sábado, 7 de marzo de 2009

Crónica Pla de Lluc-Olivera Morruda por Tristany

[....] tota la terra que el meu cor estima, des d’ací es veu en serres onejar
("Canigó", Jacinto Verdaguer y Santaló, 1886)

Esta es una rodada largo tiempo aplazada y quizá por eso la hemos disfrutado mucho más.
Nos ponemos en marcha al filo de las 08.30 en dirección al Pla de Lluc y llegamos al parking dentro del horario previsto, encontrando a la llegada el típico ajetreo de coches y bikers constante como de costumbre. Grupos saliendo en todas direcciones, otros montando las máquinas recién sacadas de los maleteros, otros haciendo estiramientos, en fin, que una intensa actividad recorre el lugar en esta soleada mañana de sábado. Nos ponemos a pedalear en dirección a la fuente de la Gota pasando el desvío que indica a Guarda y seguimos pedaleando por este camino que todo hay que decirlo, en este tramo presenta más baches que cráteres de impacto en la Luna, algunos de ellos de considerable tamaño que si vas rápido y de pillarte despistado, pueden incluso resultar algo peligrosos.
Llegamos al desvío a la derecha cuyo cartel que indica Rebalsadors y fuente del Berro, Luis nos dice que hoy iremos por aquí una vez estudiada la ruta; la subida por este camino presenta un desnivel más suave en todo su conjunto y aunque más constante en su dureza, esta no nos sacará de punto en ningún momento. Tirando de datos del pulsómetro no llegaremos a nuestro máximo en toda la subida, lo cual no deja de ser una buena señal. Pues nada, nos adentramos en este camino que en comparación al que llevábamos presenta un firme copado de piedras; es peor el aspecto que el rodar.
El camino pronto gira a la izquierda y comienza a subir en medio de un espeso pinar. Con la altura enseguida perdemos la protección de la arboleda y comienza a castigarnos el viento, el mismo que notamos en el coche al cuando veníamos hacia aquí, sin embargo estos claros nos permitirán echar una ojeada a las magnificas panorámicas que se nos ofrecen del valle de Valencia. El viento racheado aunque manteniendo la componte oeste, nos trae una limpieza ambiental que ya hacía tiempo que no disfrutábamos. La rampa no afloja en ningún momento, no sabremos de su constancia hasta llegar arriba, pero no estamos sufriendo demasiado aunque no nos vendría nada mal un descanso. Este se nos brinda en una obligada parada fotográfica, y en otra y otra y otra..... tremendo el espectáculo visual. Bajo nosotros y a los pies de La Calderona, una alfombra de pinos se extiende en todo nuestro campo de visión salpicado de un precioso amarillo, más allá, los campos de cultivo y algún pueblo que pinta de hormigón el verde paisaje.
Por encima de todo nos contemplan algunas de nuestras conocidas cumbres: Sant Miquèl, Santa Bárbara, La Montieleta, La Rodana, Chiva o Calicanto y coronando el horizonte, los montes de la Sierra de los Bosques, Sierra Martés o Muela de Cortes enlazándose y cerrando la parte sur del valle.

Más arriba y en otra de las paradas fotográficas, nos alcanzará un pelotón de bikers, son tantos que saldremos en medio de ellos y durante el resto de la subida, aún a pesar de nuestras frecuentes paradas, estaremos continuamente adelantándonos unos a otros.
En toda esta subida disfrutaremos del intenso toque de color que la amarilla flor de la aliaga pone en medio de tanto verde, además de un intenso aroma dulzón que nos recuerda al aroma de la vainilla.
Ya casi arriba del todo y antes de un pronunciado giro a la izquierda que coincide con la parte más dura de la subida, nos encontraremos con una de las mejores vistas de la jornada. Visión directa sobre la ciudad de Valencia y por detrás el golfo de Valencia, las playas de el Saler y Cullera y como no, la Serra de les Rabosses.

El Montgó domina el horizonte paisajístico internándose en el mar, dejando a su derecha una interminable franja de piedras azules elevándose y recortándose en el cielo. Localizamos muchas de esas cumbres e intuimos algunas otras sin saber exactamente si son o no, aunque algunas de ellas como el rey Mondúver, Aitana, Safor, Montcabrer, Menetjador, son de perfil indiscutible. Buscamos con ansia las cumbres de La Serrella y el Aixortá, futura salida del grupo por tierras alicantinas; también vemos a nuestros pies el impresionante conjunto arquitectónico de la Cartuja de Porta-Coeli visto desde otro ángulo.
La reciente crónica del amigo J.M. Almerich sobre su visita al monasterio y el recuerdo de sus palabras, junto con las fotos nos hacen verlo de otra manera a la vez envidiar al cronista.
El impresionante barranco que baja hacia el monasterio nos muestra el camino que serpentea junto a él y la diminuta figura de un biker esforzándose en la subida. Ante el abrumador y vasto panorama que de divisa, sumado a la altura del lugar donde nos encontramos, parece una hormiguita en la inmensidad del mundo.
Llegamos al desvío de la fuente del Poll con Rebalsadors, una vez allí giramos a la izquierda hacia Tristany y encaramos la última parte de la subida. En medio de la cuesta tendremos otra de las instantáneas de la jornada.
La vertiente de la montaña nos premia con la espectacular visión de la costa castellonense allá por Almenara más o menos, y más próximo los montes de Quartell que tanto nos recuerdan a nuestra Rodana, pero lo más sorprendente es la imagen que se desdibuja en la distancia del horizonte, son Les Illes Columbretes.
Indefinibles pero inequívocas, se asoman surgiendo de un mar calmo y tranquilo en apariencia. Estamos llegando a la parte alta del Monte Mayor por el camino de Gátova a Serra.
Ya arriba de esta pequeña planicie veremos el camino que tomaremos hoy de bajada y que otras veces hemos hecho de subida hasta Tristany; este corre paralelo al barranco de Villuela que es el que remontamos siempre desde la Fuente de la Gota, hoy lo recorreremos por primera vez a la inversa en todo su recorrido, pero eso será un poco más tarde. El fuerte viento que sigue soplando aquí arriba nos desaconseja subir a almorzar a la caseta de vigilancia forestal, cuya cumbre ya coronamos en otra ocasión, en su lugar iremos al Mas de Tristany a fin de estar más resguardados del viento, que sin ser muy frío, enfria rápidamente el sudor que a estas alturas de la mañana ya acumulamos.
En esta parte alta de la montaña nos toparemos con un precioso bosque de alcornoques de los pocos que quedan por la zona.
Llegados pues a Tristany, nos zampamos los bocatas plácidamente a la vez que recogemos calor como los lagartos al sol, mientras permanecemos inactivos tras el primer esfuerzo del día. Cuando nos pongamos de nuevo en marcha será otra cosa. Tras el avituallamiento, pedaleamos en dirección hacia la caseta de vigilancia, pero en lugar de tomar el camino de subida giramos a la izquierda en un descenso pronunciando a la vez que prolongado, roto y técnico que, al menos a quien escribe, estará a punto de poner a mirar de cerca las aliagas. Tremendo susto que después de un buen tramo de bajada sin control debido a una trazada equivocada y empeorada por el mal estado del terreno, no seré capaz de frenar o encontrar un sitio para rehacerme con el control hasta haber pasado un buen rato. La velocidad de bajada presagiaba un piñazo del 9, pero al final consigo alcanzar a mis compañeros que van por delante sin mayores consecuencias, hoy ha habido suerte.
En una de estas curvas tendremos visión directa por primera vez del Penyagolosa. La imponente mole granítica se perfila en el lejano horizonte empequeñeciendo las más altas cumbres de la cercana Serra de Espadán. Bajamos hacia el Mas del Coronel, una inmensa finca que se dedica a la cría de caballos. Este tramo nos obsequiará con una subida sin desperdicio, exigente pero llevadera que después nos premiará con una bajada trepidante y divertida como la que más, como diría aquel… las gallinas que entran por las que van saliendo.
Llegamos al desvío de la olivera Morruda, pero antes iremos hacia la derecha por esa misma carreterita un par de kilómetros hasta llegar a la Laguna del Portillo; es una antigua cantera abandonada y recuperada como humedal, junto a ella otras 4 antiguas minas, son hoy en día los únicos ecosistemas protegidos como tales lejos de los humedales de la costa.
Solo veremos esta pequeña laguna ya que el fuerte desnivel que se inicia aquí nos hace desistir de visitar las otras lagunas, quizá otro día. Volvemos hacia atrás hasta el desvío en una impresionante bajada que nos hará marcar la punta de velocidad del día. A ambos lados del camino los almendros en flor con sus brotes tiernos y verdes en contraste con las blancas y carnosas flores nos ofrecen un paisaje completo que invita a la primavera a tomar el relevo del largo y crudo invierno. Ahora sí que nos dirigimos hacia nuestro principal objetivo de hoy, la olivera Morruda.
Este es un árbol monumental datado en unos 1500 años de antigüedad, y uno de los 3 árboles monumentales que se concentran en el ámbito geográfico de la Serra Calderona. También cabe destacar el almez de La Cova Santa, árbol singular de más de 200 años de antigüedad. El imponente tamaño de La Morruda hace que la divisemos desde lejos. La colosal copa cubre un tronco viejo y retorcido con milenarias arrugas en su piel. Nódulos de madera dibujando extrañas formas bajo la corteza ajada pero llena de vida; majestuosa y digna de admiración casi nos postramos ante ella, la acariciamos y la observamos casi a la espera de que nos hable, que nos cuente su historia, sus vivencias y sobre todo sus anhelos y esperanzas para el mañana, pues a buen seguro que las compartiríamos. Como no podría ser de otra forma, nos hacemos fotos y más fotos con este cuarto ejemplar de árbol monumental que el grupo ya ha visitado, a saber: El Pí del Salt, El Pí de la Bassa, El Faig Pare y la Olivera Morruda, auténticos pozos de sabiduría, tolerancia, persistencia y adaptabilidad; ¡¡cuanto tienen que enseñarnos !!
Nos ponemos en marcha otra vez con la pena de tener que alejarnos de este grandioso ejemplar, pero la subida hasta Mas de Tristany se interpone entre nosotros y la hora de comer, así que pies para que os quiero nos ponemos a pedalear lanzando, ya en marcha, una última ojeada a La Morruda que dejamos rápidamente atrás. Vamos de frente hacia el Mas de Ferrer, una antigua masía valenciana recuperada como casa rural y afamado restaurante. Cogeremos un camino de tierra que se interna hacia la montaña a mano izquierda y que enseguida empieza a subir.
El viento barre las copas de los pinos y los plateados olivos creando un oleaje en la arboleda, el contraluz realza el efecto sobre la hojarasca que intenta hipnotizar los sentidos. A todo esto ya comenzamos a sentir el peso de la pendiente en las piernas, esto no ha hecho más que empezar. Nos armamos de paciencia y jugamos con el desarrollo y la cadencia en los pequeños descansillos que vamos encontrando. Transitamos junto al barranco de agua amarga y lo que más amargo nos parece son los cuatrocientos metros de desnivel que nos quedan hasta llegar a Tristany. Conforme subimos vemos que afortunadamente la pendiente no nos ahoga en ningún momento, eso si, tampoco nos da mucha tregua, pero mientras podamos regular las pulsaciones y no tirar los pulmones por la boca todo irá bien.
Llegamos al lugar donde Carlos nos espera a la sombra de unos pinos, y es que el chaval parece jugar en otra liga, en fin..... . Unos postes indican la cercanía de Tristany para nuestra inmensa alegría, ya que creíamos estar mucho más lejos de la cumbre y esto se nos antoja un paseo militar. Visto lo que hemos subido lo que queda no puede ser mucho peor, así que con fuerzas renovadas aceleramos el ritmo en este tramo de camino inmerso en una frondosa pinada festoneada nuevamente con el amarillo chillón de la flor de aliaga. Arriba la apabullante panorámica de las crestas de Espadán y el farallón inexpugnable del Penyagolosa colapsan nuestras retinas en un bombardeo fotónico de imágenes para el recuerdo que a buen seguro tardaremos en olvidar, por si acaso la nikoleta se pone nuevamente en marcha capturando de forma digital lo que nuestras retinas puedan olvidar.
Llegados de nuevo a Tristany, buscamos unas mesas al abrigo de la pinada para repartirnos el sol y protegernos del viento mientras comemos. La paz del lugar invita, tras el ágape y la tertulia, a un sueñecito reparador abrazados por los tenues rayos de sol que se filtran entre la pinada, con la alegría de que luego solo nos quedará bajar, que bien suena.
Así que tras el “cafelito” y un merecido descanso, ponemos el video en marcha y nos lanzamos en busca del parking donde nos espera el Toyota para dar por terminada otra excelente jornada de pedaleo.

El camino que tantas veces hemos subido está mucho, pero mucho peor que la última vez que lo transitamos. Afortunadamente hoy hemos subido por otro lado, pues de lo contrario hubiéramos tenido que echar pie a tierra en más de una ocasión con el consiguiente cabreo. Aun tratándose de la bajada esta no resulta del todo fácil. Las piedras, pedruscos, roderas y agujeros que atestan el camino se unen a la pendiente para dificultarnos la bajada, por lo que habrá que abusar de frenos para conseguir el objetivo.
En las pocas ocasiones que el firme lo permite, nos dejamos llevar por la emoción de la velocidad y curveamos esta bajada técnica que nos hará disfrutar de un más que merecido golpe de adrenalina. La velocidad solo la saborearemos en el tramo final, justo a punto de cerrar el ocho en que se ha convertido la ruta de hoy, en este tramo los baches que ya vimos a la ida nos acompañarán de nuevo hasta el coche. Saltando y sorteando baches iremos adelantándonos y cogiendo velocidad entre pedaladas y miradas de complicidad y de pique, serán las últimas sonrisan de la ruta de hoy.
Somos los últimos jinetes en regresar al parking, hoy también juntaremos las manos para lanzar al viento nuestro típico saludo de cierre de ruta, cuyo significado no es más que la complicidad en el esfuerzo compartido, digno merecedor de las muchas y gratas emociones acumuladas en estas más de cuatro horas de pedal de las que hemos disfrutado en la mañana-tarde de hoy. Hasta la próxima, compañeros.



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martes, 3 de marzo de 2009

Crónica Rodana Gran (solsticio de invierno)

A LA MUNTANYA
"Tu ens has vist néixer i créixer.
Nosaltres et devem músculs i pulmons.
Nosaltres et devem una cosa millor que aquesta:
els entusiasmes, les alegries altes i pures,
els records fortificants, la salut moral.
Nosaltres t'estimen apassionadament
com una amiga molt poderosa i molt bella;
i nosaltres només tenim una ambició
a l'explicar la nostre primera visita
als Pirineus Centrals: fer-te estimar"
Germans Cadier. Encapçalament de la primera part del llibre Au pays des isards


Comenzamos con una cita que, aunque referida a otras montañas, explica sin lugar a dudas nuestro particular idilio con La Rodana, así pues, a traves de esta cita la hermanaremos con los Pirineos.
Tocaba hoy el desfile invernal que no infernal a nuestra "reina", aunque finalmente ha sido infernal a tenor del día que nos comimos.
Las previsiones del viernes para hoy anunciaban lluvia pasado el medio día; toda la noche sin una gota y justo cuando estoy llegando a la base empiezan a caer unas gotas, nada preocupante en todo caso, pero aún así nos obliga a ponernos en marcha desde la primera pedalada con una fina llovizma. Antes de llegar a la muntanyeta paro a ponerme el chubasquero, Luis ya lo traía de inicio y "los toros", valientes como el que más, esperaran a coronar para ponérselo, un poco tarde, pero visto como llegaremos a casa igual da.
Las primeras cuatro gotas dejan el camino como a nosotros nos gusta, perfecto. Nada de polvo, nada de barro, blando pero compacto, y con un olor a limpieza extraordinario.
El inminente anuncio de la primavera en una vegetación ansiosa de flores y hojas nuevas, impregna el ambiente de una sutil fragancia a sabia nueva con toques de azahar y tierra mojada, potente en primera inspiración suavizando conforme pasa por la nariz... que diría algún experto catador de fragancias primaverales. Con los kilómetros, la alegría de este camino se irá diluyendo entre el barro y la incomodidad de pedalear bajo el suave pero constante chirimiri que, metro a metro va sumando gotas, motivo por el cual las escasas fotos de hoy se ceñirán esclusivamente al lavadero y por estar a cubierto. Afortunadamente esta ruta está más que documentada, graficamente hablando, en otras rutas a La Rodana. Hoy ciclaremos por la variante larga, el camino de la Baseta Blanca es otro de los que ha quedado en el olvido, la nueva variante, algo más larga pero infinitamente más bonita, junta en poco recorrido, una subida rota, una bajada más rota y por lo tanto técnica, un paso por medio del monte con toda la variedad de fragancias y, el avistamiento casi siempre de algún tipo de fauna local, en el día de hoy de lejos creíamos una perdiz, más de cerca nos ha parecido un pavo o quizá un faisán.
A partir de aquí empezaremos a acumular barro. Más aún cuando llegamos al camino de Cheste, este camino, muy transitado por coches y en pendiente, arrastra la tierra de los campos depositándola en el camino, con cuatro gotas de agua y la acción de las ruedas que actúan como una hormigonera ya está el lío montado. Muchos coches usan este camino para ir al campo de tiro, este no es el problema, pero sí lo es la poca-escasa-nula consideración de los automovilistas y/o motoristas, los unos y los otros por la velocidad que llevan sin tener en cuenta que todo el polvo que levantan nos lo comemos los que vamos más despacio y sin un parabrisas que nos proteja, en el caso de hoy no se levantaba polvo pero sí nos salpicaban de barro, amén de la perdida de adherencia y el peligro de que se nos lleven por delante. Un día más acción protesta en marcha. Igual todo es una cuestión de educación; si a los niños los educamos repitiéndoles las cosas hasta que las aprenden, a los automovilistas (ya adultos) igual hay que repetírselas más veces. Con esta van... muchas veces, esperemos que para algún ciclista no sea tarde. Que nadie se sienta agredido, yo también soy conductor, pero creo que mucho más solidario.
Pues con esto llegamos a pie de montaña. La primera rampa de Les Rodanes nos espera. Vemos la parte derecha del camino muy erosionada por la acción del agua de lluvias pasadas. La roca desnuda, limpia y brillante por la lluvia nos muestra su dureza, tanta como el camino en el que nos hemos metido. Vamos subiendo dándonos cuenta que estamos controlando mejor las pulsaciones, hoy mandamos nosotros sobre ellas y no a la inversa como era costumbre. Llegamos al descansillo de arriba y recobramos el aliento junto al mirador mientras comentamos esto último. No nos ha pasado desapercibido el biker que nos ha adelantado en plena subida, venía como un tiro pues al inicio no lo hemos visto venir detrás, y para adelantarnos en esta corta subida tenía que venir lanzado, igual por eso no lo hemos visto subir a La Rodana. Nos lanzamos hacia abajo con la precaución de un camino muy mojado y con poco agarre, pero el subidón que experimentamos con la velocidad nos hace aparcar por un momento la precaución y dar rienda suelta a la emoción. Llegamos rápidamente al cruce de la Bassa Barreta, nos vamos a la izquierda (esta vez sin dislexias), para abordar la subida de la luz. Una vez aquí nos planteamos si almorzar arriba bajo la insistente lluvia o bien ir a Vilamarxant y guarecernos bajo el techo del lavadero, cuando lleguemos arriba de La Rodana decidiremos según evolucione la lluvia.


Encaramos los pilares, nuestro particular "portell de l´infern", la primera rampa nos confirma, afortunadamente, que la lluvia no ha hecho mella, de momento, en el agarre del firme; eso si, el camino sigue tan mal como la última vez, así que vamos buscando unos metros por delante la mejor trazada posible, huyendo de las cuchillas de rodeno que brotan del suelo, pensando que será peor aún en la bajada por el efecto de la velocidad.
Conforme subimos nos deleitamos con la visión que se nos ofrece. La particular atmósfera saturada de humedad, arranca del bosque de la ladera de la montaña un aliento de niebla que queda concentrada en la parte baja del valle. El día nos recuerda la televisión de antaño; casi en blanco y negro, bueno con algún gris, y algún verde oscuro arrancado de la pinada casi a estirones por debajo de la bruma. Seguimos subiendo. La última rampa se cebará con el grupo, uno a uno iremos desmontando de la bici a escasos 10 metros de la cima. El colosal porcentaje, la piedra viva mojada y deslizante unida a los irracionales badenes que cruzan el camino en horizontal en vez de hacerlo en diagonal, (que facilitaría la tarea a la vez que sacaría más agua del camino, pero en fin, algún “visionario” en la planificación de obras se pasó por aquí) harán que vayamos sucumbiendo uno tras otro. El efecto de desgaste del agua embalsado por los badenes a erosionado la tierra dejando al descubierto toda una pléyade de piedras de rodeno difíciles de esquivar y más aún de rodar, la potente pedalada gastada en el badén anterior nos hace quedarnos sin recursos para abordar este obstáculo así que si la suerte no acompaña en la trazada perfecta, estas jodido (perdón) y esta vez no nos acompañará, por lo que llegamos arriba andando y maldiciendo en arameo por lo poquísimo que ha faltado. El vértice nos saluda con una sarcástica sonrisa, pues sabe que nuestra alegría no es del todo completa esta vez. Junto con la montaña se creen vencedores de la partida, quizá de esta batalla, pero la guerra continúa, nos veremos en primavera. Entonces un nuevo asalto medirá las fuerzas y pondrá las sonrisas en su sitio, cuando nos hayamos recuperado del esfuerzo. Vencedores o vencidos, con ella poco importa, hemos rendido pleitesía a nuestra montaña. Una estación más la hemos visitado, acompañado y disfrutado como hacemos siempre en este pedazo de tierra que sentimos como nuestro.
Visto que la lluvia no escampa sino mas bien al contrario, nos lanzamos cuesta abajo en busca de la velocidad de la bajada, pocas alegrías en este tramo hasta la luz pero, a partir de allí la cosa cambia. Metemos la directa y pronto ganamos velocidad, la lluvia y las gotas y el barro que nos lanza la rueda delantera nos cubrirá las gafas de tal manera que en algunos tramos, sobre todo hacia el final de la bajada, lo haremos casi por instinto, por puro conocimiento del terreno. La corriente está horadando un pequeño surco en el camino que lo estrecha, así que vamos de lado a lado intentando no quedarnos en medio de este surco. La rodera después de la curva es otra historia; se ha ido agrandando en los últimos tiempos y hoy con agua y con la escasa visibilidad que tenemos tendremos que entrar con mucha precaución, o al menos eso aconseja el sentido común, pero la inercia de la bajada y un poco de temeridad por la emoción y el disfrute de este tramo nos hace abordarla jugando con el peligro, eso sí, con un cierto margen de seguridad todavía guardado en el fondo de la camelback, muy en el fondo. El resto del camino hasta el pueblo iremos comentando las anécdotas de la bajada. Callejeamos hasta el lavadero por la parte de atrás del pabellón cubierto, por una calle peatonal a modo de circuito para andar (suponemos que será la particular ruta del colesterol del pueblo). El lavadero que data de 1905 se mantiene en muy buen estado de conservación aunque no exento del ataque grafitero de algún "ergúmenotontolhaba”.


Es una estructura con arcadas a cuatro calles y una techumbre de teja y techado interior de madera con dos pilas alargadas por las que corre el agua creando en su desaguar un perpetuo murmullo realmente agradable. Almorzamos bajo techo, viendo en la oscura arboleda del parque de arriba y en contraste la persistente lluvia que arrecia por momentos. Vamos tan mojados que tanto nos daría meternos dentro de la pila para quitarnos el barro y la tierra que llevamos por dentro del maillot. No nos demoramos en el almuerzo pues enseguida empezamos a notar la bajada del calor corporal por la falta de actividad. Unas fotos del lugar y otra vez en marcha.

Antes hemos tenido que pasar por el desagradable trance de calzarnos los guantes fríos y empapados y sentarnos en el sillín, sintiendo la inquietante sensación de la badana mojada bajo nuestras posaderas. Nos ponemos a arrearle como locos una vez llegamos al río. No se muy bien si es por las ganas de entrar en calor o por dejar atrás las sensaciones tan extrañas que acabamos de experimentar. Sea como fuere llegamos a Riba Roja en un suspiro. Tanto tirar me han sacado de punto y hasta aquí llego. Mantendré una buena marcha pero ni de lejos intento seguir a "los toros" que hoy están en plan "cabrito". Luis se queda a mi vera y junto iremos desgranando la última quinta parte del camino. Cuando llegamos a la base ya tienen preparada la manguera y sus bicis ya están limpias y todo, llegamos a tiro hecho para pasar por el ritual de la ducha en plena calle con agua fría y en pleno invierno por segunda vez en menos de un mes, ¿quien da más?


Tras toda esta parafernalia y el desastre que se monta en el garaje y el "puro" por sorpresa que nos hecha el abuelo, nos disponemos a meternos algo calentito para quitarnos el frio... "niño, trae unas cervezas", así que brindando por otra "carabassada" en grupo nos disponemos a deleitarnos en los detalles de lo vivido mientras planeamos futuras y ansiadas rutas. Prometemos volver para contarlas.



sábado, 14 de febrero de 2009

Crónica Manises- Muntanyeta dels Sants

Reseu als Sants de la Pedra, tingeu-los contents en tot; que està la collita en l’aire, i si apedrega, nos fot. (dicho agrícola valenciano.)


De epopeya tendríamos que calificar esta rodada. No es la primera que nos marcamos de un tiempo a esta parte… ni será la última. El reto de hoy consistía en llegar a la ermita del Sants de Pedra, allá en Sueca saliendo desde la base en Manises. La otra vez que estuvimos allí salimos desde el Saler, así que la ruta se presentaba larga.
La dificultad de esta ruta consistía principalmente en su longitud, pues el cálculo nos ponía en el mejor de los casos por encima de los 100km. y esta distancia en bicicleta de montaña, aunque sea sin desnivel, representa muchos kilómetros para este tipo de bicis, eso sin olvidar la carga “camelbackera” que llevamos con el “atillo” para todo el día.
Teníamos varios alicientes. Por un lado el superar esa marca kilométrica que ya marcamos con la ruta de la Albufera y que dejamos sobre los 90 kilómetros; otra, acercarnos en la época del año con mayor número de aves en la zona de la Albufera y la Marjal, pues es en el mes de febrero cuando se lleva a cabo el recuento de aves en la zona de la Albufera. Y por último, contar con la compañía de Carlos, que en las anteriores incursiones por estos parajes no nos había acompañado. Después de que la semana pasada le mostráramos la ruta de la Virgen del Castillo de Chiva, ya que la primera vez tampoco vino con nosotros. Hemos cogido pues la dinámica de realizar rutas todo el grupo junto. Estábamos deseosos de mostrarle el exquisito paraje de La Devesa, repletos de rincones mágicos y deliciosos dignos de saborear. Y por otro lado, puestos a marcar un record, mejor estar todos, que así se saborean mejor.
Con estas ideas en mente nos ponemos en marcha bajando hacia el río por la cuesta suicida que después de bajarla varias veces ya no nos parece tan brutal ni empinada como las primeras veces (lástima que aquellas primeras veces iba delante y no les pude ver la cara a los compañeros cuando vieron por primera vez a donde los llevaba, suerte que ya me conocen…). Es llegar al camino del Parc Fluvial y comienzan los problemas para Salva. Su bici se amotina y se niega a cambiar de piño como es debido. A la altura del azud de la acequia de Mestalla nos dice que se vuelve para casa, que así es imposible rodar. Empezamos a manipular los tornillos de tope de la corona trasera pero ni aún así, lo poco que conseguimos mejorar se estropea dos pedaladas más adelante. Esta será la tónica de toda la etapa, pero contando con un terreno llano como el de hoy el cambio de corona era mucho menos imprescindible que el de platos, así que poco a poco aunque con el lógico cabreo e incomodidad vamos avanzando.

El camino hasta el Saler es de sobra conocido (ver crónica: del Saler a la Ermita dels Sants:
http://rodaipedal.blogspot.com/2008/12/crnica-ruta-del-saler-la-ermita-dels.html
Y Por el Turia a la Albufera:
http://rodaipedal.blogspot.com/2008/08/por-el-turia-la-albufera.html , por lo tanto no volveremos a repetir las virtudes de la zonas ya conocidas, tan solo resaltar la gran cantidad de gente que hemos encontrado a lo largo de toda la ruta haciendo deporte o simplemente paseando.
Al final del paseo de la playa de pinedo buscaremos un lugar donde almorzar. Lo encontramos en un mirador de madera elevado y cubierto a modo de grada.
A partir de aquí entramos en la parte más bonita de ruta, la Devesa del Saler.
Recorremos este magnífico entorno por los itinerarios ya recorridos anteriormente y que tan grato recuerdo nos dejaron. Saldremos a la carretera después de L´Estany para ir en busca de la carretera del Palmar.
Seguimos con los problemas del cambio, eso no nos abandonara en toda la etapa, ha sido más persistente que el “rexona”. Pasamos el pueblo y nos adentramos en la marjal. Los campos, o mejor dicho algunos campos ya están secos, otros están secándose y otros están aún inundados, por lo que el paisaje es totalmente cambiante en un puzzle de reflejos y contraste policromáticos. Pronto comenzamos a ver la gran cantidad de aves que inundan el paisaje.
Garzas reales y comunes, gaviotas, patos, gallinetas, y un largo etc., que no sabemos identificar así como alguna que otra ave rapaz esperando el almuerzo. A medida que avanzamos por los caminos vamos viendo a lo lejos nuestro destino. Algunos reflejos entre los árboles nos hacen intuir que hoy encontraremos allí arriba más gente que la otra vez. Llegamos hasta el imponente ejemplar de sauce que tanto nos impresiono la otra vez, hoy no será menos. Se yergue majestuoso, como sabiéndose a salvo de todo, quizá él sabe algo que nosotros desconocemos, pero los frecuentes atentados ecológicos de los que nos enteramos día sí y otro también nos hacen estar preocupados por él y por los cada vez menos espacios naturales de los que gozamos, no en vano veníamos hablando de los devastadores incendios que desde hace unas semanas vienen azotando los bosques de la lejana Australia, pero que los amantes de la naturaleza consideramos como nuestros y por tanto nos pertenecen. Seguimos hasta el Ullal de Baldoví. La poca agua en toda la marjal es una constante y aquí también se deja notar el bajo nivel del agua. Idílica postal la de la muntanyeta del Sants justo frente a nosotros.
Por detrás las consabidas serres de Les Rabosses y Corbera. Poco después empieza la subida. La encaramos por la parte de atrás para llegar arriba y encontrarnos con una pequeña multitud de personas asintiendo a una boda. Ni nuestra vestimenta es la más apropiada para tal evento ni la multitudinaria compañía lo mejor para nuestra forma de disfrutar de un merecido descanso.
Así que tras una foto conmemorativa, bajamos a la zona de picnic de la parte de abajo de la montaña y nos acomodamos en los bancos para comer con el plácido sol de mediados de febrero en la espalda o en la cara, según la posición. Plácida y agradable conversación para amenizar la comida entre bromas, chanzas y chascarrillos, en fin, que ha habido tiempo para todo. Alargamos la sobremesa todo lo que podemos conscientes que esto no se puede demorar mucho más. Los más de 50 kilómetros que sabemos nos esperan, no se irán a ningún sitio hasta vernos pasar por todos y cada uno de ellos. Ya llevamos una ruta completa en las piernas y nos espera otra. No tememos el desnivel, que no lo hay, ni a los kilómetros que sin desnivel son más o menos llevaderos. Pero las casi tres horas que nos quedan encima de la bici mas las que ya llevamos nos van a dejar el culito como bebedero de patos.
Es ahora cuando nos acordamos con nostalgia de aquellos sillines talla “King size” que vimos en la tienda de bicis hace unas semanas. La misma tienda que después de una reparación de rutina nos ha creado el problema del cambio tras revisarlo una segunda vez. Sigue nuestra infructuosa búsqueda de un mecánico verdaderamente competente. ¿Hay alguien ahí?

Regresamos por el mismo camino sin más incidentes que las continuas alusiones a nuestras posaderas. Vamos muy bien de piernas y de fuelle pero el estrecho sillín se hace notar en las partes blandas y claro, continuamente nos levantamos del sillín para dejar respirar las posaderas. Seguimos a buen ritmo durante todo el trayecto y los kilómetros van cayendo a ritmo constante.

Cada vez más cerca de la base, ya hemos plantado entre bromas y risas la semilla de un nuevo reto: llegar hasta Cullera desde Manises. Por lo que ha hoy respecta ya es suficiente. Estamos deseosos de calzarnos una cerveza para reponer el preciado líquido que hemos perdido en el camino. En la puerta de casa el cuentakilómetros nos dará los datos: 108,3km con una media de 18,3 Km./h.; esta era la media que marcábamos en nuestra ruta a la playa hace solo un par de años con tan solo 42km. de recorrido total en la ruta, para ser más del doble no está nada mal. Satisfechos de nuestra conquista juntamos las manos en un saludo de reconocimiento mutuo por el trabajo aportado. El grupo sigue creciendo.



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sábado, 31 de enero de 2009

Crónica de.... “Un día de lluvia.....”

Y si llueve saldremos a la lluvia, a vaciar el semillero de sonrisas y esperar cosechas…En la silla de parar las prisas, tanto correr, tanto asentir, tanto quemarse…Bajo nosotros tejidos los momentos que manan de la calma lo único que cuenta. LETRA DE LA CANCION SALDREMOS A LA LLUVIA -MANOLO GARCIA -

........... -Ring, ring... ¿digame ? Kike, que mañana a primera hora, cuando salgamos, puede ser que esté chispeando, pero al poco parará, igual está así toda la mañana; ahora chispea ahora para, y hacia medio día la tendencia es a que se aclare un poco, de todas formas como llevamos chubasquero votamos por salir, ¿estamos?- .......

Este es el extracto más o menos fiel de la conversación con Luis el viernes por la noche.

Sábado, siete y pico de la mañana: En Vilamarxant cae en 15 minutos un chaparrón que deja los caminos tan encharcados que en condiciones normales de cordura el asunto estaba claro, pero por esta misma razón la semana pasada también hubiéramos salido ( aunque los vientos casi huracanados que estuvimos padeciendo toda la noche, desaconsejaban la temeridad de salir, y por una vez así lo hicimos... ), así que esta semana algunos más que otros están cardiacos por darle al pedal. El ambiente está saturado de agua y las nubes no ensayan ningún tipo de retirada. Llamo para confirmar y vaya si confirmo, que se sale y punto; que viene a ser lo mismo que “ nos vamos a mojar si o si y punto en boca ”.
Así que salimos. Los primeros kilómetros sin lluvia. Parece que estos mamones van a acertar e igual nos libramos de la lluvia. Bajamos al río por el camino del merendero de toda la vida. El camino del Parc Natural del Turia es una perfecta autopista libre de charcos y barro, perfecto. El miedo a la lluvia, el mismo al que nosotros le hemos dado esquinazo, parece haber hecho mella en los demás, pues no encontramos ni un alma biker en lo que llevamos recorrido.
Los paisajes, desdibujados por la niebla y el entorno pesado y espeso de la bruma, muestran un aura invernal un tanto lenta y fantasmagórica que lo envuelve todo. Pero como estaba previsto nos dura poco la alegría, pues entre Masía de Traver y Riba Roja nos tenemos que poner los chubasqueros ante la insistencia de las pequeñas gotas que desde hace un rato nos acompañan. El último tramo del camino abierto en Riba Roja, esconde entre las riberas del río el lugar de descanso de las garzas reales; una de ellas asustada ante nuestra presencia, inicia un vuelo rasante remontando el río, sin elevarse demasiado para no salir de la protección del cañaveral. La colosal envergadura del ave con las alas extendidas es una imagen soberbia, que por sí sola ya merece estar mojándonos. Como premio, no será la última vez que la veamos hoy.
Ya en Benaguacil y mientras pensamos sobre la marcha un lugar a cubierto para almorzar, ya estamos tan empapados que nos da igual todo menos que se moje la cerveza y el bocata. Las posibles soluciones que encontramos no son del todo de nuestro agrado así que seguimos con el plan previsto y almorzaremos en Santa Bárbara.
Llegados al lugar la estampa es de foto, pero “la Nikoleta” se niega en redondo a salir de su cálida e inpermeable funda en previsión de no pillar una “electroneumonía” que apague sus chips para siempre, así que sentados en los bancos de madera que rezuman agua por doquier e intentando cubrir el bocata con el cuerpo, miramos las gotas que se estrellan contra el suelo mientras algunos nos preguntamos, con una pequeña mueca de asombro en la cara: " que puñetas estamos haciendo aquí bajo la lluvia en pleno invierno"..... . Misterios de la vida. Pero el caso es que aquí estamos mirándonos las caras y sonriendo, sabedores de que esta, es otra de esas "chaladuras" que nos dan de vez en cuando y que se acaban convirtiendo en axiomas de la identidad del grupo.

Elevamos el interés de la conversación para olvidarnos por un momento de la lluvia con los proyectos para el próximo viaje de fin de semana del 2009. Las tres alternativas sugeridas tienen su encanto y todas nos llenan de ilusión. Las estudiaremos “en seco” a fin de pulirlas y ya decidiremos. Apresurándonos en almorzar, ante la amenaza de un fuerte aguado de la cerveza, nos tomamos el café calentito a la carrera y nos enfundamos de nuevo los empapados guantes. Partimos pues con más prisa que otras veces, ya que estamos empezando a enfriarnos y necesitamos urgentemente un aporte de calor. Eso no será en los próximos minutos pues, vamos a iniciar el descenso por el calvario y eso no requiere gasto de energías. Tiramos para abajo con un chirriar de frenos que tememos despierte a toda Lliria. El vía crucis llega a su fin y enfilamos para arriba la pequeña cuesta que nos separa del camino de Vilamarxant que nos llevará en bajada libre hasta el carril bici, junto al almacén de cebollas. Bajada trepidante, más aún teniendo en cuenta que no vemos casi nada. La lluvia golpea fuerte nuestros rostros provocando una extraña sensación Las gotas acumuladas en el cristal de las gafas multiplican todo por infinito y de ese modo no hay forma de ver nada con claridad. Además, la rueda delantera escupe tanta agua hacia arriba que esta penetra por encima de las gafas y nos hace cerrar los ojos en más de una ocasión, así que vamos cerrando uno y abriendo el otro de forma alternativa para intentar sacar el agua del campo de visión. Las gotas también atacan de pleno a la nariz, por lo que tenemos que respirar por la boca. Normal que hoy casi no hayamos gastado el agua de la "camel back". Por su parte la rueda trasera despide al igual que la delantera tanta agua, que nos moja toda la espalda hasta donde ésta pierde su casto nombre, por no hablar de los pies, que a estas alturas parecen haber estado metidos en cubos de agua y hacen ese "chof-chof" particular que produce una sensación un tanto inquietante. Llegamos abajo entre risas nerviosas de satisfacción por lo novedoso de esta bajada pasada por agua. Estamos en ese límite de pensar que ya da todo igual, que hasta llegar a casa la cosa ya no tiene solución, por lo que nos prestamos a pedalear y meternos por los charcos sin ninguna intención de esquivarlos, ¡¡ para que !!.

La bajada por el polígono de Benaguacil nos hará rebozarnos de agua turbia procedente de las granjas que hay en la zona. El desagradable olor y el color del líquido elemento nos da una idea de lo que tiene que llevar, pero ya es tarde para intentar frenar y no salpicarse con ese brebaje, toca acelerar y pasar lo antes posible este tramo, y eso si, cerrar la boca a cal y canto. Hoy no pasaremos por delante del monasterio Cisterciense, en cambio iremos recto para bajar hacia el río y buscar una alternativa a ese camino que siempre nos trae polvo o como hoy, barro a punta de pala, y en el mejor de los casos un fuerte olor a granja. Bajamos primero por asfalto y luego por camino de tierra y piedras hasta el camino del Parc Fluvial, ya estamos en el camino de casa.
Volvemos a “pedal marcial”, dándole caña; cualquiera diría que tenemos prisa. Al llegar a casa estamos tan sucios de barro y las bicis tan llenas de tierra que es imprescindible una ducha de ambos. Así que sacamos la manguera y primero la bici y luego nosotros, pasamos por el ritual purificante del agua potable. Ducha en medio de la calle, risas y más risas que no dejan de sorprender a los atónitos transeúntes que, a cubierto del frío y de la lluvia nos ven desde los pocos coches que pasan por la vía.

En definitiva, la de hoy ha sido una nueva experiencia que nos ha enseñado aquello de que una vez te liberas del inconveniente de ir mojado, empiezas a disfrutar de una manera distinta el mundo del pedal, es como un desapego, una rebelión al orden establecido, una manera de romper moldes y salir a la naturaleza salvaje sean cuales sean las condiciones ambientales, dentro de un orden de seguridad, claro está. Si me dan a elegir, prefiero esos días perfectos de tiempo en calma y que no llueva, pero puestos a no salir, gritare siempre aquello de "a mi la lluvia". En resumen y como alguien querido nos hubiese dicho años atrás.....”esteu locos”.

Track en Rutes de Roda i Pedal