque quería quedase en casa “solito” y campar a sus anchas, en fin…., si tuviera 23 años y ……   a lo mejor también me hubiese quedado…



NOVIEMBRE
Durante este mes, rodamos felizmente de nuevo en grupo, alternando las zonas habituales de les Rodanes, Sant Miquel, Santa Bárbara, etc., con mucho que hablar, debatir y comentar por ciertos asuntos personales de uno de los componentes del grupo, cuestiones que nos preocuparon al resto más allá de lo normal y que nos hicieron ponernos las pilas a más de uno, con el firme objetivo de sacar del bache, que digo bache.., del socavón, en el que se había metido el gachó. Pero con paciencia, buenos consejos, amistad sincera (y mucha cerveza..), todo se arregla, y poco a poco todo parece estar volviendo a la normalidad, aunque el tiempo tiene su última palabra, razón por la que habrá que esperar, mantenerse en guardia y seguir luchando por aquello y/o aquellos a los que queremos.



DICIEMBRE
Durante este mes volvimos a la normalidad,  al menos en cuanto al pedalear se refiere, con el único “hándicap” de no poderlo hacer al completo, pero en esta ocasión, únicamente por razones de fuerza mayor por parte de dos de los miembros del grupo que no se pudieron sumar a estas placenteras rodadas.  De nuevo han vuelto esas sensaciones de complicidad y de charla, esos momentos de paz y sosiego en plena montaña tras ese primer largo esfuerzo, esa anhelada parada para reponer fuerzas sin importar demasiado el punto de destino, ese bocata al que siempre acompaña esa birrita, ese humeante café, esa charla sincera.., esas pequeñas cosas señores,  son las que realmente  ( al menos bajo mi punto de vista) no tienen precio y son en definitiva las que hay que saber valorar en su justa medida;  no se trata de establecer records semana tras semana, ni de buscar cumbres imposibles, ni de querer descubrir semana tras semana recónditos lugares que impliquen correr riesgos innecesarios, todo eso ya lo hemos vivido y logrado en su momento, “cuando tocaba”, lo que no significa que no podamos hacerlo cuando nos apetezca, pero ahora pienso que lo realmente válido y placentero de cada sábado es algo mucho más sencillo y simple de lo que hayamos podido pensar y está y ha estado ahí siempre… a nuestro alcance, como antaño en aquellos inolvidables días de pedal, naranja y espigón , solo hay que ser conscientes de todo lo bueno que nos rodea, de saber valorarlo en su justa medida y si así lo hacemos, el hechizo está servido,  la fórmula mágica que lo genera es sencilla…, “ Poner en una olla un generoso chorro de charla, al que añadiremos  unas gotas de amistad al gusto, unos pellizcos de risas aderezadas con bromas frescas,  todo ello al dente y bien disuelto en un buen caldo fresco a base de cerveza amasá, y tras remover el calducho resultante al son de unas miles de pedaladas bien trituradas con un ligero y suave picadillo de esfuerzo, sudor y un ramillete de ganas, un poco de humor en rama, y como viento no ha de faltar..”,  la pócima estará completa, así de fácil. 


Seguimos rodando.  Feliz año.

sábado, 18 de octubre de 2014

Serranía de Cuenca (Villalba de la Sierra-Las Majadas-La Raya-Los Callejones)


Un año más acudimos puntuales a nuestra cita con el finde biker, ese pequeño espacio de tiempo que a lo largo del año compartimos con nuestras parejas y amigos, todos juntos en algún entrañable y desde este momento inolvidable rincón de la geografía valenciana y, en las últimas salidas, en provincias cercanas.

Venía este año el evento con más carga emocional que en otras ocasiones para quien escribe, y también para el resto del grupo por ser partícipes de dichas cargas, aunque por supuesto no se le hace ascos a este importante evento anual, si es cierto que lo afrontaba con una cierta pasividad y falta de la euforia de otros años. Pero vamos a lo que interesa que si no esto se enfría.
El añorado grandote y por primera vez en un finde biker ya no estaba con nosotros, por lo que  la logística del viaje nos ha obligado a alquilar un vehículo “ ad-hoc” que ha sido una de las principales distracciones, convirtiéndose en el tema de conversación y bromas, tanto en los días previos como a lo largo del finde.
  
El “10 metros”, como lo hemos bautizado, y nadie me convencerá de lo contrario, tenía cabida para las 3 parejas, las 3 burricas y todo el equipaje; la francesita entre las dos yanquis podía deparar una canadiense después de tantas horas de estar tan juntitas rueda con rueda e intercalar pedales… dejemos ahí el tema, no más charcos.  Pues allá que vamos todos contentos y felices en el monstruo al que voy domando poco a poco de camino a la Serranía de Cuenca. Menos animados en el viaje que en otras ocasiones, también contribuye un poco a ese amuermamiento que he ido sintiendo a lo largo de estos días, y me perdonaran los compañeros que vuelva una y otra vez a insinuar el tema para una mejor comprensión de las cosas.
Llegamos al estupendo hotel que tenemos reservado en Villalba de la Sierra y tras acomodarnos, se hace urgente meter combustible en el cuerpo antes de cenar y tener una primera ronda de cacharrito y cerveza a gogó, con las bromas pertinentes, antes de irnos a dormir con el gusanillo de “la ruta que nos espera”. Y aquí está el sábado por la mañana dispuesto a dictar sentencia.

La ruta

El día despejado, sin viento y con una temperatura que condensa el aire que exhalamos al hablar, eso lo dice todo. Por supuesto de largo. Iniciamos la ruta con una breve y tempranera discusión por las pilas del GPS y, tras cambiarlas, mantenemos todo el trayecto hasta Las Majadas con el “treki” apagado para ahorrar batería,  pues las pilas de la cámara también están muertas, vamos bien…,  ya solo falta que pinchemos mi rueda trasera que está sin tubeless y voy con cámara,  y aunque todos llevamos una de repuesto, con el tiempo que llevan ahí guardadas igual están pasadas o pinchadas o podridas, vete tú a saber.
Continuando con la ruta, al menos en este tramo no hay pérdida posible, carretera siempre hacia arriba, si no sube no es la correcta. 

El inicio pronto nos deja dos improntas: por una parte los preciosos paisajes de la vega del río con los chopos pintando en amarillo, y por otro el calor que se acrecienta a cada pedalada hacia arriba. La subida es constante y aburrida por asfalto, pero la falta de rampas fuertes nos hace coger un ritmito cuartelero que en algún momento nos hará pedir un poco de tregua para recuperar pulsaciones y algo de fuelle. La subida también va sirviendo de terapia anti estrés de esa que nos procuramos nosotros mismos a falta de alguien mejor con quien hablar, bueno, mejor dicho a falta de profesionales con los que hablar, mejor imposible. Así llegamos a la conclusión de la paradoja entre la vida y una ruta ciclista… en fin. Y es que nos conocemos tanto que tenemos hasta los mismos pensamientos, como en la cena de anoche con el temita de la fuente de migas que tanta gracia nos hizo a Luis y a mí.
Seguimos subiendo, seguimos sufriendo y sudando, aburridos de tanto negro asfalto hasta que los buitres irrumpen en nuestro campo de visión. 

Preciosos bicharracos si es que algo así puede ser bonito, pero sí, lo son. Inmensos, impresionantes, majestuosos en su suave planear. Vamos tomando nota mental de la subida, de estos interminables 14 kilómetros de carretera que tendremos que repetir de bajada y en la que juramos no dar ni una sola pedalada, si podemos evitarlo.  Mientras tanto, vamos disfrutando de la conversación y de las enormes pinadas que nos rodean, las cuales aportan su característico aroma, más intenso bajo la sombra y la humedad que aún se destila de la noche recién disipada. Durante el ascenso, nos adelantan muchos coches que veremos parados más arriba en los caminos para buscar las preciadas setas, pero nosotros a lo nuestro que es dar pedales hasta una imponente bajada de poco más de un kilómetro que nos deja en el corazón del pueblo de Las Majadas.  Aquí entre el “Treki y la Martita” nos guiarán en el periplo por el interior de la serranía, por los bosques casi infinitos que aquí aún se conservan más o menos intactos.

Dejado el asfalto empezamos a ver los efectos de las últimas lluvias en esta zona, allí en Valencia no llueve ni con los grifos abiertos. Esto, además de algún charco en el camino y el consiguiente barro, deja unas postales inolvidables en las “retinas”, que almacenan terabytes de información para guardar cada una en sus respectivos discos duros. Y los aromas, deliciosas fragancias que saturan nuestros sentidos. Enormes pinos se elevan rectos hacia este cielo azul que hoy nos acompaña. Bordeamos la muela por la parte norte, y en nuestro lento periplo hacia el este y el sur, contemplaremos los extensos pinares y los verdes prados salpicados de miríadas de lágrimas de vida. 

En contraluz con el sol el espectáculo visual está garantizado y nos hará sacar la cámara para intentar capturar ese fugaz instante que la memoria, perezosa, no será capaz de retener intacta con el paso del tiempo.
Esperamos inminente la subida que nos lleve al cielo de nuestra ruta, pero ese instante se resiste más de lo esperado y hacemos, tardía, la parada del almuerzo en un prado al abrigo de la arboleda, donde no hay ni una piedra que nos pueda servir de asiento por raro que parezca. 

Cae el bocata y la cerveza como por ensalmo para dejar un poco mejor repartidos los pesos y los equilibrios, a la vez que también para saciar un hambre que ya hace rato iba insinuándose de forma más que insistente. Otra vez los buitres nos sobrevuelan viendo como nos cebamos y buscando la presa más fácil del grupo, seguro que por arriba nos esperarán otra vez. 

Nos ponemos nuevamente en marcha con el camino desdibujado en algunos tramos o completamente anegado y enfangado en otros, motivo que nos obliga a ciclar por encima del prado siguiendo un rumbo que no un camino. Poco a poco la subida va tomando forma hasta un pronunciado giro a la derecha que nos mete totalmente campo a través hacia una montaña que parece no tener salida. Si la tiene, bajo los árboles y por un viejo camino que alguna vez perteneció a un barranco. A mitad de la subida el insoportable calor me obliga a quitarme la chaqueta y seguir en manga corta, curiosa circunstancia que será aprovechada por mis compañeros para sacarle punta y tenerme en jaque el resto de la ruta y, por qué no decirlo, del viaje.  El “camino” roto nos obliga a tirar de potencia y de técnica salvando algunas pronunciadas roderas hechas por la fuerza del agua. Arriba otro giro a la izquierda y ya más o menos en llano encontramos otro viejo camino embarrado en ciertos tramos y con más ruido que nueces en la mayor parte de él. Todo el barro que nos amenazaba en algunos de estos tramos se ha quedado solo en eso, amenaza, pero por hablar, allí asoma “Murphy” para dictar su ley y condenarnos a pasar un tramo de 2 metros que haría la delicia de los amantes de este “soliquidoelemento” llamado barro, fango o “cagoenlaputacomomadejaolasruedas” que nos pone un puntito de agresividad y de mosqueo que no tiene precio.
Enlazamos con una pista en mucho mejor estado y la tomamos a la izquierda. Poco después aparece, en medio de una recta, una vigorosa y altiva figura en medio del camino. 

No, no es el hada esa que siempre esperamos encontrarnos en medio del bosque en una ruta, es un ciervo, parado en el camino y… sorpresa, otro más pequeño aparece para cruzar el camino y ambos desaparecen entre la frondosa protección vegetal. La estampa nos cautiva e impresiona sobremanera, hemos intentado capturar la furtiva imagen pero la distancia y un pequeño movimiento al final puede que nos haya arruinado el momento. Con esta alegría danzando en nuestro interior llegamos a un cruce de caminos para seguir casi recto, un izquierda derecha rapidísimo y otra vez nos vemos inmersos en medio de la pinada. 

Encontramos algunas curiosas formaciones rocosas que nos anticipa el espectáculo de Los Callejones de Las Majadas y que nos servirán de marco para alguna foto de grupo. Tras la foto estamos ansiosos por iniciar la rápida bajada que intuimos hacia los precipicios que dominan Uña y la preciosa laguna que hay junto al pueblo.  

Así  pues,  iniciamos poco a poco la bajada, pero de rápida no tiene nada. Al poco nos damos cuenta de lo que nos espera y rezamos para que el tramo sea corto, pero ni lo uno ni lo otro, nos acabamos de meter en una trampa. El “camino” comparte espacio con un barranco, y ya sabemos que es lo que estaba antes. Las piedras alfombran el firme y aunque sea de “bajada” no paramos de tirar de potencia para salvar los pedruscos o los badenes que forma el paso de agua cuando la hay, menos mal que está todo seco.
Aún así, el control sobre la bicicleta es el justo para dirigirla hacia donde queremos, luego es la suerte quien decide la trazada, el que cojas una piedra o la de al lado, y que la que pilles se mueva menos que la otra para tener una mejor estabilidad y un mejor punto de apoyo para asaltar el siguiente obstáculo. Solo los innumerables ciervos que corren junto a nosotros por las laderas, y que cruzan el camino frente a nuestra atónita mirada, nos hacen apartar los ojos del camino en un acto reflejo por captar esos momentos tan efímeros que la naturaleza en contadas ocasiones nos ofrece, aunque son momentos que una vez volvemos la vista al suelo no sabemos con qué nos vamos a encontrar… o sí, y es que la vida, a veces, es una puta mierda. 

Cada parada para una foto o cualquier otra circunstancia es un respiro que tomamos como una bendición y con una mirada interrogante a los compañeros preguntando si falta mucho. Esta nueva modalidad de "bike-ranquismo" que estamos probando hoy no nos está gustando demasiado, pero ya que estamos metidos vamos a llegar hasta el final.

Los improperios y demás maldiciones, tacos y juramentos ya hace rato que los hemos agotado. Este tramo de unos 7 kilómetros entendemos que es “ciclable” si tienes una experiencia encima de la bici, una técnica razonable y una buena forma física para afrontar el duro esfuerzo al que este tramo nos somete, si no es así es un pequeño suicidio pues el tramo no da, no solo ni un segundo de respiro sino que además consume más energía que la propia subida. En fin, cada uno que juzgue la dificultad sobre sus propias piernas y brazos, pero visto lo visto casi nos habría convenido iniciar la subida en Uña y hacer un tramo de unos 400 metros no ciclables hasta arriba del Escalerón y allí enlazar con el camino, dar la vuelta hacia Las Majadas y en la cara este de la muela bajar por asfalto hasta la presa, que era una de las variantes estudiadas, pero al final descartada por el tramo de empujar la bici cuesta arriba.
En este caso las siempre fiables rutas de Pitarque no nos han convencido del todo, por no decir que en este caso “nos la ha clavado hasta el fondo”.

Salimos del barranco para toparnos de frente con una de las postales más espectaculares que hemos visto en todas nuestras rutas. La laguna de Uña con su cinturón de árboles amarillos tomados al asalto por el inminente otoño que no deja de anunciarse pero que se retrasa semana tras semana. Este centro fotográfico está perfectamente enmarcado por la grandiosidad que otorgan los tremendos cortados a un lado y otro, caídas verticales de más de un centenar de metros y que, perfiladas en las rocas desnudas, muestran una intensidad apabullante cincelada a golpe de viento, agua y tiempo.
Aunque hacia arriba el espectáculo sigue: los buitres sobrevuelan todo y se adueñan de un paisaje cada vez más grandioso conforme más detalles somos capaces de captar. Nos emborrachamos de paisaje, de sensaciones, de emociones encajadas en los resquicios que el cansancio va dejando conforme vamos recuperando las pulsaciones y destensando los músculos. Miramos con avidez y fotografiamos todo a nuestro alrededor. 

No podía faltar una foto de grupo en un lugar tan grandioso como este, nos hubiera gustado que estuviera aquí Carlos para hacer de este sitio algo aún más especial con todo el grupo al completo. Bordeamos el acantilado por el camino de la Raya y vamos asomándonos a distintos miradores para obtener nuevas panorámicas que nos impresionan tanto como las anteriores. Los toboganes del camino por los que pasamos también nos los llevaremos de recuerdo. 

Llegamos por fin a un mirador que nos ofrece la última vista de la laguna y el pueblo, a partir de aquí el giro hacia el norte nos alejará de la laguna y nos hará transitar junto al barranco de la Madera y luego junto al del Molinillo formando un inmenso cortado que delimita la vertiente oeste de la muela. Este tránsito nos dejará alguna postal lejana del Júcar al encuentro del Ventano del Diablo, que no veremos por bien poco pero que situamos en las montañas lejanas que cierran el valle. En algunos momentos el cielo es una nube negra de tantos buitres como nos sobrevuelan. Y así afrontamos la última subida del día, aunque decir esto siempre es aventurado.
Junto al camino que se adentra a uno de los miradores, y bajo unos hermosos árboles, decidimos hacer la parada para comer el segundo de los bocatas que llevamos en el zurrón. El cansancio es tal que las fuerzas flaquean y gritan con ganas la necesidad de algo de gasolina. Tras la comida, que es lo más inminente, y viendo la hora que es, decidimos pasar de este mirador y seguir hasta el siguiente que está junto al camino y no hay que desviarse, en él podremos apreciar con la misma claridad la profundidad del cañón y el soberbio espectáculo visual que se abre ante nosotros. Siguiente objetivo Los Callejones de Las Majadas. Una especie de ciudad encantada al más puro estilo conquense. Llegamos junto con otro gran grupo de personas que se disponen a pasear por esta ciudad de piedra. Este hecho hace que el moverse con las bicis entre tanta gente sea complicado y algo molesto para todos, como además no vamos muy bien de tiempo, pues aún nos quedan por bajar los 14 kilómetros de carretera, decidimos hacernos un par de fotos con las rocas quizá más representativas del entorno y que están más próximas a la zona de aparcamiento y acceso al lugar. 

De aquí nos dirigimos otra vez al pueblo para cerrar el círculo e iniciar la subida de la carretera que nos dejará la pista libre para un descenso épico. Este sí rápido, divertido y seguro por asfalto. Velocidades punta de 60 kilómetros por hora, nos hacen tener todos los sentidos alerta y tocar con tacto de seda las manetas de los frenos lo justo para quitarle la aceleración de sobra a la bici sin matarle la alegría con la que toma cada curva. Llegamos al hotel con la tensión en el cuello de aguantar en una posición aerodinámica y en las manos de tanto frenar, pero con un subidón de adrenalina que nos pinta la cara de los colores y olores de la felicidad que hemos sentido en estos largos e inolvidables 80 kilómetros de maravillosa ruta, una gozada.

Tras la ruta el encuentro con las chicas. A falta de un espacio mejor, utilizamos la enorme furgoneta como lugar de reunión y allí desmenuzamos los pormenores de las rutas, la nuestra y la de ellas bajo los atentos cuidados que nos brindan las cervezas fresquitas que salen casi sin descanso de la neverita rodapedalera.
Un poco más tarde y tras la reconfortante ducha, la cena sigue siendo un aluvión de anécdotas en el que seguimos desgranando detalles y situaciones que ponen más de una risa en la mesa antes de retirarnos para seguir haciendo agujero en la nevera.

Domingo

Desayunamos con la tristeza de tener que dejar el hotel e iniciar la última parte de este finde, y nos dirigimos al Ventano del Diablo que nos viene de camino hacia Uña.

El Ventano es un gran balcón abierto al cañón del Júcar y con unas vistas soberbias sobre él y sobre las cuevas al otro lado del río. Es toda una sensación asomarse a este impresionante mirador que nos dejará hipnotizados ante su curiosa ubicación. 

Luego llegamos a Uña para disfrutar de un recorrido junto a la bella laguna que ayer veíamos a vista de buitre y que hoy gozaremos a ras del suelo. El espectacular colorido de La Otoñada que pasea su manto de color por todos los rincones de este espacio natural de tan singular belleza nos hará deleitarnos en estas horas finales de otro magnífico fin de semana en la mejor compañía posible. 

En fin, este es el breve relato de lo mucho y bueno que ha dado este inolvidable Finde Biker 2014. Hasta pronto.



Track de la ruta: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=8189225 

martes, 31 de diciembre de 2013

Crónica fin de año (2013)

Pues como viene siendo costumbre desde hace ya  algunos años, vamos a tratar resumir con la presente crónica,  el año “ pedalístico” de Roda i Pedal que hoy cerramos,  es decir, sintetizar lo poco o lo mucho que han dado de sí las rutas cicladas tras el fugaz paso de los doce meses transcurridos.
El año ha sido, meteorológicamente hablando, un tanto complicado, ya que la lluvia y sobre todo el viento, se instaló en estas tierras durante los primeros meses y nos “tumbó” varias veces las salidas previstas en las rutas de gran recorrido, pero en fin, esto no ha sido impedimento para que hayamos rodado en 52 ocasiones, recorrido casi 3000 kilómetros y gozado como siempre, de cada pedalada en compañía de los compañeros de afición.
Pero a estas alturas del año y tal vez dejados llevar por la melancolía que estas entrañables fechas provocan sin quererlo, nos asalta el pensamiento no solo el recuerdo de todo lo ciclado durante este año que ya termina, sino de todo lo vivido hasta el momento en relación con ésta nuestra afición (o una de ellas..). Y es que al mirar atrás nos invaden los recuerdos, esas mismas evocaciones que avaladas por la ingente cantidad de imágenes capturadas a lo largo de estos años, dan fe de lo mucho compartido, de lo mucho ciclado, de lo mucho recorrido y en definitiva de lo realmente importante, lo mucho disfrutado.
Este pensamiento nos precipita sin remisión al pozo de los recuerdos, y al hacerlo,  nos damos cuenta de que la historia de Roda i Pedal ya ocupa un espacio considerable en nuestra memoria y que decir en “bits” en los discos duros de nuestros PC´s.
Por esta razón, vamos a permitirnos la licencia y con ella, el derecho a un cambio en el rumbo de lo que viene siendo la crónica habitual de fin de año, con la única finalidad de remarcar con el afecto que se merece, una pequeña parte de esas vivencias que se agolpan en nuestra memoria y que ya forman parte indisoluble de la historia de Roda i Pedal.  El resumen habitual lo dejaremos esta vez plasmado en "imágenes de archivo" y como es habitual en forma de “calendario”   para que presida nuestro particular RC  durante todo el año venidero.


Calendario Roda i Pedal 2014

Y es que desde aquella mítica primera foto del 26 de enero de 1995 (¡el pasado siglo!) en lo que podríamos denominar como nuestro primer paseo en bici, fue sin duda alguna toda “una experiencia religiosa” para los dos componentes que por aquel entonces iniciábamos andadura, experiencia que aquella mañana y sin saberlo,  estaba a punto de fraguar en aquello que años más tarde denominaríamos como   Roda i Pedal,  y que hasta hoy, viene siendo un estilo de vida que ocupa gran parte de nuestro tiempo libre cada fin de semana “sin excepción”, ahí es nada. 


Aquel día, solo uno de nosotros quedó plasmado en la instantánea (y fue Luis el retratado, custodiando orgulloso las dos flamantes bicis de aquella época ya tan lejana.…) ya que aquella mañana no recuerdo bien ni el como ni el porqué,  se nos ocurrió coger una cámara y hacer una foto, hecho que sin pensarlo, marcaría en un futuro otra de las rutinas del grupo ante cualquier nueva ruta, como es la de inmortalizar los lugares y los buenos momentos a través de la fotografía, costumbre que desafortunadamente, no implementamos de forma rutinaria hasta pasados unos cuantos años con la venida de la fotografía digital (la cosa tenía su lógica..).



La Cova 1995

La Cova 2013
Fue un 16 de junio de 2007 en el que nos hacíamos nuestras primeras fotos biker "en grupo" con aquella tan “maravillosa” como hoy precaria cámara digital ("sin pantalla", que solo nos permitía hacer 6 fotografías a una resolución decente y que además, uno no salía en la foto, claro...), desde entonces ha pasado mucho tiempo, pero si lo analizamos con detenimiento, habían tenido que  transcurrir 12 años antes de que se nos ocurriese que podíamos (y debíamos) inmortalizar la mayor parte de nuestras vivencias a lomos de nuestras bicis, y es que eran otros tiempos....

Roda i Pedal  - Pico de La Rodana -2007

Roda i Pedal  - Pico de La Rodana -2007
En fin, lo importante es que a día de hoy, son ya varias decenas de miles los kilómetros los recorridos y alguna que otra decena de millar las imágenes capturadas, imágenes que nos recordarán siempre y cuando así nos plazca, todos aquellos lugares por los que anduvimos, o mejor dicho, por los que ciclamos;  las montañas que conquistamos y sobre todo, nos traerán a la mente lo más valioso de todo, "los recuerdos",  esos recuerdos de todos los buenos momentos que hemos compartido a lo largo de los varios millares de horas de pedal con el que estos cuatro jinetes que formamos el Roda i Pedal, a saber, Carlos Kike, Luis y Salva,  (en orden ascendente de edad) comenzamos nuestra particular aventura biker que no ha hecho más que crecer y crecer hasta la fecha, (al igual que los años de sus componentes, je,je).

  Y a raíz de las fotografías, otro día se nos ocurrió tratar de guardar y plasmar igualmente lo vivido, pero ¿cómo?, pues haciendo uso de otra herramienta que había surgido por aquellos años, un blog, “nuestro blog”, nuestra particular bitácora digital de las principales aventuras que hemos querido compartir durante todos estos años con todo aquel compañero (o no) de afición que se haya acercado a nuestro diario electrónico.
http://rodaipedal.blogspot.com.es/


En la actualidad, son ya casi 50.000 las visitas recibidas desde que iniciamos su actividad el 23 de julio de 2007(http://rodaipedal.blogspot.com.es/2007_07_23_archive.html), más de 100 las rutas diferentes con casi otros tantos tracks de la mayor parte de los distintos recorridos que,  junto con algunos cientos de fotografías, plasman lo que hasta hoy ha sido "resumidamente" la actividad de Roda i Pedal en su conjunto, contenido que nos daría para editar un volumen de casi 800 páginas a tamaño folio si lo trasladásemos a papel, es decir … una barbaridad..., pero aún así,  ni en otras 800 páginas más,  podríamos describir todos los buenos recuerdos, los buenos momentos y las experiencias únicas que guardamos de todos estos años de pedaleo.

Multitud han sido los caminos recorridos y los horizontes divisados, multitud las cimas conquistadas y los lugares visitados, multitud las bajadas trepidantes y los riesgos admitidos, pero lo mejor de todo ha sido y sigue siendo, la amistad y la armonía, en definitiva, el buen “rollo” que durante tantos años hemos sabido administrar y conservar como un preciado tesoro, fiel aliado con el que contamos para seguir rodando mientras el cuerpo aguante y queden montañas que recorrer, caminos y lugares por descubrir los cuales esperamos puedan ir engrosando aún más, esta bitácora que algún día, (esperemos que todavía muy lejano), nos haga rememorar tiempos de aventura y afición, juventud y madurez cuyos recuerdos, avalados por las miles y miles de imágenes capturadas, se conviertan en la prueba irrefutable de no poder negar los hechos, de que todo sucedió realmente. 

Y como muestra final, nuestros últimos "posados"  que cierran tanto está crónica como el calendario pedalístico de este año, y como no podía ser de otra forma, un par de instantáneas de nuestros sendos asaltos “al Rey” de nuestras montañas, el viejo Montdúver, cuya cima nos volvió a rendir pleitesía,  y esta vez "con todo el grupo al completo", 1995 días después, o lo que es lo mismo, 5 años, 5 meses, 2 semanas y 2 días desde aquella ya lejana primera conquista. 

Feliz año.

Roda i Pedal en el Montdúver  - 2007

Roda i Pedal en el Montdúver  - 2013

sábado, 7 de diciembre de 2013

Desde el Montdúver “con amor”

Si pudiera vivir nuevamente mi vida...

Correría más riesgos,
haría mas viajes,
contemplaría más atardeceres,
subiría más montanas,
nadaría más ríos.
Iría a más lugares adonde nunca he ido,
tendría más problemas reales
y menos IMAGINARIOS.
Pero si pudiera volver atrás trataría de tener
solamente buenos momentos.
Por si no lo saben,
de eso está hecha la vida,
solo de momentos...

JORGE LUIS BORGES


Por fin, misión cumplida.  Hace casi 5 años y medio que esta hazaña quedó incompleta por la falta, en aquella ocasión, del benjamín del grupo;  y no es que hoy no lo sea pero cualquiera se lo dice…jeje.
Aquel día nació un mito: http://rodaipedal.blogspot.com.es/2008/08/por-la-valldigna-al-montduver.html  La etapa reina de las subidas a las montañas valencianas. Pero como reina ya teníamos en La Rodana, pues El Montdúver lo bautizamos como el Rey, el Rey en mayúsculas, el Rey en lo que es una subida superlativa, implacable de principio a fin aunque deje asomar un par de descansillos como quien no quiere la cosa. Pero vamos al relato de hoy.
Salíamos de la base a las 08.30h. por la autopista hacia Tabernes de Valldigna (Carlos vuelve a casa en este año de “Master & Comander” en Gandía, seguro que a partir de ahora se le escapará más de una mirada hacia el Montdúver al que ya empezará a ver con otros ojos..), con las burras cargadas en el remolque y el maletero lleno de trastos, cada vez llevamos más cosas “por si acaso”, uno tiene los “es ques” y los otros los “por si acaso” algún día llevaremos una bici “por si acaso” y una bikeresa por si falla alguno de nosotros “ por si acaso” aunque este día estará, seguro, más lejano.
Como siempre aprovechamos el camino de ida para ponernos al día de nuestras rutinas, máxime cuando hace varias semanas que no nos veíamos todos, por aquello del  “es que” y del trabajo, los únicos fijos son Salva y Luis, ajenos a los “es ques” y a los que por fortuna el trabajo respeta los sábados. Así que aunque hacemos pocas salidas de lo que son nuestros dominios,  cuando la hacemos es para dejar el pabellón bien alto, como tiene que ser. También es tiempo de ir entonándose con alguna “tontá” que amenice el tiempo de espera para empezar a pedalear, y como el día estaba fresquito y en el coche  “estamos tan a gustito” pues no había ganas de bajar en el punto elegido como inicio de ruta ante la tremenda humedad y el consiguiente frio que se respiraba ahí afuera.
Pero salimos, nos pertrechamos con los bártulos de rigor y empezamos a pedalear por un camino mojado por el rocío nocturno y una humedad  que aún se mantiene en las hojas de los naranjos que inundan La Vall. El sol se cuela por los resquicios que dejan los altos picos que nos custodian a nuestra izquierda y que ya forman parte del macizo que vamos a subir. 

La explosión de color es inevitable, y el contraste de luces y sombras sobre los verdes naranjos tintados con las coloridas frutas, los chopos, olmos y demás árboles caducifolios tintando las hojas que aún resisten de colores ocres, los grises y marrones de las montañas, los dorados reflejos de las cruces del alto de las cruces al otro lado del valle,  la azul silueta del castillo de Marinyen o de la reina mora en un total contraluz que hace que apenas lo podamos mirar, sencillamente espléndido.

El camino de Gandía pasa por el Clot de la Font, luego transcurre unos metros por una senda hasta la casa Mezquida y de aquí se incorpora a otro camino que se dirige, hacia la derecha hasta Tabernes, pero que tomamos el de la izquierda continuando hacia La Fontarda, otro magnífico paraje de especial belleza. Antes de incorporarnos al camino, nos encontramos con una puerta que lo cierra  y nos obliga a sortearlo trepando por un murete para poder salvar el obstáculo. Tras la Fontarda el camino llega a la carretera CV-675 entre Simat y Gandía, que es la que tenemos que seguir girando ahora a la izquierda y comenzando la primera parte de la subida de hoy. Esta carretera tiene más tráfico ciclista que de coches, por lo que desde aquí reclamamos esta como carretera-bici ¡Ya! (por reclamar que no quede).  Este aperitivo nos regala 4 kilómetros al 6% de desnivel medio casi constante, pero será solo eso, un aperitivo ante lo que nos espera y que ya conocemos de nuestra anterior ruta arriba señalada.
 Las ocho curvas de herradura por un asfalto liso y con buen agarre no nos engaña ante el peligro que encierran sus curvas, sobre todo con el asfalto mojado como está y que tendremos muy en cuenta para la bajada, pues intuimos que el sol no visitará algunas de estas curvas que permanecerán mojadas todo el día o incluso ya buena parte del invierno. Nos adelantan ciclistas de carretera con mucho menos peso que mover y fricción que superar, aunque también nos damos el gusto de adelantar a uno de ellos y sacarlo de rueda más de media subida, nos dará caza casi arriba del todo cuando el porcentaje se suaviza un poco y el mejor rodar de su máquina será una ventaja incontestable, pero el gusto es el gusto y eso no nos lo quita nadie, es como adelantar a un Ferrari con un Opel corsa, por mucho que él esté distraído en un semáforo. El valle va creciendo a nuestros ojos allá abajo a nuestros pies.

Una Vall digna. Durante la época andalusí y bajomedieval, la zona se denominaba valle de Alfándech, del árabe terreno pantanoso (pues en aquella época la marjal de Xeresa-Xeraco ocupaba gran parte del valle). Según la leyenda, el valle se renombró a partir de unas palabras dichas por el rey Jaume II de Aragón al abad del monasterio de Santes Creus cuando se encontraba de camino por la zona: "Quina Vall més digna per a un monestir de la nostra religió" (Que valle más digno para un monasterio de nuestra religión), a lo que el abad le respondió: "Vall digna senyor, vall digna" (Valle digno, señor, valle digno), tras lo que se construyó el monasterio de Santa María de la Valldigna. Esto es lo que dice la Wikipedia y así lo contamos.
El monumental monasterio llena con su presencia el valle y parece mentira que un solo edificio pueda ser el centro de todas las miradas eclipsando casi por completo los pueblos de Simat y Benifairó. Seguimos a ritmo, hoy estoy chupando poca rueda, bueno no es que chupe poca rueda, es que los efectos del rebufo en subida son completamente inexistentes así que incluso por momentos me permito marcar el ritmo e incluso no descender la velocidad que llevamos, estoy sembrao. Voy cantándoles las curvas que quedan para llegar arriba entre el “aire” pero ya no creen ni una palabra de lo que les digo, cuanto mal les hizo la ruta a Pedralba a aquellos novatos, en fin.... Por fin el final de la subida me otorga una medalla que pasa desapercibida ante el incremento del ritmo en el tramo llano antes de Barx. Cruzamos el pueblo y nos acercamos a la urbanización “La Drova” que es donde comienza la subida de verdad. Antes pasamos una granja supuestamente avícola con un hedor insoportable que nos dedicamos a dejar atrás a base de subir el ritmo otra vez. Ya vemos la cumbre y enseguida el desvío a la izquierda que marcará el ser o no ser de esta ruta. La hora de la verdad, de la “umbria”, no eso ya lo hemos dejado abajo y lo otro vamos a ver si lo somos de verdad. Paramos un instante, unos a comer una barrita y yo a quitarme ropa que me sobra de tanto calor como voy a generar en la subida. Nos ponemos pues en marcha por la calle que sube recta primero de forma progresiva y luego, tras un ligerísimo giro a la derecha, un paredón de vértigo que no permite ver desde el principio el final. Ahora es otro ligerísimo giro, esta vez a la izquierda el que no permite ver que el muro que aún continúa subiendo. Ya hacemos eses a lo ancho del camino intentando restar aunque sean las décimas del porcentaje, pero ni por esas. Llegamos al descansillo aquel donde me faltaba todo el aire del mundo hace cinco años y medio. 

Dos minutos después y con las pulsaciones y la capacidad pulmonar recuperadas iniciamos la subida que ya no parecerá tan dura después de algunos tramos del 26% que acabamos de dejar atrás.  Atacamos en fila aunque enseguida formamos dos dúos, los jóvenes por delante y los abuelos del grupo detrás, cerrando la marcha. Vamos recordando cómo en nuestra anterior visita, tuvimos que hacer innumerables paradas después del sofocón de esa primera subida, tan tocados nos dejó que tanto la musculatura como las pulsaciones disparadas sufrieron para todo el resto de la subida, amén del insolente calor que nos machacó y que nos obligaba a reptar bajo las pocas y tísicas ramas que daban sombra al suelo y que intentábamos aprovechar ante la falta de árboles allí donde los necesitábamos.
Volvemos a romper el grupo y esto ya es un sálvese quien pueda que yo te espero arriba si es que llego. La bruma ya sabemos a estas horas que no va a desaparecer y vemos como va cubriendo, con su blanco satén, las montañas que nos rodean y que vamos ganando en perspectiva casi en cada pedalada. El mar no es un mar sino un inmenso velado azul que crece hacia arriba de manera imposible ante la perspectiva y la profundidad que vamos alcanzando. La sierra de Aitana deja ver algunas manchas blancas que identificamos como nieve pero que no certificaremos hasta verlas con calma y en parado una vez arriba, el reto ahora es hacer la subida del tirón, sin paradas, venciendo a la montaña en un pulso de piedra contra carne. La curva de la sonrisa de goma marca la mitad de la subida, luego más de lo mismo: retorcerse y volcarse en el manillar, sentarse en la punta del sillín, hacer eses por el camino e intentar mover el molinillo que a estas alturas es pegar zapatazos casi en vano  pues nos movemos al límite de la verticalidad y con las burras intentando hacer caballitos ante lo empinado del terreno. Todo un reto. Nos cruzamos con senderistas que ante nuestro esfuerzo echan unas risas y unos comentarios, no sé si para animarnos o es que se están descojonando de nuestro sufrimiento, en cualquier caso más que animar las risitas se clavan como agujas ¡¡¡no es momento para risas, eh!!!  Una rampa durísima y casi recta marca el acercamiento al descansillo y la vaguada que da acceso a la cara norte y por tanto a la última parte de la subida. 

Pero mirar aquí hacia arriba es un mazazo en toda regla; las antenas están aún lejísimos perdidas en el brutal desnivel que nos queda por delante y la poca distancia que se intuye, por lo que aún queda sufrir un buen rato encima de la bici. El descenso hacia el fondo de la vaguada es vertiginoso y el cambio de rasante actúa sobre la velocidad como un choque contra un muro invisible que te detiene casi por completo sin darte inercia ni contribuir progresivamente a la aclimatación para volver a pedalear con energía. Este tramo además coincide con toda la umbría de la montaña y el firme está no solo mojado, sino que en algún tramo tiene un punto de escarcha que hiela la sangre pensando en la bajada. Si pensábamos que habíamos subido rampas duras,  las que estamos afrontando ahora son durísimas, pues a su brutal porcentaje se une el cansancio del continuado esfuerzo en los últimos casi 4 kilómetros que llevamos de ascenso continuado. Estamos llegando arriba y ya es una cuestión de orgullo más que de fuerza. Unos ciclistas con sus flacas nos adelantan en plena subida y los vemos tirar de unos desarrollos mucho menos multiplicadores que los nuestros por lo que el esfuerzo muscular para moverlos es mucho mayor;  por el contrario tienen, entre bicicleta y mochila, calculamos unos 11 kilos menos y un rozamiento sobre la carretera la mitad que el nuestro, la balanza se compensa pero no me cambio de deporte. El pensamiento de echar pie a tierra voluntariamente ya se quedo en una de las rampas pasadas, ahora la preocupación es que el cansancio o una mala elección de trayectoria no acabe con tu pie tocando el suelo y marcando una penalización injusta a todas luces tras el descomunal esfuerzo.

Ultima rampa, y con ella esta foto que ha tardado 5 años y medio en producirse. Esta llega tras una curva de herradura al más puro estilo Montieleta. Ya se ve la base de las antenas y la puerta del recinto de telecomunicaciones que marca el top de la subida de hoy, ya solo queda llegar allí descontando pedaladas y olvidando el sufrimiento en algunos tramos con la emoción a flor de piel y un grito de ¡¡¡Si, si, si!!! elevándose, silencioso, en la garganta. Llegamos en fila, juntamos nuestras manos y Roda i Pedal al completo conquista el Rey.  La repentina parada y fin del esfuerzo agolpan en mi cabeza más sangre de la necesaria en este momento, por lo que un amago de pájara aconseja buscar la cercanía del suelo antes de encontrármelo de pronto. Unos segundos de “siesta” y luego, con el color más recuperado buscamos un lugar al sol y a cubierto del viento para almorzar y disfrutar de las vistas, que aunque hoy algo deslucidas por la bruma, también dotan al paisaje de un encanto especial con ciertos contrastes de profundidad relativa y referencias aleatorias que no conviene intentar entender, tan solo disfrutar. 

Y así, intentando disfrutar y por supuesto entender, empezamos a desgranar todo un horizonte que va desde el Montgó a la izquierda, sobresaliendo de al menos dos mares: un mediterrani i un mar de nuvols, hasta la Serra Mariola a la derecha tímidamente dibujada en una bicromía de azules y blancos. 

Entre ellas toda una baraja de cumbres conocidas y algunas no identificadas, como el Circ de la Safor que teníamos enfrente y nos empeñábamos en confundir tozudamente. Unos senderistas nos preguntan si hemos subido con las bicis por la carretera y ante nuestra afirmación de  ¿por dónde íbamos a subir si no?  Un  ¡hostia puta!,  define perfectamente la machada que acabamos de marcarnos. Las fotos de rigor, las conmemorativas, las de payasadas, las diferentes… hasta que las pilas dicen basta y toca poner pies en polvorosa para iniciar la bajada.
Todos estamos avisados de los riesgos de este descenso tan formidable como descomunal. Bajamos para comprobar que esa zona de escarcha no está del todo desaparecida, aunque ante el conocimiento de ella íbamos sobre aviso. Llegamos al descansillo para reagruparnos y hacer una última observación del paisaje. Carlos también se ha dado cuenta que hay que retener la bici antes que sea demasiado tarde para frenarla. Y así nos dejamos caer para dibujar cada uno nuestra trazada con el viento chocando en nuestra cara y nuestro cuerpo, haciendo de freno cuando lo necesitamos o esquivándolo en posición aerodinámica para ganar algo de velocidad cuando lo consideramos. Pasamos la curva de la sonrisa de goma, esta vez sin incidentes,  y ganamos velocidad en las curvas abiertas de la primera parte de la subida, que ahora son la última parte de la bajada.  Llegamos al descansillo de la urbanización con un ¿ya estamos aquí? resonando en nuestras cabezas como si estuviéramos conectados y pudiéramos hablarnos telepáticamente. Bajamos hacia la carretera por la urbanización adelantando a un coche que no pone el ritmo que necesitamos para no tener que detener nuestro prodigioso avance. Nos reagrupamos todos otra vez antes de salir a la carretera. Las caras de felicidad lo dicen todo. Las sonrisas grabadas en la fina piel de invierno de nuestras caras son inamovibles. Un poco de impulso y llegamos a Barx que lo atravesamos de bajada en un periquete, luego un tramo de pedaleo ligero hasta las eses de la carretera y el bonito descenso que aún nos queda por delante. El sol tampoco ha tocado muchos tramos de esta carretera que siguen mojados y nos dictan un punto de precaución en las curvas con las inclinadas. La velocidad levanta gotitas de agua y barro que se incrustan en nuestra cara y en los cristales de las gafas creando un caleidoscopio de múltiples caminos equivocados y solo uno correcto. Apuramos el vértice en las curvas diestras y abrimos a la salida para acelerar cuanto antes, y ensanchamos las curvas a izquierdas ante el ímpetu de los coches que suben comiéndose parte de nuestro carril, lo que nos cuesta un susto que no queremos volver a repetir. 

La última curva da paso a una recta que nos enfila a la entrada de Simat donde volvemos a reagruparnos para llegar a la puerta del monasterio y así cumplir con el trazado original.  Siendo honestos diremos que la única variación con el trazado original es que esta vez no llegamos hasta la ermita de Santa Ana o de la Xara,  que la vemos desde el camino a 300 metros de nuestra posición. Seguimos adelante para culminar los últimos kilómetros de una rodada corta pero intensa, más intensa aún si tenemos en cuenta que todo el esfuerzo se hace en la primera mitad; la segunda, de puro descenso, es prácticamente gratis. Volvemos a pasar junto al molino del Pla que parece sustentarse sobre el cauce  de agua que lo alimentaba y  llegamos al coche sin novedad, dando por terminada una jornada de muesca en el sillín. Mientras Carlos hace la marca,  nosotros no nos resistimos a darnos, otra vez, ese gustazo.

El blog ha pasado a convertirse en el chivato mudo que todo lo cuenta, en la amenaza permanente cuando alguno mete la pata, de “al blog vas a ir “. En esta ocasión el título de la ruta tiene su explicación: Salva había llamado a un compañero de trabajo desde la mítica cumbre para decirle que estamos arriba, todo esto a colación de una conversación en el trabajo sobre el tema. Ya de camino a casa en el coche hace una llamada a su mujer  y por error marca rellamada al último número marcado, o sea,  su compañero. Al tener línea,  ni corto ni perezoso contesta con un “hola Amor” que le sale del alma. Hasta ahí todo normal, lo raro son las explicaciones que oímos segundos después sobre que no era a él a quien iba dirigido lo de “Amor”. Claro, la carcajada no se hace esperar y estalla en el coche como un petardo en fallas, y por supuesto aquí está la anécdota a menos que el susodicho quiera quitarlo de la crónica a condición de que pase por el filtro de tomas falsas del resumen de fin de año.