martes, 11 de diciembre de 2007

Ruta Balsas de riego - Molinos de Alcublas (01/12/2007)

Esto se está convirtiendo en una costumbre, agradable, por supuesto. Seguimos conquistando más y más cumbres, dejando nuestra bandera en cada cima, llenando de muescas los sillines y, como no, coleccionando vértices geodésicos. Hoy apuntamos otro, el del alto de los molinos de Alcublas. Este singular paraje, de increíble belleza y bastante desconocido a pesar de su proximidad, nos ha deparado una jornada de pedaleo tremendamente intensa y divertida.
Como siempre, en la base ultimamos los preparativos y partimos con el remolque cargado hacia Lliria, en donde tomaremos la carretera dirección Alcublas hasta llegar a las balsas de riego. Dejamos atrás el “camí del canal” y junto a la masia Casa Carlos tomaremos el primer camino a la derecha para ir aparcando en cuanto podamos y hacer el desmonte rápidamente por las ganas de empezar.

Comenzamos a pedalear en una pendiente suave pero que nos acompañará inflexible hasta arriba de la montaña y, tras coronarla llanearemos hasta el pie del alto de los molinos a 906m. de altitud, pero no adelantemos acontecimientos.
Comenzamos a un ritmo suave ya que con las ganas de partir hemos olvidado los estiramientos y ahora necesitamos ir calentando la musculatura poco a poco, pues como decíamos, la pendiente es persistente y no afloja. Les voy poniendo en antecedentes de lo que nos espera y les muestro ante nosotros la cumbre del mirador, primera parada oficial de la ruta; digo oficial, pues las paradas fotográficas a lo largo del camino se harán, una semana más, imprescindibles para el pleno disfrute de la ruta.

El camino, empieza a serpentear mientras ganamos altura y con ella, los paisajes lejanos comienzan a mostrarse. La visibilidad, un sábado más es extraordinariamente clara y nos permite apreciar distancias increíbles, nada menos que 125km. en línea recta. Más cerca, las ondulaciones de las montañas por las que transitamos también nos alegran la vista, y un poco más allá, la plenitud de la Serra Calderona nos muestra todas sus cumbres, instaladas en estas primeras horas de la mañana en un azul oscuro, que, en contraste con el azul celeste contra en que se recortan, les otorga una estampa de pétrea y bella intemporalidad.

Conforme el sol va ganando altura en el cielo, comienza a arrancar el color de los pinos que pronto cubrirá las montañas de un intenso verde. Nosotros también notamos que junto con la dureza de la subida, ese sol nos va arrancando las primeras gotas de sudor que nos van empapando, y pronto, la chaqueta empieza a molestar, así que los más valientes ya están despojándose de ella y tirando de cuesta en manga corta.
Entramos ahora en un terreno rompe piernas de rampa, descansillo y ligera bajada que luego habrá que remontar para volver a empezar a subir. Ya estamos a una buena altura y llega el desvío de Torres, lo ignoraremos y continuaremos hacia la izquierda, momento en el que nos encontramos con los primeros cazadores de los muchos que veremos en el día de hoy; ellos, al igual que nosotros, también disfrutan del monte y como nosotros, también un grupo de motoristas nos ha adelantado justo cuando iniciábamos la marcha; afortunadamente no nos han destrozado mucho el camino. Nos estamos enfrentando ya a la primera de las rampas realmente duras que encontraremos; corta pero intensa nos hace poner todo el desarrollo. El camino, muy deteriorado, se encargará de poner la dificultad extra para dificultarnos el avance que se hace lento, tortuoso, difícil. Terminamos la rampa exhaustos y decidimos parar para recuperar el aliento, aunque la excusa será disfrutar de las vistas y hacer fotos.
Seguimos adelante con la mirada puesta en el camino que se insinúa recortándose en la montaña y dejándonos ver los fuertes desniveles que a no mucho tardar tendremos que afrontar. Llegamos hasta allí para comprobar que la dureza de las rampas es más visual que física, pues, tan pronto como empezamos a subir, esta disminuye y, comprobamos con alivio que el avance es más fluido de lo temíamos, por lo que con alegría en las piernas las abordamos.
Ya llegamos al desvío que tomaremos a la izquierda y nos llevará al alto del mirador, donde una buena rampa custodia el acceso; esta la superaremos no sin esfuerzo para llegar a un altiplano a unos 600m. de altitud, donde la grandeza de las vistas se convierte en todo un espectáculo.

Frente a nosotros, tachonando el paisaje, vemos con absoluta claridad todas y cada una de nuestras cumbres; en un cuadro absolutamente magnifico tenemos, distribuidas en dos líneas, unas tras otra aunque por la perspectiva todas agrupadas, las cumbres más renombradas y queridas por Roda i Pedal. Seguro que será una de las fotos de cabecera de nuestro álbum.

Buscamos a lo lejos todo cuanto podemos observar y en lontananza surgido de la bruma distinguimos El Montgó, pero para nuestra sorpresa a su derecha y por encima de la Serra Gallinera observamos otra cumbre mítica de la Comunitat Valenciana, la Serra de Aitana con su cima del mismo nombre sobresaliendo por encima de todo allá por los 1545m. de altitud.
Asombroso.

No nos cansamos de admirar y fotografiar todo cuanto se nos presenta ante nuestros ojos ávidos de belleza y, tras un prolongado deleite paisajístico en el que el síndrome de Stendahl vuelve a rondarnos, emprendemos de nuevo la marcha, para una vez llegado al cruce anterior seguir subiendo por espacio de unos 6km., hasta el alto del pico Pedroso. Realmente no lo coronaremos aunque todo sea dicho, porque el camino no lo corona sino que lo rodea hasta llegar al altiplano sobre el cual se eleva. Esta última rampa, también dura aunque con asfalto que facilita el pedaleo, nos hará coronar esta cordillera para llanear por espacio de 3km., en los cuales a la mitad ya tendremos vistas de nuestro objetivo de hoy.

Llegaremos a un desvío y lo cogeremos a la derecha para entrar en una carreterita asfaltada que bordea la montaña por su base; no será hasta el otro lado cuando al llegar a una granja surge un camino de tierra a la izquierda que, inequívocamente sube hacia la cumbre donde se ubican los molinos de Alcublas.
Llegamos arriba subiendo a muy buen ritmo (y es que no hay nada mejor que picar un poco al “torito” para que de pedales con ganas; luego, si puedes lo sigues….y hoy, aunque solo sea en esta subida, le he podido aguantar el ritmo) para comprobar con asombro que estamos ante un espectacular paraje. Los molinos, restaurados y perfectamente conservados, son el centro de un enclave desde el que las vistas sobre Alcublas son asombrosas. Mesas de obra salpican este alto convirtiéndolo en un buen lugar de esparcimiento si te animas a subir hasta aquí.

Tras unas mil fotos, llega el almuerzo, que al aire libre sabe mucho mejor, este solo interrumpido por el constante zumbido que las molestas motos se empeñan en propagar por la carretera; es incomprensible, pero lamentablemente cierto. Bromeamos sobre nuestra “antisociabilidad”, pues nos molesta el ruido y además no dejamos basura por allí por donde vamos… igual va a ser que sí que somos raros.
Después del sibaritismo que supone tomar un buen café calentito ya toca volver; ahora es casi todo para abajo pues los llanos vienen precedidos de grandes bajadas que nos darán impulso para llanear rápido y afrontar el descenso con un buen empujón que nos dará alas.
Tras esa primera rampa asfaltada y a una velocidad trepidante llega el momento de decir aquello de “¡Mare de Deu dels Desamparats!”; y es que el cambio de firme a esta velocidad te pone los nervios de punta, pues cuando ves que llega la transición no sabes si frenar o tirar para adelante. Hacemos esto último, rezando todo lo que sabemos y que no es otra cosa que el padre nuestro biker y que “reza” así:
“Padre nuestro que estas en los frenos, santificado sea tu nombre,
venga a nosotros tu horquilla, hágase su voluntad, así en las piedras como en los baches.
El pan nuestro de cada día dánosle hoy, perdónanos nuestras caídas así como nosotros
frenamos en cuanto podemos, no nos dejes caer en la dura tierra mas líbranos del mal.”

Con este soniquete en la cabeza vamos trazando curva tras curva en persecución de Salva que, arriba se lanzó a tumba abierta dejándonos a todos esperando a que pasara un coche. Nos lanzamos a por él de pie sobre nuestros pedales, con el sillín de nuestras maquinas entre las piernas, atenazado para dar ese último golpe de timón que ayude a la dirección a seguir en el camino; hemos marcado una máxima de 53km/h. pero Salva no se ve por ningún sitio.
Hoy es Carlos quien se marca un recto pero al menos él tiene el sentido común de hacerlo por un camino que se va no sabemos a donde, afortunadamente nos oye cuando le sacamos de su error y puede rectificar rápidamente sin perder nuestro ritmo. Un par de curvas más abajo y junto a otro desvío nos encontramos con el tránsfuga que nos espera pensando que igual se ha perdido en uno de los cruces; por fortuna no ha sido así.

Ahora todos juntos abordamos los últimos 7km. Me sitúo detrás del grupo para ir grabando la bajada. A pesar de venir ya almorzado voy a comer polvo por un tubo pues los tres jinetes que me preceden están limpiando el camino y tirándome todo a mí; parece que hasta las sombras levantan polvo, pero deseando que esta imagen salga en el video, seguimos el impetuoso descenso.

La cada vez más depurada técnica que estamos perfeccionando en nuestras últimas salidas se hace patente, pues a pesar de lo irregular del terreno y de que es un camino desconocido para nosotros lo estamos librando con gran comodidad y soltura; no obstante, alguna curva saca a relucir las más profundas virtudes de nuestros 18 quilates.
Firmes de determinación seguimos devorando curvas y kilómetros con una facilidad pasmosa, tanto que damos alcance a un coche que con su lento avanzar por estos caminos nos obliga a detenernos para dejar distancia y poder seguir con nuestro impetuoso avance.
Aprovechamos para hacer las últimas fotos y deleitarnos con los paisajes de montaña que nos rodean aquí en el valle en el que nos encontramos.

Volvemos a la carga disfrutando del final de la bajada y por lo tanto de la etapa. Tan corta se nos antoja que ya junto al coche alguno apunto está de seguir el camino. Nuevamente y, después de las felicitaciones, asoma a nuestros labios la sonrisa de la satisfacción por un trabajo bien hecho, y, es que no hay nada como disfrutar de un buen día de pedaleo con los amigos.





domingo, 2 de diciembre de 2007

Ruta Pedralba - Bugarra - Gestalgar (24/11/2007)

Dicen que la paciencia es una virtud, pero la espera hasta hacer esta ruta se estaba tornando tormento, pues desde que quien escribe realizó la rodada en solitario hasta haberla completado todo el grupo, ha pasado un tiempo y las ganas de volver a visitar y mostrar a los compañeros tan idílicos paisajes era grande. Pero con el tiempo y “paciencia” para soportar la espera, todo llega.
Y llegó el día de realizarla, tras haberlo acordado el la fallida salida de la semana pasada, pues por enfermedad del cronista la tan ansiada ruta de Aras se quedó por mi parte a medio realizar, y con más pena que gloria en el tramo realizado. Será la excusa perfecta para volver a ella en fechas más calurosas.
Pero hoy es hoy y aquí estamos descargando las bicis del remolque que hemos aparcado cerca del río, girando a la izquierda antes de llegar al puente de entrada a Pedralba.
Con el fresquito de la mañana nos ponemos en camino en dirección al campo del tiro. Primero nos acompaña una carretera asfaltada que dejaremos a los pocos km. para seguir recto por un camino que se dirige hacia las montañas. Enseguida notamos el desnivel, aunque es casi simbólico, todavía estamos en la zona de cultivos de naranjos y por tanto zona “habitada”. Pero esto cambia pronto; entramos ya en territorio biker tras un recodo del camino que nos deja en medio del monte y con la sensación de soledad que las desnudas laderas que nos rodean nos inspiran con fuerza, aunque hoy, al pedalear el grupo unido, la sensación es menos embargadora. Comenzamos la subida de las primeras rampas de verdad y estas se agarran rápido a nuestras piernas. Acabamos de comenzar la ruta y todo ha sido subir, por lo que no hemos tenido tiempo ni tan siquiera de calentar, pero de eso ya se encargará nuestra amiga la montaña.
Lentamente vamos ganando altura y las vistas tras nosotros se van magnificando con cada pedalada; además, la limpieza atmosférica de la que gozamos nos permite divisar distancias increíbles, justo hasta el mar, oculto tras la delgada línea brumosa que crece en la distancia.
Y como ya viene siento habitual, las primeras paradas fotográficas ya están aquí para inmortalizar estos parajes ondulados por los que transitamos. La frondosidad del monte bajo que cubre las laderas es tan abundante y rica que parece un prado, trayéndonos a la memoria imágenes vistas más propias de las laderas escocesas que de estas latitudes en las que nos encontramos.

Un imperioso deseo de congelar para siempre las bellas estampas que el paisaje nos ofrece a golpe de pedal, nos lleva aún a nuestro pesar, a detenernos a menudo a fin de disparar nuestra cámara y captar un poco de la esencia que la montaña destila a su paso, tal vez por el deseo inconsciente de poder transmitir a nuestros más allegados, parte de esa belleza que nos invade. Estas últimas semanas nuestra cámara se ha convertido en fiel aliada y compañera inseparable de aventuras , guardando en cada “click”, un valioso recuerdo que con el paso de los años nos hará revivir sin duda tan magníficos momentos.

Pero debemos continuar, por lo que seguimos subiendo a ritmo pues las rampas no son duras aunque si largas. Pero estas pendientes tendidas en la distancia no nos asustan pues nos dejan oxigenar con comodidad y no nos asfixian. El terreno, extremadamente pedregoso en tramos, es lo que más nos dificulta el avance, pues las piedras de considerable tamaño y alguna que otra rodera nos hacen esforzarnos por mantener la trazada en la subida.
Pronto llegarán las rampas más duras de todo el recorrido, cortas pero exigentes; se suceden una a la otra y tras superarlas coronaremos este lado de la montaña con unas vistas magnificas de todo cuanto nos rodea. Aquí ya comenzamos a vislumbrar a lo lejos los montes cercanos a Chulilla y esa parte de la serranía. Nueva parada fotográfica y trago de agua antes de emprender un tramo que nos llevará a la parte más alta de la ruta de hoy y con ella al desvío hacia la derecha para emprender la bajada.
Antes de esto pasaremos por un pequeño aljibe perfectamente conservado y que en medio de estos montes se convierte en todo un monumento que nada desmerece con las monumentales montañas que lo rodean.

Ante él se erige la cumbre más alta de la zona, que nos deja entrever el camino que lleva hasta su cima. Pero no será hoy el día que nos aventuremos a coronarla, aunque su sola visión en línea recta y por camino estrecho ya nos habla de su dureza. Lo dejaremos como futurible. Subimos lo que acabamos de bajar para llegar al desvío y con el a la zona más alta de la etapa 401metros de altitud, 350 metros de desnivel en 8 kilómetros, no está mal.
Preparamos el primer video de la jornada en la curva en herradura que inicia el descenso hacia Bugarra. La bajada larga, de casi 8 kilómetros que nos espera, sacara a relucir lo mejor de nuestra técnica, pues la velocidad así nos lo exigirá, aunque para alardes de destreza nos remitiremos a la bajada final, cuando al volver, descendamos la montaña que acabamos de subir.
Nos vamos dejando llevar por la pendiente cada vez más rápido y sorteando piedras, baches y roderas, apurando la frenada en las curvas, con mucha gravilla gruesa en los bordes y que nos indica el final de la trazada, el limite de la verticalidad, pues ir más allá sería una caída segura… o no, para ciertos privilegiados.
Con esa gravilla como marca máxima nos dejamos caer en busca de la siguiente curva, vamos de pie sobre nuestras monturas y apretando el sillín con las piernas para dar ese último golpe de timón que nos mantenga en el camino, ni demasiado lejos ni demasiado cerca del compañero que nos precede. Pero es que, acercarnos a él y esquivar la piedra que sale de debajo de su bici en el último momento es lo que da emoción a las bajadas, así que a sabiendas que tenemos que mantener una distancia de seguridad entre nosotros, esta se reduce y desaparece constantemente si nos dejamos llevar por la inercia de la bajada y la emoción que esta nos produce, hasta que algún pequeño susto nos devuelve a la realidad y con ella a mantener las distancias… por poco tiempo.
Tras una curva a la izquierda entramos en un terreno más bacheado de lo habitual y con una “magnífica” rodera y al poco de avisar del peligro que supone una curva no muy lejana, estamos cerca de sufrir una caída, “Salva-da” in extremis por una pericia (y por que no decirlo, toda la suerte del mundo) poco común a estas velocidades. Tras el susto y comentar la jugada llega la susodicha curva que, con el parón del incidente no nos a presentado peligro, pero que admitimos que si la velocidad hubiera acompañado…

Cruzaremos un puente sobre el formidable barranco en el que nos hemos instalado desde el inicio de la bajada, barranco formidable en la abundancia de su vegetación y que en época de lluvias recoge el agua de las laderas de las montañas. Nueva parada para admirar el paisaje, frondoso en este lado de la montaña y recortándose sobre nosotros las cimas cercanas al frente contra el cielo, que aquí en lo profundo del valle nos empequeñecen ante su imponente majestuosidad.

Casi hemos acabado la bajada y entramos en la zona más llana de este camino que nos llevará a desembocar en la carretera de entrada a Bugarra. Esta tiene un importante desnivel que aprovecharemos para marcar 57.6km/h. de máxima y disfrutar de la sensación de velocidad pura que da el asfalto.
La llegada a la zona de recreo del río Turia es todo un placer para los sentidos. El rumor del agua que abundante y limpia discurre con rapidez entre las piedras formando una corriente salvaje, parece casi impropia del río que conocemos manso y escaso aguas abajo. Toda la zona se halla bien cuidada y ahora en otoño atesora abundantes árboles que pintan las hojas que aún conservan de un amarillo casi furioso.

Al otro lado del río, las montañas se asoman no muy lejos para ver el discurrir del agua. Inmortalizamos el momento y nos dirigimos hacia la cabecera de la zona de recreo, para verla en su totalidad.

Después subiremos una escalera y cruzaremos por un puente de madera en precario estado, que nos obliga a hacer equilibrismo con la BTT cargada al hombro y que añadirá un poco más de pimienta a esta ruta.
Ascendemos por la “trepidante” rampa que ahora se nos torna en un suplicio y por esta carretera asfaltada iremos hasta Gestalgar, dirigiéndonos por la carretera de Chiva hacia el desvío de la Peña Maria.

Después bajaremos hacia el río para ir a la playa fluvial de Gestalgar en la zona de baño del Motor, donde encontraremos unas vistas increíbles del río en la parte de la pasarela que le sirve de embalse a esta pequeña pero magnifica playa, tranquilo en comparación a lo que hemos visto en nuestra anterior parada en Bugarra.

El tiempo apremia y no tenemos tiempo para detenernos más en la contemplación pues aún nos queda mucho por descubrir.
Nos dirigimos ya hacia la Peña Maria, remontando el cauce del río y viendo las cuevas que el la montaña del otro lado se asoman al precipicio sobre el agua. A poco más de un kilómetro el camino se bifurca, lo tomamos a la izquierda y subimos una pequeña cuesta que nos dejara frente a la fuente del Morenillo; una bucólica cascada de agua cae ante nuestros ojos, descolgándose por la pared de musgo y alimentando un pequeño estanque, todo esto encajonado entre dos laderas que parecen beber de la propia fuente para crecer hacia el cielo.

Volveremos sobre nuestros pasos hasta la bifurcación, que ahora seguiremos recto para cruzar sobre el río por un puente a ras de la corriente embravecida aquí por el caudaloso aporte de agua del canal que alimenta la central eléctrica que nos queda a la derecha. Remontaremos la cuesta hacia la izquierda y atravesando un puente, pasaremos por encima de este torrente atronador y seguiremos hasta ver a nuestra izquierda la Peña Maria.

Volveremos a bajar hacia el río para encontrarnos con una estampa de cuento de hadas; primero veremos el río con un agua tan límpida y cristalina que nos costará creer que es nuestro Turia, un remanso de agua tranquila, casi una piscina. La pasarela en la parte izquierda y justo al llegar a ella y ya con una visión directa de la peña, una imponente roca surgida del mismo río y que se eleva grandiosa en una pared vertical recortando allá arriba su silueta contra el cielo azul que hoy nos acompaña.


También vemos la cavidad que surge a mitad de la roca en la parte más cercana a nosotros y que desconocemos si se adentra o no en la montaña formando una cueva o si es solo una pequeña oquedad magnificada por la perspectiva. Cruzamos la pasarela para descubrir la fuente y el pequeño altar erigido en honor a la Virgen de la Peña y también las mesas de piedra a modo de merendero que bajo un inmenso árbol nos servirá hoy de zona de avituallamiento.

Después de almorzar, volvemos a cruzar el río y seguimos el camino por el que veníamos hasta la antigua presa de Gestalgar, no sabemos si abandonada antes de concluirla o derruida por una crecida del río, el caso es que sus muros de piedra son testigos permanentes de tan grandioso paisaje. Un poco más allá el camino toca a su fin para nosotros, pues una escalera que sube por la montaña nos impide proseguir por el angosto cañón que remontando el río llega hasta Chulilla, sin duda una ruta senderista de extraordinaria belleza que tal vez algún día nos animemos a realizar.
Estamos en el punto más lejano de la ruta y toca volver, pero antes de volver sobre nuestros pasos nos queda la guinda de la ruta, una angosta senda encajonada entre el río y la falda de la montaña vertical en la que al venir veíamos las cuevas.

Grabamos este paseo con la esperanza de que lo sinuoso del terreno unido a lo estrecho de la senda nos de un video memorable y en estas estamos cuando las sorpresas siguen saliéndonos al paso en forma de más fuentes que como no podía ser de otra manera nos obligarán a parar para hacer la foto. Esta pequeña senda nos llevará hasta Gestalgar en donde disfrutaremos de un último vistazo a la zona de baños, esta vez con el privilegio de la altura que nos ofrece una perspectiva distinta.
Ahora sí que nos queda repetir el mismo trazado a la inversa y la carreterita asfaltada, casi al final, nos dará un pequeño susto en una de sus trepidantes bajadas, en la que de tanto apurar la frenada nos daremos cuenta de que nos hemos quedado sin espacio para poder realizarla y ya apunto de salirnos de la carretera, daremos ese golpe de freno definitivo que haciendo un buen plano en la goma trasera nos dará esos escasos pero necesarios centímetros para volver a trazar en condiciones de seguridad, si es que aún estamos autorizados a usar esta palabra. Dejamos el asfalto para volver al camino de tierra y una consulta demasiado rápida al “GPS” nos hará recorrer un par de kilómetros extras antes de que la intuición corrija a la memoria. Nos quedan 7 nada despreciables kilómetros de pura y dura subida pero eso sí, sin grandes desniveles y con descansos entre rampas que nos harán llegar arriba sin un excesivo gasto de fuerzas; aunque claro está, hay que subir y sufrir para saborear el premio final.

La subida, más sosegada que la bajada anterior, nos permite ir apreciando un paisaje que antes nos pasó por el lado velozmente y sin detenerse; las laderas de las montañas totalmente cubiertas de vegetación y con unos colores increíbles, mezclando el verde de los romeros con el blanco de sus flores y el violeta, granate y lila de otras flores que inundan el paisaje.

Poco a poco vamos llegando arriba y comenzamos a sentir el cosquilleo de la adrenalina que se empieza a preparar para la bajada que nos espera; es el último premio del día y no queremos renunciar a él. La última parada para saborear las vistas y coger un poco de líquido antes de lanzarnos cuesta abajo. Así que nos ponemos otra vez a grabar mientras cogemos velocidad y comenzamos a trazar con maestría, la velocidad hace que levantemos polvo del camino y la perspectiva desde atrás es la vista de caballos desbocados al galope.

Pronto nos llega el golpe de adrenalina con cada latido y necesitamos mantenerlo por toda la bajada pues nos hace estar alerta y con todos los sentidos en estado de máxima tensión, así que sin asumir verdaderos riesgos pero sí con ese toque de pimienta que es lo que nos da vidilla, nos lanzamos en persecución de los compañeros; estos me obligan a ir cada vez más rápido para no perderlos de vista pues sino no saldrían en el video. Fijándonos en la trazada anterior intentamos mejorarla para ir más rápido, más fino, intentando esquivar el bache que aquí y allá intenta atraparnos. Las curvas se suceden con asombrosa velocidad, veremos quien es más rápido, ellas saliéndonos al paso o nosotros abordándolas, y en esta loca carrera estamos cuando de repente una de ellas puede con nosotros y el susto se apodera otra vez de todo el grupo, ¡¡¡pedazo de recto que acaba de marcarse el colega!!! Por fortuna en esta curva había escapatoria y tras una frenada colosal y un recoloque increíblemente rápido ya está otra vez bajando a tumba abierta.

Este incidente no merma el ánimo que se ha apoderado de nosotros y seguimos en un descenso trepidante que finalmente llega debajo de la montaña, pero contrariamente a lo que creíamos no al final de la bajada pues esta continua por un terreno descendente y mucho más recto, lo que hará que la velocidad ahora sea mayor que antes y con menos peligro.
Ponemos el plato grande rodando con el mayor desarrollo y comenzamos a dar pedales con una alegría y una facilidad tan pasmosa que nos anima a seguir con más perseverancia, incitándonos a ir adelantándonos unos a otros para coger más velocidad y esta no tiene reparos en acudir a nuestras ruedas. Con esta dinámica estamos en los 3 últimos kilómetros que nos llevarán de manera fugaz a terminar una rodada que, con el disfrute vivido desde arriba de la montaña, hubiéramos alargado todavía un poco más, después de todo el esfuerzo realizado y este final de ruta tan trepidante, las piernas parecen cobrar frescura y piden a gritos más caña, ¿será posible? , en fin, llegados al punto de partida y a pie de remolque, damos término a nuestra aventura con el acostumbrado apretón de manos seguido de las felicitaciones por tan magnífico final, una alegría conjunta nos invade, es el virus del biker que aflora cada día con mas fuerza y cuyo antídoto queremos ignorar, en resumen, esto nos ha sabido a poco. Repetiremos.



viernes, 9 de noviembre de 2007

Ruta Sinarcas – Benageber (03/11/2007)

No podíamos imaginar antes de realizar esta ruta con cuantas emociones íbamos a regresar a la base.
A la vuelta, la sensación de alegría y euforia se entremezclará con el cansancio, cercano al agotamiento y las ganas de terminar. Frustración al ver las rampas que no se acababan nunca. Aromas intensos y colores brillantes salidos de la paleta del pintor más osado, han sido la tónica de la ruta de hoy, pues la mezcla e intensidad de colores que esta mañana hemos podido admirar por doquier, parecía en ocasiones casi irreal, todo esto unido a las panorámicas increíbles que nos acompañarán durante todo el recorrido con el fantástico telón de fondo del embalse de Benageber. Bajadas colosales y subidas interminables nos guiarán a lo largo de todo el trayecto, pero bueno, como siempre comencemos por el principio....
Salimos de la base colocando “la martita” en el parabrisas del coche y siguiendo sus sabias y robóticas instrucciones para dirigirnos por la N-III con dirección a Sinarcas, antes hemos asegurado el remolque y tras pertrecharnos con todo el equipo partimos rumbo a la gloria.
Al tomar la N-III nos vemos inmersos en un intenso transito motorista que se verá multiplicado a la vuelta, pues son incontables las motos que se dirigen al Circuit de Cheste para ver los entrenamientos del GP. de la Comunitat Valenciana. Tras dejar atrás el Circuit disminuye el transito y el resto del camino se hace más tranquilo.
No tarda mucho en cambiar el paisaje, pues con la cercanía de la comarca de Requena empieza a pintar el paisaje de viñedos interminables que en esta época del año tiñen sus hojas de un intenso granate que nos hace comentar las bondades de las vistas.
Después de un intento de boicot por parte de “la martita” que no tiene actualizada una carretera y tras el cachondeo generalizado, llegamos al punto rigurosamente previsto como lugar de partida de la ruta, desmonte y acabar de vestirnos con todos los atuendos (cada vez más numerosos) que necesitamos para nuestra aventura, nos ponemos en marcha siguiendo esta vez las instrucciones de otro GPS que nos llevará por medio de un bosque tupido e intensamente húmedo y aromático hacia la bajada colosal del embalse. Una bajada rápida, trepidantemente intensa, y con grandes roderas hechas por las lluvias de las últimas semanas, lluvias que sin embargo parecen que no hayan llegado hasta el pantano visto su aspecto actual, pues este parece tan solo una sombra de lo que fue, o al menos de lo que tendría que ser.

La bajada inmortalizada por el primero de los vídeos nos dejará imágenes para comentar, pues las grandes roderas propiciarán frenadas tan intensas que cerca estarán de llevarnos al suelo, poniendo el susto en nuestros cuerpos y sobre todo en el del compañero que nos sigue, pues este es quien tendrá que esquivarnos para no chocar y así irnos los dos al suelo. Frenada tras frenada las curvas se suceden y la violencia de las mismas nos harán recordar el dolor de manos tan conocido de otras rutas. La pronunciada pendiente nos llevará a la primera parada del día, una magnifica panorámica del embalse se abre a nuestros pies dejándonos tan impresionados como felices, pues ya de entrada parece que hemos vuelto a acertar con la ruta.

Fotos conmemorativas y vuelta a lanzarse cuesta abajo en persecución de los compañeros que intentan dejarnos atrás, no lo conseguirán. Poco después llegamos a la parte más baja de la ruta, a partir de aquí todo será en gran medida subida.
Comenzamos a bordear el embalse desde su lado más occidental ya en la parte ancha y por el sur hacia la presa, enseguida veremos frente a nosotros la desembocadura del río Turia en esta parte del embalse, pues no olvidemos que río arriba y debido a la presa el río ya se hace embalse, en este tramo las paradas para observar el paisaje y hacer fotos se suceden con frecuencia pues las panorámicas siguen sorprendiéndonos y acechándonos tras cada curva del camino.
Estamos próximos de remontar el camino que nos llevará a la parte alta del embalse junto a la zona de recreo-vacacional que hay en lo alto de la montaña y con una vista inmejorable del pantano que se abre abajo. El camino cambia y se transforma en asfalto, ya no pica hacia arriba, aquí se ha tornado descaradamente en una subida portentosa que nos hará jugar con los cambios para encontrar ese desarrollo adecuado a la pendiente que nos lleve hacia arriba aunque no sin dificultad y sufrimiento. Llegamos al desvió del centro de vacaciones y con él, casi al final de esta rampa insoportable que se agarra con saña a nuestras piernas impidiéndonos subir con soltura, un poco más adelante el desvió que lleva hacia la presa a la izquierda o Utiel a la derecha, este es el momento de parar para el avituallamiento pues las numerosas paradas han hecho que se nos esté pasando el arroz y el cuerpo necesita gasolina si queremos seguir pedaleando.

El calido sol del mediodía nos calienta la espalda pues estamos sentados en el muro al borde de la carretera y mirando el agua mansa a nuestros pies en la distancia. Bocata, cerveza y café en medio del monte con unas vista espectaculares rodeados de una naturaleza exuberante en un día caluroso y radiante aunque fresco en las umbrías, ¿que más podemos pedir para un día de bicicleta? Nada, pues los compañeros ya vienen de serie y sin ellos toda esta belleza, toda esta perfección estaría inacabada, pues, que bellos son los parajes por los que discurrimos, más aún si tenemos con quien compartirlos.
Una vez digerido este almuerzo con su “cafelito” incluido (esto es el sibaritismo llevado al limite) emprendemos de nuevo la marcha siempre hacia arriba, como no. Vamos ahora por la carretera, con lo que intensificamos la precaución y el ritmo para acabar este tramo lo antes posible, a pesar de ser una carretera poco transitada no por ello deja de infundirnos un respeto y un temor más que justificados, además este no es nuestro terreno y no nos sentimos del todo cómodos.
Desvío hacia el pueblo de Benageber y aquí el paisaje vuelve a cambiar pues los viñedos que vimos por la autovía esta mañana ahora los tenemos frente a nosotros, al alcance de la mano y, como no, de la cámara fotográfica. Una vez antes y otra después del pueblo las paradas fotográficas se suceden haciéndose obligatorias, pues tenemos ante nosotros un despliegue de color tan colosal que parece irreal, la locura más excéntrica salida de la paleta del pintor más imaginativo difícilmente podría plasmar lo que estamos viendo. Una sinfonía de colores y de luz invade el paisaje y a su vez nuestras incrédulas retinas.

Las hojas de las viñas cobran un color rojizo en todos sus matices según como incida la luz del sol en ellas, los contraluces son abrumadores en su intensidad y sobre el manto de la tierra se suceden una suerte de diferentes tonalidades tejidas como si de una alfombra se tratara, entremezclándose viñedos con pinos, chopos y cielo, rojo verde, amarillo y azul. Es como una gigantesca bandera de la vida que nos permite estar inmersos en ella y por lo tanto, nos sentimos en la obligación de intentar plasmar en fotos todas aquellas imágenes que se suceden ante nuestras atónitas miradas a nuestro paso, cuestión que aunque sabedores de su imposibilidad, nos impide resignarnos a contar simplemente con palabras la hermosura y frondosidad de los parajes que atravesamos. Las fotos nos ayudarán sin duda a recordar en el futuro aunque sea mínimamente nuestro paso por tan bellos lugares.
Abandonamos nuevamente la carretera para pasar junto a una ermita de característico perfil, rodeada de viñedos y adentrarnos otra vez en el monte pasando por el campamento de Vilamarxant, lugar cuyo nombre indudablemente nos hace recordar otros montes que no nos gustaría encontrarnos en este momento, pero que equivocados estamos aunque aún no lo sabemos. Aquí tendremos la segunda de las tres averías que hoy sufriremos, dos salidas de cadena y en esta ocasión es el cable de desviador de los platos quien se niega a seguir trabajando dejando al sufrido compañero con tan solo el plato pequeño, de haber sabido la que se nos venía encima ni siquiera hubiéramos parado para arreglarlo, pues todo lo que queda es cuesta arriba con ganas y las bajadas serán únicamente para tomar aliento y por tanto no vamos a dar pedales. Pero como no lo sabemos, paramos a solucionar el problema acumulando todavía más retraso.
Enseguida comenzamos una subida larga, tendida al principio pero que se va “encabronando” con el transcurso del pedaleo cada vez más lento. Culminamos esta rampa para llegar a un altiplano por encima de los 900 metros de altitud (ahí es nada), nos acompaña espectacular y abrumadora una frondosa vegetación de monte bajo perfilada sobre el abrupto relieve de la montaña, el camino aquí serpentea el monte dibujando un idílico paseo para aquellos afortunados que encuentren el ascensor de subida y se ahorren la dura rampa que hemos dejado atrás.

Serpenteamos con el camino y pasamos por un torrente que por lo visto en la vegetación que lo invade en fechas recientes habrá bajado con mucho caudal, esta vegetación sirve de alfombra para unos chopos que a lo lejos nos regalan su colorido abrigo otoñal verde y amarillo antes de despojarse de sus hojas para pasar el duro invierno en estas altitudes.
Tan felices estamos en este paseo cuando comienza una nueva rampa, ya nos vamos acostumbrando a este tipo de terreno rompe piernas así que comenzamos la pendiente con más alegría de espíritu que de piernas, esta alegría pronto se desvanecerá tras la primera curva tras comprobar que lejos de acabarse, sigue empecinada hacia arriba cada vez con más fuerza, pues nada a seguir toca, pero las piernas ya comienzan a dar los primeros indicios de motín y piden a gritos un descanso que no llega, la respiración se hace cada vez más tosca, menos fluida y con menos capacidad de oxigenación, ni siquiera tenemos aliento para beber agua y la rampa lejos de aflojar se encumbra todavía más. Pasados unos momentos, otra curva nos llevará a la dura realidad de ver que esto está lejos de acabarse y no solo eso, sino que sigue subiendo. Hace rato que perdimos la cadencia de pedaleo y con ella, la respiración, el avance es lento, a golpe de riñón, no hay postura cómoda sobre la bici y comprobamos con impotencia como tan solo avanzamos a 4.5km/h., la única parte positiva es que el camino está en muy buen estado y esto hace que no tengamos que ir esquivando piedras y roderas como en otras ocasiones, por lo que solo queda dedicarse a pedalear con esmero y con más voluntad que ganas y fuerzas, visto lo visto todo es cuestión de orgullo.
Por fin vemos tras una curva el final de la rampa, en una recta, como regalo de despedida esta aún se empina más si cabe en los últimos 30 metros. Ya no sé ni en qué pensamos en esos momentos, solo se trata de dar pedales y acabar cuanto antes el calvario y entonces, al borde del agotamiento y del abandono surge el pensamiento total “si la Rodana no ha podido con nosotros esto tampoco” y con este pensamiento llegamos al final, ¡¡¡si, vamos, ya estamos, por fin!!!. Y dejamos caer la bici, notas como tiembla todo tu cuerpo, incapaces de mantenernos en pie también nosotros nos dejamos caer al suelo sin importar lo que hay debajo, intentamos recuperar la respiración para poder echar un trago de agua y desde el suelo vemos el camino que sigue adelante y poco más allá aparece otra subida, el castigo físico y mental que experimentamos a estas alturas de recorrido es importante pero no cabe otra. Tras unos instantes de recuperación seguimos y llegamos a esta nueva subida, no es tal, tan solo un pequeño repecho pero con el desnivel acumulado en nuestras piernas estos pequeños repechos ya nos hacen mucho daño. Ahora el camino se torna pedregoso y de aspecto típico a la cota de altitud que nos encontramos (990 metros).
Aunque el camino es ancho, si este mismo terreno fuera más estrecho sería una trialera preciosa, no la tildaremos como tal aunque siga siendo precioso, ya que este terreno sacara a relucir las mejores cualidades de nuestras maquinas en cuanto a comodidad se refiere, y contentos con ellas vamos ganando velocidad a medida que el firme se desnivela mínimamente a nuestro favor.
Pronto abandonaremos este terreno para entrar en una pista ancha y por fin con la pendiente más pronunciada. El video no estaba en marcha y con la velocidad es todo un reto intentar hacerlo funcionar sin parar, entre frenazos, trazadas complicadas y recolocaciones de la bici conseguimos grabar los últimos tramos de la bajada, esta nos lleva a otro impacto paisajístico, una catarsis de colores difíciles de olvidar y que a buen seguro impregnará nuestras retinas por mucho tiempo.

Nos sabemos afortunados de estar contemplando tan grandiosos paisajes y más afortunados de saberlos apreciar en toda su grandeza y esplendor, nos faltan calificativos, es sencillamente magnifico poder tener esto al alcance de la mano, los más inmensos espectáculos naturales que para hacerlos más grandiosos además son “gratis” nadie nos cobra por ellos, (todavía) y lejos de cuidarlos, promoverlos y protegerlos los estamos destruyendo en “aras del progreso” ese progreso que llamamos urbanizaciones y campos de golf para el disfrute de una inmensa minoría o bien más carreteras y ciudades más grandes con más ruido y contaminación, y esta evolucionada sociedad en todo su saber y grandeza llamamos a “eso” progreso…, bien. Disfrutemos del momento mientras podamos y hagamos todo lo posible para preservar tan hermosos lugares, poco más está a nuestro alcance.
¡¡Uf!! Que a gusto se seda uno después de sacar la porquería que nos corroe por dentro y de poner un pequeño grano de arena por la conservación de la naturaleza. Seguimos con nuestra ruta.
Mirando el cuenta kilómetros somos conocedores que se acerca del final, el track del GPS así nos lo indica y esto es algo que nunca falla, todo un alivio a estas alturas.
Acabamos de bajar esta pendiente con una frenada final en la que cerca estamos de vernos en una montonera y que al final la pericia de las muchas frenadas acumuladas hacen que podamos esquivar. Una nueva subida, repecho fuerte para empezar y luego cuando creemos estar en el llano vemos que el avance es lento y dificultoso, una simple mirada hacia atrás nos dejará ver la realidad de la pendiente suave y tendida que estamos subiendo y que se agarra cual perro de presa en nuestras castigadas piernas.
El final del camino pedregoso nos conduce a una carretera que nos hace barruntar de nuevo la cercanía a la civilización, tras haber rodado por caminos solitarios que nos han permitido de nuevo escuchar el “sonido del silencio” acompañado de las más bellas estampas otoñales de montaña, todo un lujo para los sentidos que tardaremos en olvidar.
Llegados a este punto surge la pregunta ¿derecha ó izquierda?, el sentido común y poder de orientación de los más hábiles en estos menesteres indican claramente derecha, duda que disipa ipso facto el GPS que avala sin dudarlo la decisión humana.
Tomaremos pues la derecha y enseguida a la izquierda para seguir la carretera durante unos kilómetros rodando con el 44 dientes ¡ qué gozada !
y que nos llevará al camino por el que iniciamos esta andadura. Al entrar en el camino, la última pendiente del día que coronaremos nos permitirá dejarnos caer cuesta abajo hasta llegar al coche.
Hoy la felicitación entre el grupo a pie de remolque será especialmente eufórica, pues el cansancio acumulado y las notablemente mermadas fuerzas solo comparables con los agotados depósitos de nuestras camel back, ha provocado que tuviéramos ganas de terminar la ruta, eso sí, con la plena satisfacción de que todo lo vivido en esta apacible y hermosa mañana de sábado a merecido la pena hasta el último gramo de las fuerzas consumidas.