sábado, 25 de junio de 2011

Desert de les Palmes


“Y CUANDO YO SEA ELEVADO SOBRE LA TIERRA ATRAERE A TODOS HACIA MI”. Inscripción en la cruz del Bartolo

Por fin culminábamos una ruta que se resistía una y otra vez, dado que la programación con los sábados libres coincidía irremisiblemente con nefastas previsiones meteorológicas. Este mes, por fin, conseguíamos poner rueda en el Pico Bartolo.
Una vez más echamos mano de una de las rutas de Alfonso Pitarque al que le agradecemos todos y cada uno de los recorridos que nos pone en bandeja.
Iniciábamos ruta desde el parking de La Pobla Tornesa, un tranquilo pueblecito de la Plana Alta cuyas envidiables vistas a las montañas son un deleite para cualquier persona.
Hace escasamente un mes pasábamos por aquí camino de Vistabella y poníamos el ojo en la cumbre del Monte Bartolo desde la CV 10, hoy desde el parking del pueblo, y mientras hacíamos los estiramientos de rigor, veíamos nuestro objetivo allá arriba, cimentado sobre un enorme pinar que cubre toda la falda norte de la montaña.
Salimos del pueblo para cruzar bajo la autovía y coger la pista que se adentra en la pinada. Enseguida el terreno pica hacia arriba, de forma suave pero constante. La gravilla suelta se torna en pequeñas trampas que intentan aprisionar las ruedas y nos exige un esfuerzo extra para rodar sobre esta superficie movediza.


El sol que castiga ya de buena mañana desde lo alto no nos lo pone fácil tampoco, y el sudor se nos escapa de los poros como pequeños ríos de agua salada en el que los ojos serán los mayores damnificados. Vamos buscando los pasos bajo las sombras de los pinos para obtener una inexistente protección solar, pero la batalla mental la ganamos en cada sombra del camino que al menos en este primer tramo de subidas son generosas. Las fotos tardan en llegar más de lo deseado, ya que la posición del Sol eclipsa toda posibilidad de captar algo con la “nikoleta”, aún así lo vamos intentando. Seguimos subiendo a ritmo, controlando las pulsaciones, la respiración y la cadencia. Vemos grupos de bikers bajar mientras nosotros subimos, siempre la misma historia.Estamos fascinados con una pinada que al menos yo no esperaba para nada tan exuberante y abundante como es. El nombre de “Desierto de las Palmas” no es porque esto fuera o sea un desierto propiamente dicho, la denominación se debe a la histórica denominación de los monasterios carmelitas, que buscaban lugares aislados y solitarios en sus retiros espirituales y que encontraron aquí, y las palmas son las palmeras y palmitos endémicos de la zona, que dan el nombre de este emblemático parque natural, aunque hasta el momento no hemos visto ninguna palmera (que no palmitos), y veremos pocas en toda esta vertiente, pero eso cambiará en la parte orientada al mar. Seguimos pedaleando sin aparente esfuerzo y con ello vamos ganando altura, aunque el ascenso nos ofrece de momento poca o más bien mala visión en un día caluroso marcado por la calima, y que poco a poco va cerrando el cielo poniendo una vaporosa protección entre nosotros y los rayos solares. Y como no hay mal que por bien no venga, esta circunstancia nos alivia a la par que nos anima a seguir subiendo.
Llegamos al llano, al Coll de la Mola, y con él al final de esta primera parte de la subida. Un pequeño descenso nos llevará al desvío a la izquierda que retomará la subida hacia el pico Bartolo, cuyo pico vemos de frente a la subida, inconfundible con su mar de antenas que afean sobremanera la silueta de la grandiosa montaña.
Hacemos varias paradas para admirar el paisaje cercano, un laberinto de caminos que ondulan y se retuercen con la montaña, salvando los barrancos y desniveles que dicta la rojiza roca de esta cordillera. Encaramos una zona de terreno descarnado como si nos quisiera recordar que esto es rodeno, que la meteorización de la piedra aquí hace estragos y que si quieres subir lo tienes que pagar a golpe de riñón en cada pedalada. No es un tramo ni muy largo ni demasiado exigente, solo lo justito para recordar quien manda aquí. Tras una curva llegamos al asfalto, a la carretera que sube hasta la cima y desde donde obtenemos la primera visión del monasterio justo debajo de nosotros. Un edificio enorme de tejados a diferentes alturas que aún magnifica más la moderna construcción, a su izquierda el antiguo monasterio conserva las paredes y poco más de lo que fue la primitiva ubicación de la orden monástica allá por 1697, casi 100 años después las intensas lluvias y posteriores corrimientos de tierra obligaron a sus moradores al traslado a su actual emplazamiento. Entre ambos se levanta un restaurante y un parking para dar cabida al creciente negocio del turismo, una gran fuente de ingresos que se empeña en cambiar el “desierto” por masificación sin espacio para el silencio y la meditación; aquí prima el griterío y el ruido de coches o móviles, de Tweets que destruyen la privacidad y el anonimato y que nos convierten a todos en “paparazzis” del momento; quizá no esté tan alejado de lo que es este blog, o quizá sea radicalmente distinta la forma de vivir una experiencia para luego contarla. Sea como sea, la postal que tenemos ante nosotros es digna de contemplación. Más a la izquierda las Agujas de Santa Águeda elevan sus escarpadas cumbres rojizas en forma de picos de sierra o dientes de tiburón como me recuerdan a mí.
La vista se clava inevitablemente en la cumbre de la montaña que tenemos que subir y en la enorme cruz que se alza pegada a la carretera que sube, así que allá que vamos.
Aquí la pendiente no da tregua y sube un grado por cada pedalada que damos, o al menos eso nos parece. Todo bloqueado y todo metido, ya no podemos desmultiplicar más la pedalada, ya no tenemos más ayuda artificial, aquí es la montaña contra nuestras fuerzas. El barranco a nuestra derecha es tremendo y marca en nuestras retinas un precioso paisaje de montaña y de mar. Llegamos por fin a la cruz; inmensa y colosal se eleva como queriendo tocar el cielo, el símbolo y el mismo fin casi unidos.

Unas cuantas fotos después encaramos la última rampa al más puro estilo Montdúver. Pedaleamos sentados, volcando el peso en la rueda delantera y pedaleando para ganar una cumbre más, otro pico que marcar en el sillín, o en nuestras tibias como bien recordamos cuando miramos nuestras piernas. Esperamos a que el grupo de bikers que hay arriba nos deje sitio en la sombra donde poder almorzar y reponer fuerzas. Lo haremos disfrutando como siempre de la cerveza aún fresquita y de la brisa que se mueve por esta altitud. El tránsito de bikers y senderistas es constante por esta cumbre, por lo que vemos el respeto por el entorno también, cosa que nos alegra sobremanera.
La ermita de San Miguel se levanta entre las antenas y los edificios que albergan mil y un aparatos y parabólicas, el vértice geodésico está sobre una columna de varios metros de altura y, una de las más altas que hemos visto, la escalinata de hierro podrido no aconseja encaramarse a lo alto, así que, una foto desde abajo y la piedra verticial serán todo el recuerdo de esta señal. Tras el almuerzo (hoy no hay café), nos disponemos a bajar desbloqueando las suspensiones y advirtiéndonos del peligro de este descomunal desnivel. La rampa nos engulle obligándonos a tirar de freno con urgencia y potencia. Aun así es difícil sujetar la bici y nosotros somos como muñecos zarandeados por fuerzas que ni siquiera vemos, los vierte aguas nos hacen saltar sobre el cementado firme con el típico ruido de frenado trasero, luego una cerrada curva a la derecha y volvemos a la tierra roja que pronto marcará el final de este tramo de bajada y nos encaminará hacia el desvío que sube al observatorio forestal. Otra rampa de cemento para subir esta tachuela, vistas similares que sin embargo nos hará ver el desnivel que hemos bajado en pocos metros y sobre todo nos permite ver el enredo de antenas y artilugios varios que como hemos comentado, atestan y envilecen la cumbre de la montaña.
Queremos poner tierra de por medio lo antes posible y para ello nada mejor que una bajada descomunal como la que tenemos por delante hasta la ermita de Les Santes. Llegamos al cruce y lo tomamos a la derecha para continuar con la bajada. La ladera se desploma a nuestra derecha hasta el valle que nos separa de la cordillera de las Agujas de Santa Águeda, el camino se pega casi a la cresta de la montaña y baja rápido pero sin desniveles portentosos. El firme mejora y nos da seguridad para alcanzar buenas velocidades. Tenemos que rodear todo el barranco y llegar a la cresta de la Sufera, una montaña con una muesca característica que nos permitirá ver después unas curiosas formaciones rocosas que hemos bautizado como “dados” por su similitud con esta figura geométrica de seis caras. Desde allí tendremos buena vista sobre las Agujas y después iniciaremos otro tramo de bajada hacia Les Santes.
Volvemos a la parte norte de la sierra y por lo tanto, volvemos a internarnos en el bosque. La pendiente de este lado es más pronunciada y en alguna curva las bicis se negarán a parar con la celeridad que se les exige, y habrá que meterles freno “de valent” para que entren en razón. Pino rodeno en su gran mayoría aunque también hemos podido ver algunas carrascas y otras especies en el enclave de la ermita.
Llegamos al paraje de la ermita y nos quedamos atónitos ante la serena belleza del conjunto arquitectónico rematado por la cubierta vegetal que da sombra y refresca el ambiente; la fuente y las balsas ayudan a ello y enfatizan el pintoresco entorno. Este ermitorio está enclavado en el barranco del mismo nombre, y fue construido como lugar de culto y peregrinaje consagrado a les santes Llúcia y Àgueda en la misma época en que Galileo construía su primer telescopio a principios del siglo XVII.
Tras la visita a tan encantador lugar, recargamos las mochilas de agua fresca de la fuente y emprendemos el último tramo de bajada ya por asfalto. Llegamos a la carretera de Cabanes a Oropesa y giramos a la derecha en suave descenso, un poco después salimos a la derecha por la carreterita del fondo del valle, junto al barranco de Miravet, entre las dos sierras: Las Agujas a nuestra izquierda y la Serra de Les Santes a la derecha. Remontamos el barranco y el camino.
El Sol finalmente ha vencido a la bruma y castiga de lo lindo, el descenso de la velocidad en las zonas donde asciende el camino ralentiza el paso del viento sobre nuestra acalorada piel y no refrigeramos al ritmo que nos gustaría, consecuencia por la que el calor es un lastre más que arrastrar cuesta arriba, y para algunos es el lastre más pesado. Toda esta zona es la que alberga mayor cantidad de palmito junto al camino. La font Tallada será un oasis en medio del desierto, y nunca mejor dicho. Las fotos de las formaciones rocosas a nuestra izquierda se suceden y llenan memoria digital a pasos agigantados. El tramo final de este camino es una larga recta casi abovedada de vegetación que nos deja en la carretera que sube desde Benicassim, la CV 147. Giro a la derecha y seguimos subiendo. Volvemos a ver el monasterio en la ladera de enfrente por encima de nosotros. Llegamos a un mirador que nos regala bonitas vistas sobre el mar, el pico Bartolo, el monasterio y el castillo de Montornés. Luego llegaremos a la parte donde se agrupan la mayoría de las ermitas de la zona, lástima que estén no solo cerradas sino valladas y no se puedan visitar, al menos por fuera para ver la arquitectura de las mismas, pero con la barbarie que nos invade no es de extrañar. Tan solo la de San José al pie de la carretera permite tal vista. Hay allí una fuente y zona de sombra donde poder descansar un rato. Más adelante un mirador se abre como balcón al mar. La difusa costa se desdibuja por la bruma y el Mediterráneo se adivina inmenso tras el blanquecino velo. Me permito una corrección: ni difusa, ni costa. Las siluetas de los edificios, casi rascacielos, se recortan perfectamente en silueta como almenas de castillos contra la mancha de agua y apenas deja ver la arena de las playas ni la línea de costa, reventando así el incalculable patrimonio de todos vendido al mejor postor en esta subasta inmobiliaria que azota la costa mediterránea desde que se descubrió el lucrativo negocio del turismo. Este es, como no, el momento protesta de hoy. Tú sigue vendiendo que nosotros seguiremos protestando, que para lo que nos va a servir…
Llegamos al monasterio y nos adentramos, en silencio, respetando al máximo el lugar de oración y centro espiritual en el que nos encontramos, por la verja para llegar, entre las estaciones de penitencia, a la entrada del monasterio.
Un par de grandes paneles cuentan resumidamente la historia del lugar a sus visitantes, los fotografiaremos para leerlos en casa con calma. Poco más que visitar ya que está cerrado y ni se nos ocurre llamar. Volvemos atrás para ir hasta el restaurante y buscar un sitio donde comer. Encontramos un mirador bajo la pinada al fondo del parking que cumple perfectamente la función deseada.
Comeremos resguardados por la sombra de la pinada y con el telón de fondo del mar. Benicassim asoma entre las montañas que lo enmarcan, curiosamente, o no tanto para nosotros, la cámara de fotos ha ido rodando de mano en mano pero nadie le ha hecho ni una foto al bosque de columnas de hormigón y acero.
Nos llama la atención la carretera que sube y serpentea por la montaña y que conserva grupos de pinos aquí y allá que milagrosamente se salvaron de los incendios que periódicamente asolan esta sierra. Si pasáramos aquí la noche, mañana podríamos ver desde este lugar privilegiado el campeonato de España de ciclismo en ruta, con los Contador, Samu Sánchez, Luis León, etc. entre otros, pero su lugar intentaremos emularlos en una pequeña parte de la bajada.
El ansiado café después de comer lo dejamos para mejor ocasión; el griterío procedente del bar a poco menos de un centenar de metros de donde estamos es tan atronador que nos quita las ganas de cafeína y decidimos continuar la ruta sin más dilación intentando huir de tan mundanal sonido.
Reenganchamos con la carretera y giramos a la izquierda para volver a pasar por delante del monasterio. Seguimos viaje y comenzamos una bajada rápida y segura por asfalto, sin coches a estas horas del mediodía que nos supongan riesgo alguno. Pronto nos desviamos hacia un camino a la derecha que se divide y volvemos a coger, como no, el que sube. Un camino cuyo firme de grava gruesa y suelta dificulta sobremanera la tarea de pedalear y mantener el equilibrio. Nos lo tomamos con calma pues aún nos asoman migas del bocata por la comisura de los labios. Bebemos cada pocas pedaladas para intentar refrescarnos del sofocante calor, pero automáticamente sudamos lo que bebemos. Así llegamos a una sombra con una visión increíble del castillo de Montornés, más que la vista lo que realmente nos obliga a parar es el descenso térmico que encontramos en esa sombra. Pasa hacia arriba un todo terreno “de mantenimiento” y ¡olé sus “güevos”! si pudiera ir más rápido seguro que lo haría; la polvareda y las piedras que despida o si se lleva a alguien por delante en una curva da igual, seguramente será un senderista o una bici y como son más pequeños que él… es lo que debe pensar su bárbaro conductor.
Esperamos un poco mientras se asienta la polvareda y aprovechando el parón. Oteamos a lo lejos en busca del planetario de Castellón, intentamos ubicarnos e incluso creemos localizar nuestro objetivo. Vale, aceptaremos “ese edificio blanco detrás del parque” como planetario de Castellón. Volvemos a pedalear con la mirada puesta en la siguiente sombra, y luego en la otra de más allá. El reto es llegar a la siguiente sombra y pasar bajo ella, y así hasta el final de la subida que vemos lejos, muy lejos allá arriba.
A estas horas, ni los pájaros se atreven a sobrevolar la zona con la que está cayendo, y en fila india buscamos la mejor trazada por dónde meter la rueda y avanzar, momento en el que la pantalla del GPS nos muestra la trazada del camino de ida, eso significa que ya cerramos el círculo y por lo tanto que la subida se acaba y enlazaremos con el camino de bajada. Con ese único pensamiento en nuestros cerebros, coronamos la ladera sur y llegamos al Coll de la Mola, donde paramos bajo una sombra a cambiar sensaciones de esta terriblemente calurosa subida.
Solo nos quedará bajar, eso si, con precaución por la gravilla del firme pero exigiéndole un puntito de emoción al camino, (que menos) eso sí rezando de que no vuelva el loco del coche. Cogemos inercia y nos dejamos ir adoptando una posición aerodinámica sobre la bici, cargando peso en la rueda delantera para darle impulso. Pronto tenemos que empezar a actuar sobre los frenos pues la velocidad se eleva conforme descendemos. Golpes de cadera para recolocar la bici por su sitio y apuradas de frenada para no entrar locos en las trampas de grava del camino que nos imposibilitaría controlar la bici a la velocidad que bajamos. Curva a curva nos acabamos la bajada y sabemos que esto toca a su fin. Nos adentramos en el pueblo por el mismo túnel por el que salimos y llegamos al coche para juntar las manos como de costumbre al final de otra ruta memorable escrita a fuego en nuestra piel y que será digna de recuerdo, pero por si acaso aquí quedará esta crónica y las fotos, como un banco de recuerdos para decirnos que un día estuvimos allí. Hasta la próxima.





Track en Rutes de Roda i Pedal


sábado, 21 de mayo de 2011

Crónica Vistabella del Maestrazgo

"En un bosque se bifurcaron dos caminos, y yo... Yo tomé el menos transitado. Eso marcó toda la diferencia". Robert Lee Frost



Seguimos desde aquí, brindando nuestro apoyo incondicional a este año internacional de los bosques y aún más después de haber disfrutado del impresionante bosque en el que nos hemos sumergido en esta magnifica zona de la comarca de Alcalatén.
No es que nos hubiéramos ido, es que estábamos en estado de letargo, al menos en lo que al blog se refiere, ya que las rutas no han fallado ninguna semana, pero han sido las rutas de siempre y esas ya están contadas y recontadas. Para más “INRI” las dos últimas salidas programadas las tuvimos que aplazar por culpa de las nefastas previsiones meteorológicas que se han cebado con nuestras ilusiones de recorrer nuevos parajes, y ya íbamos camino de una tercera anulación cuando alguien desde arriba se ha apiadado de nosotros y nos ha concedido una tregua que agradecemos no sabéis como. Y ya que estamos de agradecimientos esta ruta se la debemos al track que el amigo Alfonso Pitarque ha tenido a bien compartir con todos nosotros. No es la primera ruta suya que hacemos y como siempre de una fidelidad exquisita en cuanto a sus descripciones en lo que vamos a encontrar. Sin más preámbulos, comencemos pues en lo que ha sido la crónica de este nuestro 4º fin de semana biker.


Viernes 20

Salíamos con algo de retraso según el horario previsto desde la base y con el remolque cargadito de bicis como es de suponer y un buen montón de ilusiones acumuladas hasta el último momento en que decidimos emprender esta ruta. Muchos kilómetros nos quedaban por delante hasta llegar a Vistabella del Maestrazgo, nuestro elegido lugar de destino.
La hora de salida y algún que otro despiste por el camino nos hizo llegar casi de noche a destino, por lo que el paseo de rigor y las cervezas de bienvenida las sustituimos directamente por la cena y un cacharrito rápido para ir a dormir (el que pudiera) y estar frescos como una rosa para el día siguiente, pues sabíamos que habría que darle duro a los pedales.
Poco más que contar del viernes aparte de la anécdota que quedará para siempre en forma de “Bambi” cruzando la carretera delante de nuestros coches entre Xodos y Vistabella. Eso se lo contaremos a Carlos que este finde, por primera vez, no nos acompaña; pobret, “ya vorem què sopa huí”.


Sábado 21 La Ruta



Amanece tarde, muy tarde, sobre todo para alguno después de estar toda la noche sin pegar ojo por culpa de un inesperado malestar en el estómago. Por fin nos vemos para desayunar y estirar un poco la musculatura en una mañana fresca y radiante que nos dejaba ver un cielo azul y soleado con algo de viento de fuerza entre 3 y 4 que en las zonas sombrías sabíamos que nos iba a picar, cuestión que nos obliga por precaución a calzarnos una manguita de inicio.

(…biker precavido vale por dos…) La sorpresa agradable del día es que Xavier, el propietario del lugar donde nos alojamos, muy amablemente se ha ofrecido a acompañarnos hasta el inicio de la senda que hablábamos anoche y que nos llevará a enlazar con el camino de Sant Joan de Penyagolosa. De buena mañana ha preparado su bici para guiarnos de inicio por uno de esos caminos que tan bien conoce y encarrilar así nuestra ruta según lo previsto.

Y no es otro que el camino del cementerio que una vez pasado este se pega al barranc del Molí y curvea amable con la montaña hasta llegar a la carretera. Caen las primeras fotos pues el inicio promete, mientras nos indica por donde seguir y nos instruye sobre lo que tenemos ante nuestros ojos.
Es una senda que podríamos calificar de aérea por sus panorámicas y algo técnica en algunos tramos, en otros en cambio nos obligará a poner pie a tierra, cuestión que aunque no es nuestra máxima, aprovechamos para disfrutar de las espectaculares vistas que nos brinda a su paso.


Llegados a una masía perdida en medio de la nada, bajamos a la derecha en busca del asfalto y nos encontramos con el impresionante Plá D’Amunt. La mole del Penyagolosa es visible casi desde el inicio, así que nos deleitará con su infinita presencia en casi todo momento de la ruta.
Rodamos sin prisa, admirando cada metro recorrido y deleitándonos de los olores que desprenden multitud de especies que encontramos a nuestro paso. Un coqueto y vistoso valle se acurruca a los pies de la Serra de la Batalla. La carretera, desértica de tráfico rodado parece fundirse en la distancia con la propia montaña, allá vamos. Alucinamos de la zona boscosa que vamos atravesando. Pino negral y rodeno, rectos como agujas se elevan limpios de ramas hasta lo copa superior y dejan espacios abiertos entre ellos, como si no quisieran molestarse los unos a los otros, respetando su espacio vital. El suelo es una alfombra de hierba verde que nos sorprende por lo inusual que este paisaje es para nosotros. Al poco, encontramos el cauce seco del barranco que seguiremos a nuestra izquierda, hasta el desvío del camino también a la izquierda, llegados al punto donde se sitúa el puesto de control de entrada al parque natural.
Un letrero indica el Ermitori y allá que vamos. Se acabó en relax y empieza la subida por un camino en perfectas condiciones. Rampas suaves pero constantes en la primera parte de subida para internarse, poco a poco, en mitad del bosque, dando paso a un notable cambio en cuanto al tipo de árboles, más bajos que los anteriores y más densos y tupidos, entremezclándose sabinas y pinos en perfecta armonía.Agradecemos la sombra que nos protege del sol pero al mismo tiempo el viento arranca unos cuantos grados al termómetro, por lo que en un momento dado alguno agradece ponerse de nuevo la manguita que casi en la primera pedalada al sol, nos habíamos quitado. Comienza el inevitable pique que nos acompañará todo el día sobre que si el sol, el viento, el calor, el frío, el orgullo, etc. Al final cada uno hace de su capa un sayo y “avant”. En un plis-plas llegamos al Plá de la Creu. De nuevo una parada fotográfica mientras decidimos si bajamos a Xodos o si declinamos la invitación de meternos casi 700 metros de desnivel en tan solo 15 kilómetros. Al final gana el sentido común y decidimos avanzar un poco más hasta tener vistas sobre el pueblo.
Solo unas pedaladas más allá llegamos a una especie de mirador sobre el barranco y ahí está, Xodos con las montañas como telón de fondo y más allá una línea que se nos antoja el mar, que según nos comentó Xavier es visible en días despejados, sin embargo, la calima de hoy impide ver las azules aguas mediterráneas.
Volvemos sobre nuestros pasos (o mejor dicho, sobre nuestras ruedas) hasta el cruce, y tomamos el camino del Ermitori donde se inicia la parte más dura de esta parte de la ruta. Nos topamos con algunas rampas realmente duras pero, por fortuna, el estado del firme nos proporciona una tracción perfecta y no hay que ir esquivando piedras ni baches. Bloqueamos las suspensiones para hacer el cuadro lo más rígido posible y evitar con ello que se encabrite la bici, y con ello, tener pérdidas de potencia innecesaria en cada pedalada. Los desarrollos continúan trabajando en la mínima multiplicación, transmitiendo cada vuelta de pedal directamente a la rueda.

Aquí no hay paisajes abiertos en los que distraer la vista, la postal son los propios árboles que se suceden uno a otro sin fin aparente, llenando un vasto espacio de terreno que crea un bosque infinito y soberbio. La pantalla de los GPS nos indican que esto se acaba, que estamos cerca del vértice que marca el inicio a la cumbre y por lo tanto la bajada hacia Sant Joan es inminente.



Encontramos un pequeño prado; un balcón con vistas a “la montaña mágica”, lugar que elegimos para acomodarnos y almorzar absortos en la contemplación de esta mole colosal que rasga el cielo a más de 1800 metros de altitud y que tan solo dista 40 kilómetros del mar.













Hoy no habrá café para encender nuevamente el motor y con esa pena en el cuerpo nos pertrechamos con todo el equipo para iniciar una bajada tan trepidante como divertida pero sin apurar demasiado ya que observamos que hay un buen transito de excursionistas e incluso podría subir algún coche. Aun así la bajada es divertida y nos pone ese brillo tan familiar en los ojos… ¿o serán lágrimas arrancadas por el viento y la velocidad? Unos kilómetros más allá, acaba la bajada en el parking del Ermitori de Sant Joan. Recorremos el lugar intentando sumergirnos en el misticismo y la historia que cuentan estos edificios de piedra sin encontrar ese encanto por ningún lado, el vil metal de los coches aparcados bajo los mismos arcos del edificio resta todo ápice de historia, de naturalidad y originalidad, sumergiéndolo casi en la vulgaridad de una gran ciudad.


Lástima, pues resultaría fácil restringir el acceso de los coches hasta aquí en bien de todos los visitantes, pero no, los llevamos hasta la misma puerta, y dentro no porque no caben. Lamentaciones aparte, intentamos extraer la parte más visual de la visita, es decir, la que menos nos recuerda a una gran ciudad, si quisiéramos ciudad nos habríamos quedado en Valencia.


Tras la foto para el recuerdo proseguimos ruta para empezar una nueva subida que nos coronará en lo más alto pedaleado jamás en una ruta de Roda i Pedal, la cota de hoy sobrepasa los 1600 metros, “ahí es ná”. El camino se torna más pedregoso en esta larga subida con un porcentaje interesante en todo momento, amén de algunos rampones que iremos encontrando dispersos aquí y allá. La Serra de la Batalla se alza a nuestra derecha y es la que vamos a subir, “el picacho”, como hemos bautizado a la mole del Penyagolosa queda a nuestras espaldas. Conforme empezamos a subir perdemos la protección de las montañas sobre los vientos y estos nos azotan suavemente de nuevo. Las montañas empiezan a perfilarse y se suceden unas a otras con la perspectiva de la altitud. Innumerables, infinitas, inmensas y pequeñas al mismo tiempo hundidas en la distancia. Localizamos, previo estudio en el mapa, los picos de Espadan, el Gorgo y la sierra del Toro. Lo demás es un mar de picos y montañas fundidos en la bruma. No hay pueblos, y los que hay, se empequeñecen en el espacio abierto e infinito. No hay ruidos, no hay gente, no hay problemas, y si los hay empequeñecen aún más dentro de las personas que hay en los “no pueblos” de ahí abajo. Desde aquí arriba todo se ve distinto, todo es diferente por unas horas para nosotros. Ahora toca olvidarse del mundo, para eso entre otras muchas cosas subimos montañas, o al menos para algo parecido, tal vez sea para tratar hacer un paréntesis en nuestras vidas, para intentar volver mañana a nuestras rutinas con una parte de ese paréntesis.

Tales son los pensamientos que nos abordan mientras tiramos de pedal hacia arriba, mientras paramos a contemplar y ha hacer fotos antes de volver a arrancar. Las cuestas se suceden y los esfuerzos también.

Volvemos a entrar en el bosque cuando giramos hacia el norte y pasamos a tierras turolenses. Será aquí, cuando el camino abovedado de árboles llegue a su cota máxima, 1616 metros que nos harán estar “a un pas del cel” de entre todas las rutas recorridas por el grupo.
Se inicia en ese mismo punto la bajada larga del día. Al principio el camino baja y luego llanea por la cresta de la montaña. Lástima es que las vistas hacia la parte aragonesa han sido escasas y entre la pinada, no teniendo una visión despejada en ningún momento.

Luego ya metidos en tierras propias, el camino se inclina hacia la vertiente este y se pierden esas panorámicas. En todo caso disfrutamos de un bosque distinto y poco visto y disfrutado por nosotros.

Diferentes especies de sabinas se suceden para colorear y vestir el paisaje de frondosa vegetación. Poco a poco el camino va ganando en inclinación y nos acelera en busca del valle.
El piso compactado que habíamos vuelto a pisar en la parte alta de la montaña se torna ahora un camino románico por lo empedrado que poco a poco va empeorando, tornándose las piedras sueltas en la tónica general; menos mal que no hemos hecho este camino de subida. La velocidad y los baches hacen que las amortiguaciones trabajen a destajo. Los 140 mm. están a punto de hacer tope en varias ocasiones pero siguen infatigables comiéndose pedruscos del 7 a una velocidad nada moderada que invita a dejarse llevar, no viéndose comprometida al extremo la seguridad en ningún momento, cuestión por la que está resultando un buen entrenamiento para la venganza del Mampedroso allá en tierra serranas, ¿do you remember…? La seguridad no, pero los brazos, y sobre todo las muñecas, comienzan a resentirse de tanto traqueteo, aún así, no aflojamos ni lo más mínimo el ritmo aunque sin volvernos locos.

A lo lejos vemos el fértil e inmenso valle que antecede Vistabella que se encarama en la montaña. La ermita del calvario se erige como un faro en la distancia y nos llama poderoso, cuestión por la decidimos llegar hasta allí para reponer fuerzas de nuevo y hacer la parada para comer.


Realizamos el último tramo de bajada flanqueados por un muro de piedra que, al igual que los bancales de la zona, trasmite la dureza del paisaje y de la zona.


Finalmente, llegamos abajo para incorporarnos a la carretera que llega hasta el pueblo atravesando este llano que veíamos desde arriba y que es una zona de cultivos. A nuestro paso se levantan multitud de “catxirulos” o casetas en piedra seca como los llaman aquí, que salpican el paisaje aquí y allá.

Llegamos a la subida hacia el pueblo y preguntamos a un lugareño por la subida al calvario, el cual nos responde tan perplejo como sorprendido… ¿en bicicleta?, en bicicleta no se puede subir, pero bueno, se va por allí.
Reímos en nuestros adentros ante el comentario y la cara que ha puesto el señor, pensando que muy mal o muy duro debe ser si no se puede subir, pero sabe Dios que vamos a intentarlo, faltaría…, y puestos en harina, claro que se puede, aunque las rampas y sobre todo la estrechez del camino sobre todo en las curvas, compliquen mucho la labor, pero con un poco de pericia y un mucho de piernas la cosa está hecha.
Llegando a la Ermita el calor aprieta de lo lindo y, mis energías después de una noche en blanco sumados a los problemas estomacales, casi me hacen desistir, pero solo eso, casi.

Ya en la cima, los 1309 metros de altitud no defraudan, y disfrutamos de unas vistas colosales y de una regalito que no esperábamos “el vértice Calvario” como no podría llamarse de otra forma que nos premiará con una nueva piedra verticial que nos acompañara para ir aumentando la colección.
Exhaustos, nos refugiamos como podemos de las inclemencias solares mientras la cerveza aún fresquita nos hidrata el cuerpo durante la comida, unas fotos y luego solo quedará bajar para cerrar el círculo y dar por finalizada una ruta corta pero intensamente rodada.
Llegamos a casa para juntar las manos aunando el grito acostumbrado de Roda i Pedal con las vivencias y las imágenes que empiezan a atropellarse en nuestra mente antes que en nuestra boca, mientras tratamos de contárselas a las chicas y como no, a la nueva cerveza fresquita que nos esperaba a nuestro regreso y que ya reposa en nuestras manos antes de quitarnos la piel de guerreros y volver a la vida normal.









Track de la ruta en Rutes de Roda i Pedal




Domingo 22

Ayer, antes de cenar, aún tuvimos tiempo de pasear un poco por el pueblo y disfrutar de la tranquilidad de la vida rural mientras rememorábamos los recuerdos de las rutas, ya que las chicas también tuvieron su particular ruta, esta vez guiadas por Patricia y los pequeños de la casa.



Hoy por la mañana y muy a nuestro pesar, toca despedida de toda la familia que nos ha acogido en tan envidiable enclave denominado “a un pas del cel” y nunca mejor dicho, lugar que desde aquí aconsejamos a todo aquel que transite por estos lares.

Gracias de nuevo a Xavier a Patricia y a Viçentica por habernos hecho sentir como en casa a tenor del exquisito trato y amabilidad recibidos y un hurra más por la cocinera que ha deleitado nuestros paladares con tan estupendos como típicos guisos.
Ponemos pues rumbo al Ermitori de Sant Joan de Penyagolosa donde pasaremos la jornada antes de volver a casa y reanudar una rutina que después de estos “findes”, siempre cuesta volver a enganchar.


De camino volvemos a recorrer una parte de la ruta de ayer, y no dejaremos pasar la oportunidad para explicarles a las chicas cada uno de los pensamientos y recuerdos del día anterior. Hoy recorreremos con más tiempo todo el conjunto arquitectónico del santuario y la hospedería, aprovechando la calma para pasear y fotografiar detenidamente los alrededores de la pinada que alberga una magnífica y cuidada zona de acampada que ofrece unas bonitas vistas sobre la gran montaña y sobre el conjunto arquitectónico.

La comida en el restaurante pondrá el punto final a este finde biker que ya empieza a dejar ideas para el siguiente. Por supuesto las seguiremos contando desde aquí, aunque esperamos aparecer más a menudo hasta entonces.



sábado, 15 de enero de 2011

Manises-Ermita Santa Ana

"La creación de mil bosques está contenida en una bellota." -Ralph Waldo

No quisiéramos olvidar en esta primera entrada del año, que en este 2011 estamos en el año internacional de los bosques. En esta página encontrareis la resolución de La ONU:
http://dhpedia.wikispaces.com/2011,+A%C3%B1o+Internacional+de+los+Bosques



Para mi gusto en este sentido, el texto es templadito y no trasmite mucha fuerza y/o convicción. Igual es porque todas las resoluciones de La ONU son de este estilo; y así nos va. También reseñar que esto es de finales de 2006: cuatro años de retraso para proteger algo tan frágil y necesario; cuatro años, y sobre todo este que acaba de comenzar en los que apenas si hemos sabido nada sobre este tema, bonita manera de promocionar y hacer hincapié sobre una resolución tan importante; en cambio el coche del año si que lo promocionan bien, en fin. Pero bueno, hagamos desde aquí un poquito de fuerza… y vamos a por faena.



Ya hacía semanas que especulábamos sobre cual sería la entrada número 100 de este blog que nos ocupa desde mediados 2007. No es que hubiera ansiedad por cumplir esa marca pero sí había ganas. Y con estas nos encontramos cuando subiendo esta crónica que pensábamos era la 99 va y resulta que salta la banca... Nos daremos un homenaje a su costa.

Esta semana no es que hiciéramos una ruta espectacular como quizá se merecía este evento, pero recorrimos una zona muy nueva para nosotros. La ruta pasaba por zonas de gran interés y belleza: aunque la mayor parte es zona urbana y entre polígonos industriales y urbanizaciones. Esto resta mucho encanto ya que hay que ir constantemente pendiente del tráfico a nuestro alrededor y sin poder dar pedales con ganas ni disfrutar de baches y terrenos pedregosos que realmente son lo nuestro. Íbamos a llegar, desde Manises, hasta la preciosa ermita de Santa Ana de Albal. Pero como siempre vamos desde el principio.
Les contaba en la base antes de salir a los compañeros la caída del miércoles, y el cachondeíto no se quedó guardado en el tintero, como era de esperar. Cerramos la puerta de la base a nuestras espaldas y el “Treki” toma el mando. De momento no necesito sus instrucciones ya que conocemos el inicio de la ruta: hasta la pasarela sobre la vía del tren allá entre Aldaia y Alaquas. Destacar la tremenda humedad ambiental que lo empapa todo y deja un paisaje post lluvia, pero no, solo es humedad saturada hasta el punto de rocío. Por suerte la temperatura no es muy baja y nos permite ir con cierta comodidad térmica. Destacaremos del inicio el impresionante jardín que bordea Aldaia por la parte este, y que con su carril bici y carriles para andar se convierte en un auténtico y precioso pulmón para la ciudad. Y bastante limpio, no como el siguiente tramo.
Al final llegamos a la vía. Transitamos por este carril paralelo a la vía que está lleno de cagadas de perro. La guarrería humana no tiene límites, así lo demuestran quienes permiten a sus mascotas desahogarse en mitad de la acera, convirtiendo este tramo en una carrera de obstáculos de tanto esquivar “plastas” de todos los tamaños y colores. Tras la pasarela giro a la izquierda hasta el polideportivo, luego a la derecha y hasta el castillo pasando la zona de casitas bajas. Autentico sabor a pueblo. Barrios humildes que nada tienen que ver con las grandes avenidas importadas y con vecinos deshumanizados que apenas saludamos al prójimo. El castillo espera en su sitio nuestra atónita reverencia ante su majestuosa figura.

Lo rodeamos por completo para no perder detalle. Lastima que no podamos entrar a su patio de armas ya que está cerrado. Se tendrán que conformar con verlo por dentro en las fotos que hice cuando vine solo o buscar la gran información del mismo que hay en Internet.

Luego seguimos callejeando por el pueblo hasta el carril bici que bordea por el sur pegado a la carretera. En la rotonda que lleva a Torrent giramos a la izquierda por encima del trazado del Ave y vamos entre naranjos hasta el polideportivo de Picanya. Lo atravesamos entre la preciosa pinada junto al restaurante y salimos al carril bici que nos llevará hasta Picanya. En la entrada del pueblo giro a la derecha para seguir el carril bici hasta el parque junto a las vías del metro. Lo alucinante de esta zona de poblaciones es la impresionante red de carriles bici que tienen. Por supuesto que tienen sus lagunas, y más si la transitas a menudo y conoces sus deficiencias, pero para quien va una vez como nosotros no deja de asombrarnos la puesta en marcha de esta red. En otras zonas no podemos ni soñar con esto, pongamos Manises como ejemplo. Rodamos en fila por el parque, admirando la preciosa arboleda que colorea el invernal día con mil tonos de verdes y ocres. Cruzamos la vía para dirigirnos hacia el cementerio, luego a la izquierda. Zona de naranjos y masías. Casonas instaladas entre azahar y anegadas de soledad, lejos del mundanal ruido; casas muy cuidadas que despiertan nuestra sana envidia y admiración.

Continuamos hacia la autovía para ir junto a ella hasta la torre de telecomunicaciones. Por fortuna es el único rascacielos de la zona a día de hoy. La crisis paralizó la construcción del mega faraónico macroproyecto del Catarroja Nou Mileni, una barbaridad urbanística aún mayor, si cabe, que el Gran Manises. Digo paralizó porque ya veremos una vez superada la crisis que se hace de estos proyectos. Resumiendo: más cemento, menos huerta; más consumo de recursos, más residuos; mayores urbes, menos espacios naturales y mayor presión sobre los que quedan; más modelos importados y menos que ver con nuestra cultura y nuestras raíces. Progreso. ¿Más del que tenemos? ¿Queremos más de esta “des-sociedad” que estamos creando? Algunos dirán que eso es progreso, que hay que avanzar, crear puestos de trabajo. Y volver a caer en este agujero en el que estamos desde hace tres años. Aquí también valdría el famoso propósito de “reducir, reutilizar, reciclar” que tanto nos venden los organismos oficiales cuando les conviene, aunque lo cierto es que solo se hace por que es políticamente correcto, el resto importa una “mie…” de perro. No necesitamos más suelo urbanizado, necesitamos utilizarlo más responsablemente.

Pasado el momento conciencia seguimos con el propósito de la crónica. Pasamos sobre la autovía y ya tenemos de frente la pinada de la ermita.

Llegamos hasta ella para admirar la joya arquitectónica que es este precioso edificio. Hay constancia de su existencia desde al menos 1402, ahí es nada. No creemos que en aquél entonces tuviera la exquisita arquitectura que tiene hoy, sería algo más modesto, más enfocado al uso puramente religioso, a la Fe, al culto por la Virgen que descansa en una pequeña cueva tras la ermita. La centenaria pinada rodea todo el paraje al que se anexan servicios como el polideportivo y un depósito de agua que se asemeja en su diseño a un “pluviómetro” gigante. Nos hacemos la foto de grupo antes de ponernos en marcha ya que aún es pronto para almorzar. El sufrido trípode sigue aguantando marea pese al amable ofrecimiento de una “feligresa”, pero por-no hacerla esperar…

Volvemos a pedalear entre naranjos y campos de cultivos hacia el Vedat de Torrent. La montaña apenas sobresale en el paisaje. Las masías han desaparecido de esta zona, al menos las espectaculares masías que veíamos al otro lado de la autovía. Los caminos asfaltados nos conducen hacia el canal Júcar-Turia. Llegados a él lo seguiremos hasta que desaparezca bajo la montaña del Vedat. La montaña aún está, el bosque autóctono de la zona ha sido reemplazado por otro bosque artificial de asfalto, ladrillo y árboles ornamentales. Por lo menos aún quedan árboles, pequeños pulmones que intentan respirar y expandir sus raíces entre el alquitrán y las conducciones de todos los servicios que permiten vivir, al ser humano, con este grado de lujo que lo hacemos en occidente mientras más de medio mundo carece de lo imprescindible para vivir; pero claro, todo esto es “imprescindible” para nosotros.

Nos está quedando una crónica de lo más aseadita. Como para ir a pedir financiación oficial para el grupo, jeje. Será por celebrar el año internacional de los bosques…. de los que quedan. Será por aquello de dar un pequeño impulso desde esta bitácora. Será por recordar lo “cañeros” que éramos en nuestra juventud cuando leamos esto en nuestra dorada jubilación, esa que alcanzaremos gracias al progreso desmedido del capitalismo. Peor estaban en otras épocas dirán algunos. Y razón tendrán, pero ni lo uno ni lo otro. Se supone que ahora tenemos mayores posibilidades y nos tendría que permitir vivir mejor, pero realmente ¿vivimos mejor o solo vivimos más tiempo? Y es que todos estos temas los tratamos, de una manera o de otra, una semana si y otra también. No es algo que nos haya pegado de golpe… hala, vamos a “rajar” que si no nos aburrimos… Uf, si el momento conciencia ya había pasado. Estoy por subir este párrafo y juntarlo con el otro. Entramos en la urbanización y giramos a la izquierda en busca del área recreativa de la Canyada del Conill, lugar elegido para almorzar, un error en la configuración del GPS nos hará dar un par de vueltas por la urbanización como pollo sin cabeza. Finalmente encontramos, entre los pocos terrenos que quedan por construir, que no por urbanizar, la zona de recreo. Disfrutamos de las instalaciones mientras almorzamos bañados por los cálidos y amables rayos solares que nos acarician en pleno invierno. Hoy si que hay café… y hasta cucharilla. Después del ágape nos ponemos a subir la montaña. Tranquilos que apenas si tenemos que cambiar de desarrollo. Llegamos junto al esqueleto del hotel Lido. El expolio y bandidaje hace difícil que este inmueble pueda volver a ser utilizado. Mucho nos tememos que tarde o temprano solo le quede la demolición, pues su estado se antoja irrecuperable. Bajamos hacia la iglesia y continuamos bajando en busca del canal tras salir de las entrañas de la tierra.

Cruzamos la carretera y nos pegamos al cauce, de frente hacia Perenchixa. Luego el canal gira y nosotros con él. Cruzamos la carretera del Mas del Jutge, la autovía, la vía del Ave y el barranco del Pollo por encima del canal. Una estrecha acera entre el agua y el precipicio, entre la espada y la pared.

Luego de frente por delante del cementerio para cruzar la vía del tren y entrar en el P.I. junto a la A 3 y “salvar” por la pasarela la autovía. Ya en terreno conocido llegaremos a casa para diseccionar los recuerdos de la ruta a golpe de cerveza. Que mejor forma de terminar una pedalada que nos ha permitido conocer una zona muy nueva para nosotros y ofrecernos alternativas de pedaleo para huir de las rutas más trilladas del grupo. Atentos a la próxima entrega que será un número redondo. Esa entrada bien merecerá una celebración que os contaremos antes de la entrada 200. Palabra de Roda i Pedal.




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