sábado, 15 de enero de 2011

Manises-Ermita Santa Ana

"La creación de mil bosques está contenida en una bellota." -Ralph Waldo

No quisiéramos olvidar en esta primera entrada del año, que en este 2011 estamos en el año internacional de los bosques. En esta página encontrareis la resolución de La ONU:
http://dhpedia.wikispaces.com/2011,+A%C3%B1o+Internacional+de+los+Bosques



Para mi gusto en este sentido, el texto es templadito y no trasmite mucha fuerza y/o convicción. Igual es porque todas las resoluciones de La ONU son de este estilo; y así nos va. También reseñar que esto es de finales de 2006: cuatro años de retraso para proteger algo tan frágil y necesario; cuatro años, y sobre todo este que acaba de comenzar en los que apenas si hemos sabido nada sobre este tema, bonita manera de promocionar y hacer hincapié sobre una resolución tan importante; en cambio el coche del año si que lo promocionan bien, en fin. Pero bueno, hagamos desde aquí un poquito de fuerza… y vamos a por faena.



Ya hacía semanas que especulábamos sobre cual sería la entrada número 100 de este blog que nos ocupa desde mediados 2007. No es que hubiera ansiedad por cumplir esa marca pero sí había ganas. Y con estas nos encontramos cuando subiendo esta crónica que pensábamos era la 99 va y resulta que salta la banca... Nos daremos un homenaje a su costa.

Esta semana no es que hiciéramos una ruta espectacular como quizá se merecía este evento, pero recorrimos una zona muy nueva para nosotros. La ruta pasaba por zonas de gran interés y belleza: aunque la mayor parte es zona urbana y entre polígonos industriales y urbanizaciones. Esto resta mucho encanto ya que hay que ir constantemente pendiente del tráfico a nuestro alrededor y sin poder dar pedales con ganas ni disfrutar de baches y terrenos pedregosos que realmente son lo nuestro. Íbamos a llegar, desde Manises, hasta la preciosa ermita de Santa Ana de Albal. Pero como siempre vamos desde el principio.
Les contaba en la base antes de salir a los compañeros la caída del miércoles, y el cachondeíto no se quedó guardado en el tintero, como era de esperar. Cerramos la puerta de la base a nuestras espaldas y el “Treki” toma el mando. De momento no necesito sus instrucciones ya que conocemos el inicio de la ruta: hasta la pasarela sobre la vía del tren allá entre Aldaia y Alaquas. Destacar la tremenda humedad ambiental que lo empapa todo y deja un paisaje post lluvia, pero no, solo es humedad saturada hasta el punto de rocío. Por suerte la temperatura no es muy baja y nos permite ir con cierta comodidad térmica. Destacaremos del inicio el impresionante jardín que bordea Aldaia por la parte este, y que con su carril bici y carriles para andar se convierte en un auténtico y precioso pulmón para la ciudad. Y bastante limpio, no como el siguiente tramo.
Al final llegamos a la vía. Transitamos por este carril paralelo a la vía que está lleno de cagadas de perro. La guarrería humana no tiene límites, así lo demuestran quienes permiten a sus mascotas desahogarse en mitad de la acera, convirtiendo este tramo en una carrera de obstáculos de tanto esquivar “plastas” de todos los tamaños y colores. Tras la pasarela giro a la izquierda hasta el polideportivo, luego a la derecha y hasta el castillo pasando la zona de casitas bajas. Autentico sabor a pueblo. Barrios humildes que nada tienen que ver con las grandes avenidas importadas y con vecinos deshumanizados que apenas saludamos al prójimo. El castillo espera en su sitio nuestra atónita reverencia ante su majestuosa figura.

Lo rodeamos por completo para no perder detalle. Lastima que no podamos entrar a su patio de armas ya que está cerrado. Se tendrán que conformar con verlo por dentro en las fotos que hice cuando vine solo o buscar la gran información del mismo que hay en Internet.

Luego seguimos callejeando por el pueblo hasta el carril bici que bordea por el sur pegado a la carretera. En la rotonda que lleva a Torrent giramos a la izquierda por encima del trazado del Ave y vamos entre naranjos hasta el polideportivo de Picanya. Lo atravesamos entre la preciosa pinada junto al restaurante y salimos al carril bici que nos llevará hasta Picanya. En la entrada del pueblo giro a la derecha para seguir el carril bici hasta el parque junto a las vías del metro. Lo alucinante de esta zona de poblaciones es la impresionante red de carriles bici que tienen. Por supuesto que tienen sus lagunas, y más si la transitas a menudo y conoces sus deficiencias, pero para quien va una vez como nosotros no deja de asombrarnos la puesta en marcha de esta red. En otras zonas no podemos ni soñar con esto, pongamos Manises como ejemplo. Rodamos en fila por el parque, admirando la preciosa arboleda que colorea el invernal día con mil tonos de verdes y ocres. Cruzamos la vía para dirigirnos hacia el cementerio, luego a la izquierda. Zona de naranjos y masías. Casonas instaladas entre azahar y anegadas de soledad, lejos del mundanal ruido; casas muy cuidadas que despiertan nuestra sana envidia y admiración.

Continuamos hacia la autovía para ir junto a ella hasta la torre de telecomunicaciones. Por fortuna es el único rascacielos de la zona a día de hoy. La crisis paralizó la construcción del mega faraónico macroproyecto del Catarroja Nou Mileni, una barbaridad urbanística aún mayor, si cabe, que el Gran Manises. Digo paralizó porque ya veremos una vez superada la crisis que se hace de estos proyectos. Resumiendo: más cemento, menos huerta; más consumo de recursos, más residuos; mayores urbes, menos espacios naturales y mayor presión sobre los que quedan; más modelos importados y menos que ver con nuestra cultura y nuestras raíces. Progreso. ¿Más del que tenemos? ¿Queremos más de esta “des-sociedad” que estamos creando? Algunos dirán que eso es progreso, que hay que avanzar, crear puestos de trabajo. Y volver a caer en este agujero en el que estamos desde hace tres años. Aquí también valdría el famoso propósito de “reducir, reutilizar, reciclar” que tanto nos venden los organismos oficiales cuando les conviene, aunque lo cierto es que solo se hace por que es políticamente correcto, el resto importa una “mie…” de perro. No necesitamos más suelo urbanizado, necesitamos utilizarlo más responsablemente.

Pasado el momento conciencia seguimos con el propósito de la crónica. Pasamos sobre la autovía y ya tenemos de frente la pinada de la ermita.

Llegamos hasta ella para admirar la joya arquitectónica que es este precioso edificio. Hay constancia de su existencia desde al menos 1402, ahí es nada. No creemos que en aquél entonces tuviera la exquisita arquitectura que tiene hoy, sería algo más modesto, más enfocado al uso puramente religioso, a la Fe, al culto por la Virgen que descansa en una pequeña cueva tras la ermita. La centenaria pinada rodea todo el paraje al que se anexan servicios como el polideportivo y un depósito de agua que se asemeja en su diseño a un “pluviómetro” gigante. Nos hacemos la foto de grupo antes de ponernos en marcha ya que aún es pronto para almorzar. El sufrido trípode sigue aguantando marea pese al amable ofrecimiento de una “feligresa”, pero por-no hacerla esperar…

Volvemos a pedalear entre naranjos y campos de cultivos hacia el Vedat de Torrent. La montaña apenas sobresale en el paisaje. Las masías han desaparecido de esta zona, al menos las espectaculares masías que veíamos al otro lado de la autovía. Los caminos asfaltados nos conducen hacia el canal Júcar-Turia. Llegados a él lo seguiremos hasta que desaparezca bajo la montaña del Vedat. La montaña aún está, el bosque autóctono de la zona ha sido reemplazado por otro bosque artificial de asfalto, ladrillo y árboles ornamentales. Por lo menos aún quedan árboles, pequeños pulmones que intentan respirar y expandir sus raíces entre el alquitrán y las conducciones de todos los servicios que permiten vivir, al ser humano, con este grado de lujo que lo hacemos en occidente mientras más de medio mundo carece de lo imprescindible para vivir; pero claro, todo esto es “imprescindible” para nosotros.

Nos está quedando una crónica de lo más aseadita. Como para ir a pedir financiación oficial para el grupo, jeje. Será por celebrar el año internacional de los bosques…. de los que quedan. Será por aquello de dar un pequeño impulso desde esta bitácora. Será por recordar lo “cañeros” que éramos en nuestra juventud cuando leamos esto en nuestra dorada jubilación, esa que alcanzaremos gracias al progreso desmedido del capitalismo. Peor estaban en otras épocas dirán algunos. Y razón tendrán, pero ni lo uno ni lo otro. Se supone que ahora tenemos mayores posibilidades y nos tendría que permitir vivir mejor, pero realmente ¿vivimos mejor o solo vivimos más tiempo? Y es que todos estos temas los tratamos, de una manera o de otra, una semana si y otra también. No es algo que nos haya pegado de golpe… hala, vamos a “rajar” que si no nos aburrimos… Uf, si el momento conciencia ya había pasado. Estoy por subir este párrafo y juntarlo con el otro. Entramos en la urbanización y giramos a la izquierda en busca del área recreativa de la Canyada del Conill, lugar elegido para almorzar, un error en la configuración del GPS nos hará dar un par de vueltas por la urbanización como pollo sin cabeza. Finalmente encontramos, entre los pocos terrenos que quedan por construir, que no por urbanizar, la zona de recreo. Disfrutamos de las instalaciones mientras almorzamos bañados por los cálidos y amables rayos solares que nos acarician en pleno invierno. Hoy si que hay café… y hasta cucharilla. Después del ágape nos ponemos a subir la montaña. Tranquilos que apenas si tenemos que cambiar de desarrollo. Llegamos junto al esqueleto del hotel Lido. El expolio y bandidaje hace difícil que este inmueble pueda volver a ser utilizado. Mucho nos tememos que tarde o temprano solo le quede la demolición, pues su estado se antoja irrecuperable. Bajamos hacia la iglesia y continuamos bajando en busca del canal tras salir de las entrañas de la tierra.

Cruzamos la carretera y nos pegamos al cauce, de frente hacia Perenchixa. Luego el canal gira y nosotros con él. Cruzamos la carretera del Mas del Jutge, la autovía, la vía del Ave y el barranco del Pollo por encima del canal. Una estrecha acera entre el agua y el precipicio, entre la espada y la pared.

Luego de frente por delante del cementerio para cruzar la vía del tren y entrar en el P.I. junto a la A 3 y “salvar” por la pasarela la autovía. Ya en terreno conocido llegaremos a casa para diseccionar los recuerdos de la ruta a golpe de cerveza. Que mejor forma de terminar una pedalada que nos ha permitido conocer una zona muy nueva para nosotros y ofrecernos alternativas de pedaleo para huir de las rutas más trilladas del grupo. Atentos a la próxima entrega que será un número redondo. Esa entrada bien merecerá una celebración que os contaremos antes de la entrada 200. Palabra de Roda i Pedal.




Track en Rutes de Roda i Pedal


viernes, 31 de diciembre de 2010

Crónica fin de año y década

"La amistad es animal de compañía, no de rebaño". Plutarco

Uno de estos días veía por la tele la serie Los Simpson, de la que soy seguidor cuando el horario laboral me lo permite. Uno des sus capítulos tiene una escena en la que Bart no lleva los deberes porque se los ha comido el perro... Trasladado a los tiempos modernos eso mismo me ha pasado a mí con la crónica de fin de año… "Señorita, la tenía hecha pero una avería del ordenador..." y a tomar viento todo lo que tenía anticipado desde hace unas semanas que la comencé. A sabiendas que el final de año iba a ser movidito por el ingente número de rutas que iba a realizar, decidí hace unas semanas anticipar el resumen del año hasta este mes de diciembre. Bueno, pues como si nada, empiezo de cero. Siguiendo con la fábula, os cuento que hace unas semanas, mirábamos el calendario donde apuntamos las salidas y veíamos las fotos del mismo; fotos de las rutas del año pasado que muestran alguna foto de la mejor ruta del mes en cuestión. Debatíamos sobre que este año las rutas habían bajado de nivel con respecto al año pasado, que no teníamos fotos de rutas para superarnos con el calendario del próximo año. No todos estábamos de acuerdo en ello. Sirva este repaso para anotar en la columna del debe y del haber... y luego ya veremos:

Enero: Ya empieza a ser tradición comenzar el año con un rutón de escándalo. Este año la ruta desde la presa de Loriguilla hasta el Pico Ropé, dando la vuelta completa al embalse fue esa ruta. Una ruta espectacular, solo estropeada por la presencia de un viento que nos machacó durante todo el trayecto de forma constante, y que nos retrasó y endureció la ruta hasta límites épicos. Pero ahí quedara esa rodada para los restos.
Febrero: Febrerico el corto nos traía el estreno de dos nuevas compañeras de viaje. Poco se podían imaginar allá arriba del Ropé, un mes antes, que dos bicicletas iban a ser cambiadas pocas semanas después. Pero lejos de conformarnos con la ruta del estreno, nos marcamos otro rutón de imborrable recuerdo. De Jérica a La Torrecilla. Espectacular bosque y paseo a orillas del río Palancia.
Marzo: Este mes nos batimos el cobre con todas las montañas que pudimos. Hicimos un buen número de rutas nuevas, o mejor dicho, de tramos nuevos en rutas ya conocidas. Así fuimos al Portillo de San Roque y el Mas de Teulada, al polvorín de Riba Roja, ese que siempre habíamos asociado a Manises y que llevábamos tiempo queriendo visitar. Y repetimos una ruta por Aras, para subir al Mampedroso... al que volveremos, ya lo creo que volveremos y gozar de sus tres reinos y con ello demostrarles quién manda en las bajadas, jeje.
Abril: Este mes nos trajo la ruta de La Serra Mariola, lugar emblemático donde los haya entre las montañas valencianas. Si no has estado allí es que no has subido montañas. Portentosas rampas para poner a prueba nuestras fuerzas y nuestra resistencia. Paisajes para saturar nuestras retinas y colgarnos durante toda la ruta al pesado de "Stendhal" en la chepa metiendo peso. Este mes también me trajo un trabajo nuevo, por fin, eso trastocaba todas las salidas de los sábados pero ya iba bien el cambio.
Mayo: Como primer mes de trabajo, sufría directamente las consecuencias del cambio anunciado. No hubo rutas nuevas, nos conformamos con rodar por nuestros dominios a la espera de nuevas emociones. Junio: Seguimos bajo los mismos efectos del mes anterior. No hay rutas nuevas y seguimos hoyando los caminos conocidos. Esta será la tónica de los próximos meses. Un verano algo más soso que de costumbre obligados por las circunstancias profesionales, con el notable cambio de que este año Salva sigue aguantando marea a pesar del calor. Sin embargo no desesperemos, aunque las rutas no sean nuevas seguimos teniendo foto para el calendario, y además del grupo al completo.
Julio: El verano ya está instalado entre nosotros y aunque no sea aún, al menos a principio de mes, tiempo de abandono, ya estamos con la mosca detrás de la oreja. Y es que todo depende de la rayada que les pegue a los calurosos del grupo. Para ir refrescando el ambiente metemos en este mes la salida nocturna, aunque nos cuesta más de lo habitual encajar la fecha y el lugar. Empezamos pensando en una ruta nueva para la nocturna y así cambiar de aires, luego nos encontramos con quien no estaba este año muy participativo en la nocturna, incluso hubo una pequeña sublevación y casi un plante a realizarla. Al final conseguimos hacer entrar en razón al prófugo y la ruta, la de siempre, que contribuyó a alegrar la noche como solo esta ruta sabe hacer. Otra foto para el calendario. Agosto: Por increíble que parezca solo el "torito" se borró del grupo, bueno, ya lo había hecho todo el mes anterior. Pero Salva continuaba con su "planter de nuvols" los viernes por la noche. Y funcionó. Todos los sábados amanecía nublado retrasando la aparición del cruel sol veraniego que nos castiga en estas tierras. Sin sol el calor es más llevadero, pero cuando Lorenzo se pone a lo suyo es incontestable. Las rayadas con las que llegábamos a la base eran solo de los últimos kilómetros, así que le íbamos estirando una semana más la última salida. Incluso nos atrevimos por una ruta a La Calderona que nos hizo conocer un mirador espectacular: Las Peñas Altas.
Septiembre: Tanto estiramos esa última salida veraniega que nos metimos en la pendiente que lleva al otoño. Aún quedaban semanas de calor, pero lo gordo del verano y del inclemente sol ya había pasado. El ambiente de septiembre es distinto. El calor y el sol están ahí... pero de forma diferente. Las tormentas que se forman entre finales de agosto y principios de septiembre lo cambian todo. Tanto había cambiado todo que septiembre nos regaló el premio anual del grupo. El fin de semana biker cumplía con su tercera edición. La culminación de una ruta por cada provincia de la comunidad. La ruta de este año no podía tener mejor destino: Cofrentes. La ruta desde Cofrentes a Cortes de Pallás acabó con un paseo en barco para cerrar el círculo que habíamos iniciado unas horas antes, y luego, fuera de ruta, el espectacular conjunto que hizo del finde algo inolvidable, con visita sorpresa incluida de quien no había podido asistir a otros findes. Ese fue el mejor regalo de todos.
Octubre: Este mes trajo un par de rutas nuevas. Visitamos el observatorio astronómico de Cheste y volvimos del Portillo por una senda que ha sido de lo más divertido del año. También nos marcamos una ruta larga hasta La Cova Colomera, un lugar espectacular que sorprende por las proporciones del hundimiento. Y como no, la reina nos deleitó, una vez más, con todo su repertorio para culminar el equinoccio.
Noviembre: Con el problema de las salidas de todo el día instalado entre nosotros, tocaba buscar soluciones de corto alcance y largo resultado. Eso es que me puse a buscar rutas nuevas con la condición de poder ser rodadas un sábado por la mañana. Algunas salieron y nos pusimos a recorrerlas. La Calderona tenía mucho que ofrecer. Una de esas primeras rutas fue la del Mirador de L'Abella y subida al Ventisquer del alto de Rebassadors, ruta tremendamente emocionante y divertida que amenaza con instalarse entre nosotros y ser una de las habituales.
También visitamos, después de bajar de Santa Bárbara, el castillo de Benissanó y un buen tramo de caminos nuevos entre Riba Roja y Benaguacil, así como por L'Eliana y La Vallesa, cuyos parajes no dejan nuca de sorprendernos. Y por fin llegó Diciembre: Y con él mis vacaciones, o lo que es lo mismo, tres fines de semana consecutivos que teníamos para poder explotar rutas. Y nos pusimos a ello. La ruta de Espadán nos dejó boquiabiertos por la espectacularidad de los paisajes, por el bosque infinito que se contempla en las laderas de sus montañas, en las subidas agónicas que nos metió la montaña para hacernos desistir de coronarla y de las bajadas imposibles que exprimimos hasta el límite de los frenos... y en una bacanal de sensaciones que nos dejó perplejos y maldiciendo por no haber venido antes a esta ruta. Pero aún quedaba lo mejor. La Serra D'Irta. Ya antes de mitad de ruta la habíamos bautizado como la mejor ruta del año, así que con todo el recorrido no pudimos más que rendirnos a sus pies. Lo tiene todo. Eso resume la ruta. Es-pec-ta-cu-lar. Y para terminar con las rutas nuevas y meter un poco de descanso acabamos con una ruta de sábado por la mañana por La Calderona. Olocau ofrecía posibilidades con el cercano castillo del Real y la subida al Mas de L'Olla, poblado de origen morisco digno de visitar. También quedamos gratamente impresionados por esta ruta que nos ofrecía la posibilidad de muchos sábados de diversión.
Así que bien mirado el año, el calendario del 2011 no va a estar nada mal. Y a lo largo de este año que está a punto de empezar nos volveremos a preguntar si podremos superar las fotos para el siguiente calendario, como si no nos conociéramos.

Pero lo más importante es que hemos cerrado el año a lo grande. Poco podíamos imaginar hace tan solo unas semanas esta apoteosis paisajística, de emociones y sensaciones. Parajes idílicos y recónditos que nos han llenado las retinas de postales inolvidables, y aunque hemos concentrado en este último mes varias de las rutas más destacables del año, como dice el refrán: …más vale tarde que nunca. Ahora ya tenemos foto para cubrir el calendario con los meses que no teníamos a donde agarrarnos.

Estamos agotando el territorio para nuevas incursiones. El blog o lo que es lo mismo, nuestra particular bitácora sigue creciendo y nos vamos acercando a las 30.000 visitas, a las 100 entradas, 100 crónicas que hemos contado con toda la ilusión de las rutas nuevas o de aquellas repetidas que merecían alguna aportación más a lo ya dicho. En realidad cada ruta es una ruta nueva. Quizá no el camino, pero sí las emociones, los sentimientos, las conversaciones y las bromas. A veces los problemas que nos acompañan durante la semana y que aquí, con los amigos podemos desgranar y estudiar desde otros puntos de vista, podemos dar rienda suelta a nuestras frustraciones porque estamos entre amigos, a veces incluso podemos discutir. Claro, que seamos amigos no quita para que hayan discusiones o simplemente distintos puntos de vista, pasa en las mejores familias; pero unos miles de pedaladas después el enfado ha quedado atrás, no sabes bien en que pedalada se te cayó de la chepa y allí quedará... vuelve la amistad, el compromiso, las bromas y la alegría. Porque al final del año, igual que el anterior y el otro, y el otro, y el otro, eso es lo que seguimos valorando por encima de todo. La unidad del grupo incluso con nuestras diferencias y todo. Porque lo que queremos es seguir dando pedales entre amigos y pasarlo cada vez mejor si es posible. Feliz año.



Es Navidad y esto significa… un año más.

Y parece que fue ayer cuando resumíamos el año 2009 con la que decíamos que era la tercera edición de esta crónica resumen anual, y con estas líneas está cayendo la cuarta, así es nada.

Podría decirse que esta costumbre periódica de final de año resumiendo lo rodado, lo vivido, lo sentido, lo soñado.. ya se ha convertido en otra de esas “regletas” que a Roda i Pedal tanto le gustan, así pues vamos a lo que vamos y por tanto, rememoremos en menos de 1500 palabras lo que nos ha deparado el último año de la década de este tercer milenio, “rodaipedalarmente” hablando, claro.
Este año y aunque por el número de rodadas en grupo realizadas no lo parezca, (que han sido 53, una más que semanas tiene el año) a primera vista tenemos la sensación de que ha sido un año un tanto rarito, repasada la estadística general, tal vez por que las circunstancias laborales de alguno de nosotros a mitad de año no fueron del todo halagüeñas y por lo tanto, hubo que conformarse y amoldarse a trillar (eso si, sin dejar de disfrutar) esos caminos que no por conocidos nunca nos cansaremos de recorrer una y otra vez, consecuencia por la que nos hemos aventurado un poco menos que de costumbre y por la que el número de rutas “espectaculares”, ha sido inferior durante la parte central del año a las rutas de aventura de los últimos tiempos, pero como todo en la vida, todo se arregló afortunadamente pronto y el final de curso ha sido de los que hacen época y nos hemos desquitado “con saña” de la represión paisajística padecida… si es que la hubo.
De hecho el nuevo calendario 2011 que está a punto de salir de imprenta, perdería el combate pugilísticamente hablando “a los puntos” por tan solo un par de fotos, por lo que visto fríamente no va a tener mucho que envidiarle al del año pasado, eso sí, por las circunstancias anteriormente comentadas, se han concentrado nuestras salidas más espectaculares en el último cuatrimestre de este 2010 que ya agoniza.
Y es que algunos dirán, ¿que ha sido rarito y menos espectacular? ¡pero que dices muchacho!, y es verdad…., ya que empezamos el año a lo grande, jubilando a las tan queridas como odiadas Lapierre (Marta y Raquel) y dimos la bienvenida a dos flamantes Specialized Stumpjumper FRS Comp (Dafne y Circe) que fueron las causantes de la nueva llegada tan solo ocho meses después, de otra Lapierre, una Zesty 914 de gama alta que se mercó otro de los miembros del grupo, dando otra vuelta de tuerca con el asunto del elemento de peso atómico 12,011 (o sea el Carbono) cuyo virus poco a poco (y si no al tiempo), probablemente causará una futura pandemia “elemental”. Así que, menos mal que ha sido “rarito”.

Abrimos el año con uno de los grandes, el Pico Ropé, aventura que continuamos al mes siguiente con nuestra visita a Jérica y sus montañas, culminando en marzo con los tres reinos de la espectacular Serranía del Turia. Abril nos llevó nada menos que al Montcabrer, otra cita mítica que ansiábamos y cuyo recuerdo mantuvimos durante los siguientes tres meses que rodamos por nuestros dominios de siempre. Pasados los agobios personales y los calores del verano llego septiembre, y la espera nos premió de nuevo con otra inolvidable experiencia en Cortes de Pallás donde disfrutamos con las familias de otro espectacular fin de semana biker. En octubre la Cova Colomera nos mostraba sus secretos, recelosa de saber que en noviembre visitaríamos un lugar no menos emblemático como fue la Font de L´Abella y alrededores en nuestra querida Serra Calderona, pero lo mejor estaba por venir, y diciembre se alzó con la medalla al llevarnos con un “poquito más de power” a lugares tan mágicos como la Serra d´Espadá y como broche final a la Serra d´Irta, cuyos emblemáticos paisajes tardarán mucho tiempo en desvanecerse de nuestras retinas.

También es cierto que para no olvidar lo mucho subido, (que nunca se olvida) lo mucho bajado (que siempre es poco..) y todo el resto llaneado (que es más de lo mismo de no ser por la charla, el cachondeíto y algunos “sprints”), las 1896 fotos que hicimos en la totalidad de las rutas recorridas durante este año 2010, a las que sumaremos los 94 minutos de video que igualmente grabamos, serán un vivo exponente de todo lo acontecido. Muestra de ello son también los 11 pinchazos sufridos (Luis ha ganado el oro con 6), aunque tal vez lo más destacable y digno de mención es que ni una sola vez hemos mordido el polvo, dicho de otro modo, que las máquinas de acero no nos han derribado aunque en alguna ocasión lo intentaron.
Igualmente destacable ha sido nuestro particular “pacto con el diablo” (como alguien cercano al grupo nos dice tener) en cuanto al habernos permitido salir 52 de las 53 veces que nos calzamos el equipaje biker sin que la lluvia nos aguara la fiesta, aunque todavía está por ver que nos pedirá el maligno a cambio para el año próximo (alguna subida con el plato grande o algo así, ya verás….), pero de los 2794 kilómetros recorridos este año 2010, solo nos quedan una vez más, sensaciones inolvidables, imágenes imposibles, esfuerzo, goce y aventura unidos que culminaron en cualquiera de esos tres vértices visitados: Ropé, Mampedroso y Cinto Cabra, lugares de los que guardaremos además del pétreo trofeo acostumbrado y las muchas imágenes atrapadas, esos “sonidos de silencio” con los que tanto nos deleitamos al conseguir doblegarlos con nuestra desafiante a la vez que altiva presencia en sus pétreos dominios y cuyas sensaciones y detalles han quedado fiel y detalladamente reflejadas en cualquiera de las 17 crónicas con las que engrosamos nuestra particular bitácora pedalera. (y cuidado, solo quedarán 2 para sumar 100).

En cuanto a lo negativo del año tal vez ha sido que el benjamín del grupo y su Oréades, por uno u otro motivo que ahora no vienen al caso se ha perdido muchos de esos mágicos lugares visitados, cuestión que más que lamentar casi es de agradecer entre otras cosas, por ser la excusa perfecta para volver a recorrer todos y cada uno de esos recónditos lugares en breve. Por otra parte lo mejor de este asunto es que su ausencia nos ha causado el espejismo de sentirnos físicamente más poderosos en los ascensos a las cumbres que cuando nos acompaña, y es que la edad no perdona señores, pero cuidado que “los viejunos” seguimos ahí, constantes, a buen ritmo y con las pulsaciones controladas (o descontroladas..) aunque la velocidad de crucero del chaval nada tenga que ver ya con la nuestra (ojo, siempre y cuando el calor no apriete, claro…).
Lo que nunca faltó puntual a su cita al final de cada recorrido en nuestro particular y venerado “R.C.”, fue el tan refrescante como reparador líquido elemento de cebada que amenizó semana tras semana cada charla, que acompañada con el repaso a todos y cada uno de los lugares recorridos y visitados junto con el recuento de los miles de kilocalorías quemadas, se hizo patente tanto en las emociones físicas y visuales acumuladas como en más de una ocasión, en las sensaciones musculares de nuestras tan sufridas como entrenadas piernas y músculos lumbares sin olvidar otros lugares de nuestra anatomía de nombre menos casto, sensaciones que nosotros solemos resumir en tan solo dos palabras “ Estic rebentat”.

Leyendo y repasando de vez en cuando nuestra bitácora, a veces me asalta la idea de pensar cuál es nuestra meta, si es que la hay; qué buscamos en cada salida; que pretendemos demostrarnos; que más ansiamos en nuestro continuo rodar por las montañas, y la respuesta es más sencilla de lo que parece ya que podría ser tan simple o tan compleja como nosotros queramos. Pero la realidad es que no buscamos nada más que no sea disfrutar de cada momento, de cada paisaje, de cada uno de esos recónditos lugares con los que la naturaleza en estado puro, nos premia a su paso sin pedirnos nada a cambio, nada más allá de nuestro propio esfuerzo para poder llegar hasta allí con nuestras silenciosas máquinas de dos ruedas, eso si, siempre celosamente respetuosos con el entorno y siendo conocedores de lo extremamente afortunados que somos de poder gozar de esa “cascada fotónica” que supone cada una de las rutas recorridas y de los paisajes que hemos podido admirar, lugares de los que la mayoría de los mortales ni en sueños podrían imaginar y mucho menos acceder a golpe de pedal.
De nuevo acumulamos otro año más, cientos de inolvidables experiencias compartidas de las que al igual que en años anteriores, hemos desgranado en este blog resúmenes de cada una de ellas junto con algunas de las más bellas imágenes que nuestro ojo electrónico ha podido captar, con la única intención de salvaguardar el recuerdo y provocar tanto nuestro propio deleite como el de todas aquellas personas que comparten nuestra afición por el así como nuestro amor y respeto por la naturaleza.
Ojala que esta segunda década de este tercer milenio nos traiga tantas biker-emociones como la primera, y que al igual que en años anteriores podamos recopilarlas y a su vez compartirlas con todo aquel que por ellas se interese.
Así pues solo resta decir aquello de Feliz Año “RodaiPedalero” Nuevo y que el 2011 nos/os sea benévolo en las rodadas venideras.

Carlos, Kike, Luis y Salva. "Roda i Pedal"

domingo, 26 de diciembre de 2010

Crónica Olocau-Mas d´Olla

"Nuestro camino no es por fáciles prados de hierba, sino que es un sendero de montaña escarpado y lleno de dificultades. Pero siempre hacia adelante, hacia arriba, hacia el sol." Ruth Westheimer

Esta ha sido la última ruta del año, y para no desmerecer del resto del mes nos marcamos otra ruta nueva, otra ruta impresionante con el valor añadido de ser una ruta cercana, de esas que nos permiten rodarlas cualquier sábado por la mañana. En esta última salida, el sábado que es nuestro habitual día de pedaleo, coincidía con Navidad, así que tuvimos que aplazar la salida al domingo por la mañana.
Echamos mano de una ruta de bikepedalvalencia, jeje, y nos vamos con el remolque hasta la entrada de Olocau. La gasolinera abandonada ya nos tiene guardado el sitio para aparcar al grandote, ya son viejos conocidos de las muchas horas que han pasado esperando a que volviéramos. En esta ocasión añadimos una pequeñita modificación sobre la ruta original ya que si no es todo para arriba desde el inicio, así que para calentar un poco las piernas antes de meterles subida, hacemos una visita a la fuente de la Salud. Llegamos a ésta desde el interior del pueblo siguiendo las señales de "itinerario geológico", después de la última casa giramos a la izquierda en una subidita y enseguida vemos el camino a la derecha, pegado a la pared de la montaña y bordeado con una barandilla de madera. Es un tramo corto pero con un tremendo encanto. El suelo tapizado de pinocha se enciende bajo la luz del sol y la helada hojarasca, dando un efecto sublime al momento.



Sobre nosotros la peña Alí-Maimó, característica montaña de rodeno mellado y farallones de piedra que se elevan buscando un cielo, hoy azul, que sin embargo nunca alcanzarán. Paseamos bajo los pinos que definen el camino hasta la fuente, eso sí, con un frío que pela. Allí se abre una pequeña plaza con mesas donde poder parar a comer. Luego el camino se convierte en senda y continúa para rodear la peña. Desde aquí podemos ver parte del característico punto blanco pintado en la cara de esta montaña y visible desde muchos kilómetros de distancia. Visita rápida, casi de médico, y continuamos el camino, el frío, en esta zona sombría bajo los árboles es muy intenso y necesitamos calor. Deshacemos el camino y entramos hacia dentro del pueblo, giro a la derecha cuando nos obliga la pared de enfrente y todo recto para salir del pueblo por el caminito asfaltado hacia el castillo. La intensa subida se agradece ahora, nunca pensamos que agradeceríamos de tal manera una subida, pero el esfuerzo nos hace entrar en calor rápidamente.
Metemos todo el desarrollo de subida y buscamos una buena cadencia de pedaleo. La rampa es intensa pero no necesitamos ir haciendo "eses" por el camino. El solecito de este tramo se acabará casi con el asfalto; allí el camino gira a la derecha ante una bifurcación y también se suaviza la rampa. La sombra de la montaña deja el camino sin la caricia del sol y los charcos helados no ofrecen duda de la baja temperatura que tenemos hoy. La inmensa pinada también ayuda a refrescar el ambiente y mantener la humedad ambiental.
Poco después llegamos al desvío y tenemos la primera vista directa del castillo. Giramos a la izquierda para acercarnos hasta la base de la atalaya. Luego a la vuelta cogeremos el camino de la derecha para seguir la ruta. Vamos subiendo por un camino algo pedregoso. No está en muy malas condiciones pero lo tenemos en cuenta sobre todo para la bajada y aquello de que la velocidad es mala consejera. Salimos de la pinada para encontrar la peor rampa de este trozo. Llegamos a la base de la montaña y continuamos hasta encontrar aquel "mirador" justo enfrente. Encontramos aquí una buena vista de las piedras de la montaña en equilibrio y de los restos del castillo.
No nos demoramos mucho en este lugar ya que era solo para tener una vista justo desde abajo. Luego volvemos hacia atrás descendiendo lo que hemos subido. Cogemos el camino, ahora a la izquierda, para continuar ruta. Primero en subida hasta divisar las piedras de color verduzco y plateadas de la montaña, luego en bajada hacia el corral y posterior cruce de caminos. Todo a la izquierda para iniciar, poco después, el tramo largo de subida de la ruta. Antes pasamos una zona baja a la sombra de los pinos y con un fresquito que invita a buscar aceleración y reencontrarse con el sol, que hoy será nuestro mejor aliado. Bueno, por ser totalmente sincero, el mejor aliado será la ausencia de viento, con esta temperatura un poco de viento hubiera sido mortal.
Obviamos el primer camino a izquierdas y seguimos hasta el próximo con cartel indicador de Tristán. Si la intención es llegar hasta allí hay que saber que este camino se convierte después en senda, o bien hay que subir hasta Gátova y dar un rodeo monumental, que nadie se lleve a engaño que el camino hasta Tritán no es del todo ciclable. Desde aquí vamos remontando la montaña, intercalando tramos de suave ascenso con otros de subidas bravas. Por fortuna el firme, aunque algo roto en ciertos puntos, no nos presenta una gran dificultad. El Gorgo se deja ver en la distancia frente a nosotros cuando las montañas y los giros del camino lo permiten, pero a nuestros pies va creciendo una ladera de profundo desnivel y cerrada vegetación. No hace falta levantar mucho la vista para observar el impresionante horizonte que se nos presenta, una colosal sucesión de todas las montañas conocidas.
El conjunto es tan grande como innombrable. Observamos ávidos de paisajes y novedades. De colores bajo el radiante azul celeste en un día despejado hasta lo inaudito. Recuperado el aliento tras la rampa y el pulso tras las emociones paisajísticas, continuamos subiendo. La subida sigue muy parecida al tramo anterior, algún repecho fuerte se interpone entre las rampas más suaves, pero no nos desfondamos y seguimos subiendo a tren.
Nos adelantan 3 moteros pertrechados con todo su equipo, ya nos venían anunciando su presencia desde hacía rato con el ruido de los motores rompiendo el silencio y la paz en muchos metros a la redonda de su posición. Nos adelantan con pocos miramientos y a una velocidad nada moderada, aunque tampoco vamos a decir que iban como locos...el susto nos lo darán después… Poco después del aljibe llegamos a la parte alta de la ruta. Nos desviamos a la izquierda y vamos al mirador improvisado al borde del acantilado. Este tramo de camino está reventado de piedras, abandonado y sin tránsito que lo mantenga abierto y cuidado, el camino se descompone ante el envite de los elementos y la fuerza de la naturaleza, lenta pero inexorable.
Aparcamos las bicis sobre las bochas, los romeros y lestiscos, y nos aventuramos entre las plantas; nuestro tránsito removiendo las matas, rozándolas y pisándolas, desplegará un sinfín de aromas exuberantes y tonificantes que nos harán husmear el ambiente para llenar las fosas nasales. Nos asomamos al abismo para ver, bajo nosotros, una preciosa pinada que crece inclinada subiendo la vertiente de la montaña. El poderoso verdor destella incluso a la luz de la sombra.
Y sobre este espectáculo de luz y color, el castillo erige su figura en la puntiaguda montaña, a modo de espada, mucho tiempo atrás olvidadas en este valle. Embellece aún más su figura enmarcado por las montañas que, detrás, difuminan su presencia ofreciendo un "modo retrato" natural. A la derecha, los restos del poblado morisco de L'Olla, siguen esperando, con inmutable paciencia, su nuevo e improbable reverdecer.
Hablamos de aquellos primeros moradores de estas tierras, aquellos moriscos que fueron desplazados a cajas destempladas de sus tierras de labranza a estos recónditos lugares, de las difíciles condiciones de vida y del inmenso trabajo que dejaron hecho en estas montañas... y del pago que recibieron como agradecimiento, de la expulsión de territorio español hacia tierras africanas, al igual que en su día ocurriese con los judíos. El difícil y espinoso tema de la inmigración desde tiempos inmemoriales, de la intolerancia y el temor que despierta lo desconocido, de culturas enfrentadas en lugar de fundidas en una cultura global más rica y humana. No hablamos solo de cultura o color de la piel, de política o religión, hablamos de la necedad y la ceguera del ser humano. Nos volvemos para ver en la distancia las montañas mil veces nombradas y fotografiadas. Recitamos sus nombres, como la alineación de nuestro equipo, mientras las señalamos, mientras intentamos identificar algún nuevo pico, alguna cara nueva entre las ya familiares. Hoy creemos haber visto el Menejador y el Puig Campana. Subyugados por la fuerza de la representación paisajística que se ofrece ante nuestros ojos nos recreamos en la contemplación como hacía tiempo que no pasaba.
Es una alegría detectar nuevos objetivos sobre los que fijar nuestra vista en posteriores rutas al otear el horizonte. Volvemos hasta el camino y seguimos para iniciar la bajada al barranco de L'Olla, que recoge las aguas de la cara noreste del Gorgo para bajarlas hasta el Carraixet entre Gátova y Olocau. El descenso es rápido y divertido, el firme en perfecto estado nos permite un agarre optimo en el que encontramos seguridad. Llegamos al paso sobre el barranco, hay aquí una poza que esperaba mostrarles, digo esperaba porque la realidad supera todas las expectativas, ¡está helada!
La gélida noche ha mostrado su lado más crudo en este invierno que no ha hecho más que comenzar, pero la postal que nos ofrece no tiene desperdicio. Las piedras más pequeñas no pueden atravesar la gruesa capa de hielo que inmoviliza la charca en la parte superior, por abajo si que fluye el agua, pero el par de centímetros de hielo en la parte más gruesa no se los quita nadie. Una breve parada en la que disfrutamos del precioso paraje y nos ponemos en marcha para remontar el barranco. Será la última subida del día.
No es ni muy larga ni excesivamente cruel, pero sí dura. Inmediatamente después el Mas de L'Olla se alinea a ambos lados del camino. Un pequeño poblado con una docena de casas de las cuales solo una, al pie de la torre, conserva la puerta y parece que tiene algún tipo de uso, el resto son retazos de pasado. Piedras que difícilmente pueden ya contar su historia y que sin embargo guardan un sabor hogareño y entrañable incluso para los forasteros. Un lugar decadente y sin brillo que, sin embargo, enarbola toda su dignidad.
Continuamos hacia el lugar elegido para almorzar. La silueta del castillo se alza en medio del valle coronando la peña sobre la que se asienta. Aquí es donde las motos que comentábamos antes casi se nos llevan por delante al salir ellos de una curva en paralelo y ocupando todo el ancho del camino. Si no llega a ser porque al oírlos nos hemos parado como precaución, a estas horas estaríamos contando algo distinto a buen seguro. Un camino a la izquierda metido en medio de una pinada se convertirá durante el rato del almuerzo en el descanso del guerrero. Unas piedras montadas a modo de sillas improvisadas y mesa en un claro de los pinos al sol, nos servirán de lugar de reunión. Comemos mientras comentamos las situaciones de la ruta hasta el momento y hablamos de las posibles incorporaciones de los sobrinos menores que ya apuntan maneras y quieren el carnet familiar de Roda i Pedal.
Con el reconfortante café calentando las entrañas, nos ponemos en marcha para llegar, primero al aljibe que recoje las escasas precipitaciones en estas montañas en época veraniega y luego a la zona de las enormes carrascas que hay justo donde empieza la bajada.
Es un prado abierto en una vaguada donde estos grandes árboles reinan en un territorio repleto de pinos.
En la ladera de la montaña, la fusión de estas dos especies pone un toque de color y distinción al paisaje. El inicio de la bajada nos hace parar por última vez en este tramo de camino, ya que en la bajada no tendremos tiempo para observar el paisaje. Al frente el Gorgo muestra su fisonomía irregular entre las enormes piedras de rodeno que sobresalen de su piel y entre los árboles. Vemos también la senda a nuestra izquierda que baja hacia Marines, y al frente, el camino que luego se convertirá en senda y que sube hacia el molino de Gátova.
Y ahora sí, la perla de la jornada. Nos dejamos caer por el camino en fila, cargamos el plato mediano y un piñón intermedio, posición aerodinámica, los dedos sobre las manetas de freno, el cuerpo vencido sobre el manillar y las rodillas aferradas a la punta del sillín. No ha hecho falta pedalear para coger velocidad. El oído atento a lo que pueda venir de frente, toque de freno para reducir la inercia a la entrada de la curva, el firme en perfectas condiciones nos ofrece seguridad. Observamos que está duro por la helada y la humedad de la noche que junto con el frío han helado el piso que se compacta y endurece pero que no patina. No es un camino es “una autopista”, que además, en ausencia de grandes piedras y roderas aún la hace más perfecta para rodar.
Curveamos con el camino a un lado y otro, pegados al barranco pero sin tener sensación de peligro en ningún momento. Una buena velocidad de descenso que pone un toque de emoción y diversión sin tener que llegar al límite. Nos cruzamos con unos jinetes que nos observan desde sus grandes monturas, la anticipación ha hecho que los oyéramos incluso antes de verlos y así reducir el posible riesgo. El frío viento de la parte sombreada de la montaña nos golpea en la cara dejándola entumecida. Cuando el tramo recto lo permite un rápido vistazo hacia atrás para asegurarse de que vamos todos, que nadie por detrás ha tenido un percance. Los badenes que cruzan el camino nos hacen saltar y sentimos, por un precioso momento, que podemos volar. Y así, antes de lo deseado, llegamos a la carretera y acabamos con la diversión sin límite de este descenso. Comentamos las sensaciones y nos lanzamos en esta bajada por asfalto que requerirá, en más ocasiones de las que hubiéramos deseado, un empujón de pedal para pasar los tramos llanos. Son unas pedaladas que no requieren gran esfuerzo ya que la inercia invita a dar pedales, pero lamentamos la falta de un puntito más de desnivel que nos bajara gratis total hasta Olocau.
En este trayecto pararemos aún un par de veces a orilla de la carretera a observar el profundo y gran barranco del Carraixet o de Gátova, como también se conoce en este tramo alto, y que fue responsable de la crecida que en la riada del 57 se llevó por delante parte de Marines, motivo por el cual se construyó el nuevo Marines en la plana del Camp del Turia bajando hacia Llíria.
Llegamos a Olocau, lo atravesamos por dentro para evitar el tramo de carretera que circunvala el pueblo y gozar así de un ambiente más tranquilo y sosegado, antes de tomar el carril bici que nos suba hasta el lugar donde hemos aparcado.
Ponemos punto final a la ruta y al año pedalistico con el consabido juntar las manos y gritar Roda i Pedal, y con el deseo de que el 2011 sea como mínimo tan bueno como ha sido el 2010 pues superarlo va a ser muy difícil. Pero intentarlo, lo que se dice intentarlo, lo vamos a intentar.



Track de la ruta en RUTES DE RODA I PEDAL